Anacrónico
Quienes entran en política
están expuestos a crítica, pero ésta, como toda conducta humana,
debe mantenerse dentro de los límites y parámetros de la urbanidad
y el respeto
Marco Julio de Obaldía M.
Bien ha hecho la naturaleza dado que somos
mortales. Debido a mis muchos años estoy entrando más y más en otro
recinto, viendo y percibiendo cosas y sensaciones ignoradas e insospechadas
por los jóvenes que constituyen la mayoría.
(Escribo estas líneas el 2 de septiembre;
ayer la Asamblea escogió a su grupo dirigente durante los próximos
12 meses).
En Panamá, y supongo que en muchísimos otros
países, se aprieta el botón pánico por razón de la desintegración
familiar; una de las consecuencias de ello es el deterioro marcado
en la educación doméstica.
¿Qué educación doméstica pueden proporcionar
un padre y una madre? Nadie puede dar aquello de lo cual carece
y la educación doméstica casi siempre está circunscrita a principios
morales y éticos que, a su vez, vienen, diluidos quizá, de los antepasados;
algunos privilegiados pueden extender la educación doméstica a temas
culturales y, más importante aún, “predicar con el ejemplo”.
En mi infancia, en casa nos enseñaban unos
versitos que decían así: “¿Cuánto me quieres tú a mí?”. “Me pregunta
mi papá, y yo le contesto: “así” (abriendo los brazos), “pero más
a mi mamá”. Desde mi infancia considero como auto de fe, aprendido
en la cuna, que la mujer es superior al hombre (después de todo
es modelo más nuevo). Posteriormente, ya en el Instituto Nacional,
leí El alcalde de Zalamea de Calderón de la Barca y (no lo recuerdo
con exactitud) hay un diálogo entre Pedro Crespo y su hijo Juan,
el padre da consejos al hijo y dice: “No hables mal de las mujeres;
la más humilde, te digo, es digna de admiración porque, al fin,
de ellas venimos”. Entonces, qué educación doméstica pude brindar
a mis seis hijos sino esta misma?
Afortunadamente no escucho la radio y veo
muy poco la televisión, sí leo algo y al hacerlo, siento que cada
vez entro más y más en otro recinto agradable, por cierto. Pero
ayer, escuchando esporádicamente a los “honorables padres de la
patria”, sentí un impulso hacia dentro de mi recinto de antigüedades
y recuerdos, hacia mi refugio.
Fue la última gota, pues ya el balde estaba
lleno. ¿Cómo es posible que “padres de la patria”, en su más alto
recinto, ante el Cuerpo Diplomático representando a naciones amigas
y ante el país entero, usen epítetos como los que lanzaron para
ofender a una dama? No quisiera pensar que es ésta su forma de “predicar
con el ejemplo”.
No conozco personalmente a la dama en cuestión,
como tampoco tengo amistad con la mayoría de otras damas políticas,
incluyendo a la presidenta de la República, damas que solamente
por serlo, “son dignas de admiración” según nos dice Calderón de
la Barca, pero este hecho no altera en nada la sensación de disgusto
y cierta vergüenza que, como panameño, sentí y que sé que tiene
sus orígenes en mi anacronismo.
Es obvio que quienes entran en política están
expuestos a crítica, pero ésta, como toda conducta humana, debe
mantenerse dentro de los límites y parámetros de la urbanidad y
el respeto mutuo si es que deseamos ser considerados como un país
civilizado.
Recuerdo que durante la dictadura fungía
una dama, Margaret Thatcher, como primera ministra del Reino Unido
y, motivado por la guerra de las Malvinas, nuestro representante
ante las Naciones Unidas utilizó contra ella una frase ofensiva
y poco feliz que requirió ser aclarada diplomáticamente. Nadie puede
decir que la “Dama de Hierro” no afrontaba críticas durísimas dentro
y fuera de su país, pero se trataba de una dama y debía ser tratada
como tal, sobre todo en un foro semejante.
Al analizar el ejemplo dado el 1 de septiembre
por los honorables legisladores, me pregunto: ¿podrán mis hijos
educar a los suyos utilizando los mismos principios que yo una vez
les inculqué?
El autor es ingeniero y profesor jubilado
Además en opinión
• Sam...el hermano:
I. Roberto Eisenmann, Jr. •
Anacrónico: Marco Julio de Obaldía M.
• El
instinto salvaje de un agresor: Geraldine Emiliani S.
• Fuero de maternidad
ante inmunidad de PROIGUALDAD: Viviana Solís Acevedo
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