Sam...el hermano
El hermano Sam nunca
dejó de pensarnos. Enviaba cartas, poesías inspiradoras, piezas
musicales cuya letra nos brindaba calor humano y esperanza
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Acabo de recibir la impactante noticia de
la partida de Sam Levy...mi hermano Sam.
No sé realmente cuándo se inició nuestra
amistad; fue hace muchos años. Lo único que sé es que en todo momento
de grave crisis en nuestra Nación, Sam siempre estaba en el frente
de lucha...arriesgándolo todo. Era un judío de sangre brava que
sentía profundamente sus panameñidad raizal.
También sé que en cada momento de crisis
familiar grave, Sam siempre estaba allí ofreciendo su todo. Durante
la crisis de nuestro primer arresto y exilio, fue uno de los que
tomó el avión y, arriesgándose a la ira de los gorilas, apareció
en Guayaquil junto con Cholo Guardia a darnos un abrazo fraterno
de solidaridad, a decirnos que nuestro sacrificio no sería en vano...y
a aliviarnos la carga emocional haciendo uso de su rosario de cuentos
de humor.
Fueron pasando los meses...y años del duro
exilio, y para muchos ya éramos tan solo un recuerdo del pasado
que preferían no recordar. Pero el hermano Sam nunca dejó de pensarnos.
Enviaba cartas, poesías inspiradoras, piezas musicales cuya letra
nos brindaba calor humano y esperanza.
La nuestra era una hermandad de las que hacen
que la vida de lucha que librábamos por la institucionalidad democrática,
se convirtiera en una experiencia humana maravillosa. Tacitus dijo
una vez algo que describe cómo nació nuestra hermandad: “luchando
contra la adversidad se logra la felicidad, mientras que otros,
cómodos y apáticos, viven en la miseria”.
Sam nació en Colón y se levantó de la nada.
Comenzó como operador de telégrafo y llegó a convertirse en el más
respetado agente y promotor de bienes raíces de la República. Una
enorme cantidad de los grandes proyectos de Panamá nacieron del
creativo cerebro de Sam Levy. Llegó a presidir los más prestigiosos
gremios empresariales del país con valentía y eficacia, produciendo
el respeto de toda la comunidad. Fue a su vez maestro de una legión
de nuevos empresarios en el ámbito de bienes raíces.
Sam escogió crearse una vida, en vez de simplemente
ganarse la vida. Sam siempre pensó en su país como posibilidad...como
proyecto... Y mucho logró –ladrillo a ladrillo– para la construcción
de la Nación libre, vigorosa y justa que quería.
Sam sufrió de muchas enfermedades en los
últimos años de su vida, lo que lo forzó a un semirretiro, pero
a cada rato desde su lecho de enfermo me llamaba por teléfono. Mi
primera pregunta al oír su voz era “¿cómo te sientes hoy, Sam?”...y
siempre respondía: “ni preguntes, porque si te cuento mis males
vas a llorar; pero Bobby, ¿te sabes el cuento de...?” ...y pasaba,
con el humor de siempre, a contarme un chiste de nuevo cuño que
me provocaba una vigorosa carcajada y entonces: “Ok, Chat. Saludos
a Maruja; hasta que tenga otro cuento mejor”.
Eso era el hermano Sam. Sufriendo un calvario
tenía como propósito aliviar a sus amigos con su buen humor.
Por eso sé que Sam, liberado de los males
del cuerpo terrenal, debe estar –como siempre– sonriendo.
A su familia y sus hermanos que estamos sufriendo
su ausencia terrenal, nos debe estar diciendo: “celebren mi vida,
pues quiero que mi vida sea mi mensaje”.
El autor es presidente de la Fundación para
el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
Además en opinión
• Sam...el hermano:
I. Roberto Eisenmann, Jr. •
Anacrónico: Marco Julio de Obaldía M.
• El
instinto salvaje de un agresor: Geraldine Emiliani S.
• Fuero de maternidad
ante inmunidad de PROIGUALDAD: Viviana Solís Acevedo
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