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La ley del silencio o que cante
el gallo
Un trabajador recibe un pago por la
realización de una tarea; no por el silencio al cual muchas
veces se ve obligado a someterse.
HERASTO REYES
hreyes@prensa.com
Se
ha dado una ola de cartas anónimas que dan cuenta de hechos
y situaciones, perfectamente verificables; pero que por esa circunstancia,
la de ser anónimas, no son publicadas.
Algunas son errores u olvidos, en esos casos
tan pronto como se notifica al remitente (si es posible hacerlo),
éste enmienda el error y se publica la carta.
Otro caso, que es grave, es aquel de las personas
que escriben en forma anónima porque si no los botan de su
trabajo. Sobre todo si laboran para el gobierno o para alguna empresa
privada grande.
La presión que se ejerce sobre estos
empleados (públicos o privados) los lleva a una autocensura
inconcebible e injustificable en estos tiempos del siglo XXI.
Un ejemplo: Mi anonimato simplemente
obedece a que, como es bien sabido, en nuestro medio se manipula
todo, y nadie sabe cuándo dices o haces algo que a alguien
no le gusta, y resulta que este alguien tiene alguna relación
con las personas para quienes trabajamos y por ende quedas en la
calle en menos de lo que canta un gallo. Esa es la triste realidad
de nuestro país y es una de las mayores causas de que los
ciudadanos decentes tengamos que aguantar todo callados.
Perder el derecho de la palabra y someterse
a la ley del silencio, o esconderse en su propio pensamiento, tiene
su equivalente en la pérdida de la dignidad por la imposición
de jefes y patrones.
Las necesidades del hombre son tanto físicas
como culturales. Si un joven padre de familia logra conseguir un
trabajo de donde obtiene el salario con el cual alimentar a sus
hijos, es muy difícil que no se aplique autocensura con tal
de conservar esos realitos.
Si llega a su casa sin haber dicho nada ni
siquiera lo notarán; pero si llega a su casa sin el trabajo,
en estos tiempos de desempleo, arderá Troya.
Aclaran glosa sobre un taller
en Chanis
19 de agosto del 2002
En el diario La Prensa, del 15 de agosto del
2002, apareció publicada una glosa titulada Taller
clandestino, cuyo tenor es el siguiente:
Camilo Baruco, residente de urbanización
Chanis, elevó una queja ante Carlos Rodríguez, director
del Sistema Regional de Salud Metropolitana, debido a la existencia
de un taller de mecánica y chapistería que opera en
calle U, No. 6 de Chanis, sin los permisos sanitarios reglamentarios.
Los residentes de la urbanización, quienes preparan una demanda,
dijeron que recurrirán a todas las instancias de justicia
hasta hacer valer sus derechos, que hoy les son negados por las
autoridades de Salud.
En torno a la misma, me permito hacer algunas
aclaraciones necesarias: en realidad el señor Octavio Camilo
Baruco, interpuso una queja ante el Policentro de Salud de Parque
Lefevre, que resolvió el caso mediante resolución
No. 3 del 16 de noviembre del 2001; esta instancia, el Sistema Regional
de Salud Metropolitana, conoció del caso en apelación,
ya que el señor Baruco no estuvo conforme con el fallo en
primera instancia del Policentro de Salud de Parque Lefevre; a objeto
de dar el fallo lo más apegado a la verdad y a la justicia,
ordenamos una inspección, en la cual participé personalmente,
en compañía de mis asesores legales y técnicos;
luego de las investigaciones de rigor, en las que las partes gozaron
de todas las garantías procesales, el despacho resolvió
el recurso de apelación interpuesto por Octavio Camilo Baruco,
mediante resolución No. 17 del 19 de febrero del 2002, que
permite colegir que la fuente que generó la glosa que nos
ocupa es irresponsable y temeraria.
Carlos V. Rodríguez H. (Médico
director del Sistema Regional de Salud Metropolitana).
Sobre noviazgo de mujeres indígenas
2 de septiembre
Quienes escriben sobre asuntos indígenas
deberían saber, ante todo, que las culturas son realidades
vivas, complejas y dialécticas. Y ante una realidad dinámica,
al oficioso indiólogo no le queda otra salida
que una actualización constante y una ardua documentación
en el campo.
Sin embargo, muchos tal vez por pereza
intelectual optan por la comodidad de reproducir creencias
ordinarias sin acudir a la comprobación.
Este es el caso de Nelson Flores quien el 16
de agosto de 2002, publicó en el suplemento Ellas de La Prensa
Mujeres indígenas desean escoger novios.
Al principio, creíamos que se trataba
de los resultados de alguna encuesta. Sin embargo, su contenido
nos reveló que no era más que una acumulación
de las más torpes adivinaciones sobre la vida indígena.
No es que queramos desconocer los reclamos
de las mujeres indígenas, pero hubiera sido más auténtico
y verídico si el señor Flores comprobara sus especulaciones
con entrevistas personales u observaciones de campo.
Contrario a lo que propone el señor
Flores (para él hay que liberar a la mujer indígena
de un pasado inhumano), nosotros pensamos que al que
hay que liberar es al hombre (cualquiera que sea su etnia) de su
egolatría, ese cáncer que impide relaciones sanas
y duraderas entre las parejas.
Por otro lado, es curioso que el señor
Flores no se haya detenido a considerar que la mujer indígena
es doblemente discriminada en la sociedad nacional: primero por
su condición de mujer y segundo por ser indígena.
Harmodio Vivar Icaza (de la
Secretaría de Prensa, Congreso General Kuna).
En el reino de los corruptos
28 de agosto del 2002
Los actos de corrupción que se han desatado
en distintas dependencias del Gobierno y del mismo Ejecutivo, y
que son de conocimiento público, nos han dejado un sabor
amargo, pero tenemos la esperanza aún de que los que hayan
delinquido sean castigados con todo el peso de la ley.
La corrupción existente es un insulto
para todos los panameños, especialmente para los pobres que
no tienen nada que comer; sin embargo, los que cometen estos ilícitos
en perjuicio de los demás, no tienen ley ni castigo. Estos
corruptos aparecen en la televisión y en las primeras planas
de los periódicos en saco y corbata, dando declaraciones
que nadie y ni siquiera sus familiares las creen.
Instamos a las autoridades competentes a que
actúen, que no dejen nada inconcluso, que lleguen hasta el
final de las investigaciones y le den al pueblo panameño
un resultado de lo actuado y con las debidas sanciones. Así
el pueblo panameño volverá a tener confianza en la
justicia.
Carlos Barragán Solís
(Periodista).
En defensa de los estudiantes de hoy
23 de agosto del 2002
Es muy fácil criticar y señalar
en estos momentos la actitud de algunos estudiantes y de la juventud
en general, en estas nuevas generaciones que se levantan en medio
de una grave crisis económica, política, social y
de valores.
A través de distintas formas en los
medios de comunicación se golpea fuertemente, señalando
cómo estos inducen sus métodos de protesta para exigir
sus propias demandas o reivindicaciones materiales, dentro del contexto
estudiantil, dirigidas a quienes supuestamente tienen el deber de
garantizar mejores días de vida en nuestro país, ya
sea por el compromiso que adquirieron durante su campaña
política en el periodo electoral que cada cinco años
se celebra, y donde muchos ciudadanos con fe esperan ver un futuro
de bienestar y progreso.
No es sorprendente en el presente encontrarnos
con algunas personas con esta actitud, conociendo que en nuestro
entorno, para que algún gobierno sordo, mudo y ciego, pueda
cumplir con sus promesas o deje de cometer injusticias, hay que
realizar acciones en las calles, situación que no se registra
solo en Panamá. En los últimos días nos pudimos
percatar de la situación en Uruguay, Paraguay, México,
Costa Rica, Argentina y Perú, actividad que no surge ahora,
que trasciende desde tiempos pasados.
Estas mismas personas, como otras que ahora
critican en la actualidad, jugaron su papel protagónico como
dirigentes estudiantiles o como simples espectadores
en su época, pero hoy los observamos cuando hablan y se oponen
a estos métodos, ignorando la utilización de estas
mismas prácticas durante su época. Ningún
cura se acuerda cuando era sacristán, reza el dicho
popular. Por suerte no son todos. Lo más aberrante de esto
es que las críticas vengan de personas que luego de ser supuestos
líderes juveniles o estudiantiles,
en una forma inmoral contribuyeron con un régimen corrupto,
torturador y asesino.
Sólo se acuerdan de algunas de sus primeras
hazañas, pero casi siempre dan un salto en su historia biográfica,
para esquivar su responsabilidad durante este periodo de tiempo
que muchos escritores poco cuentan.
La juventud en estos momentos no se puede organizar
o no le permiten tener esa oportunidad ni siquiera para intentar
discutir los problemas nacionales. ¿No será que hay
intenciones reales para que esto ocurra?
Cada día que transcurre me hago estas
y tantas otras interrogantes. ¿Qué han hecho o qué
hacen los adultos de hoy para que la juventud cambie? Esta pregunta
puede ser necia, pero la considero necesaria, ya que si la respondo
indicará que nada, esto, a su vez, contesta a
Adolfo Ahumada, por la crítica que realiza en su escrito
intitulado: La cuestión estudiantil, columna
que apareció en este mismo espacio el día 11 de julio
del 2002.
También contesto a Jaime A. Porcell
Alemán, al tener la oportunidad de leer su escrito lacerante
contra la juventud de hoy. Al parecer sufren de amnesia, olvidando
que pasaron por ser jóvenes, tal vez por no entender sus
ideales. Puedo indicar algunas situaciones que vivieron ellos y
que no se atreven a divulgar, quizás por vergüenza,
pero que hay que recordarles algunas de ellas. ¿Por qué
el Partido del Pueblo (PP) no quiso participar en las acciones por
la soberanía nacional en enero de1964 junto al pueblo? Usted,
señor Porcell, pertenece al PP. Tal vez por esa razón
arremete contra la juventud, esos son los esquemas negativos que
quisieran imponerse con el objetivo de deformar toda una cultura
que debe ser ejemplo para las nuevas generaciones, hoy vemos cómo
lo hacen contra los estudiantes institutores, donde el autoritarismo
es la fuerza para acallar las voces de protestas.
Abrá que revisar la historia, allí
nos daremos cuenta del por qué se registran los conflictos
que se reflejan hoy día en las calles y los colegios del
país.
Alexis De León (Estudiante
graduando de periodismo).
Turismo no impacta en Penonomé
3 de septiembre
Para que el turismo impacte en Penonomé
será necesario que se elabore un plan estratégico
donde participen todos los interesados en este negocio.
Una regla general del mercado es que tú
debes vender lo que el cliente quiere comprar, y yo estoy seguro
de que la gente no compra es por que no hay nada atractivo que venderle.
Ese turista que llega a Decameron tiene dos cosas importantes: a)
plata y b) quiere llevar algo de Panamá. Lo que
hace falta es el producto.
Es por eso que debe de haber una estrategia
para captar ese mercado incipiente, pero que puede ser muy grande
y fundamental para Penonomé. Particularmente, creo que hay
mucho que ofrecer, solo que hay que descubrirlo.
Generoso Pérez (Economista)
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