Panamá, 30 de agosto de 2002
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El parto del sonido RCM

El canal presenta a una audiencia informada, los temas en qué pensar, pero con menos frecuencia le induce el cómo pensar

Jaime A. Porcell Alemán
japorcell@yahoo.com.mx

No sin dolor, RCM viene alumbrando una voz única y de tesitura convocadora: la de un orientador selectivo. Mas éste insiste en mantenerse constreñido a “el canal de las noticias”, y en negar su vocación de alcanzar audiencias selectas.

Televisión es un negocio en el que hay que bailar y sonar al gusto de una sola audiencia. En plena recesión publicitaria, Canal 21, con una programación que enfatiza en periodismo de opinión, demuestra que con sólo dos años, ya sabe bailar. Ahora requiere ubicar sonido.

Los canales comerciales tradicionales informan y divierten. RCM supo diferenciarse y competir en la vertiente que los otros menosprecian: orientar. Pero al resaltar que es “el canal de las noticias”, queda como otro más que informa, mientras que aún no da con ese sonido único que proyecte su real identidad.

RCM genera identificación, probablemente la más fuerte entre todos los canales. Demuestra que una programación enjundiosa obtiene lealtad de quienes reclaman profundidad. Te llama la atención cómo la audiencia menciona horarios y conductores, mientras declara “yo siempre los escucho”.

Algunos dudaron que la típica coreografía de programa radial, que incorpora políticos comentaristas, luciera en televisión. Pero el canal conecta al ritmo de su pantalla a líderes y otros que gustan de opinión. Estos no lucen incómodos con su menor sofisticación tecnológica. Y estos, antes que agotarse en la mera recepción pasiva del mensaje, lo discuten, digieren y difunden.

Por la misma característica, llamémosle inteligente, de la audiencia, RCM incide sobre un público que, no es raro, venga siguiendo el tema tratado y ya disponga de previa opinión. El canal presenta a una audiencia informada, los temas en qué pensar, pero con menos frecuencia le induce el cómo pensar. Y con su política de presentar distintas versiones, comprende que su pareja de baile: los televidentes, exige profundidad.

Encuentra sonido cada vez que aplica creatividad para hacer la diferencia. Así, durante Francia 2002, presenta a unos “dueños del balón” quienes explican el partido que minutos antes veíamos en RPC. Allí sintonizó con su “audiencia inteligente”. No pocos aprendimos más estrategia de fútbol que en toda nuestra vida anterior. Al abocarse a explicar fundamentos del juego, RCM aplica originalidad. Otra vez vocaliza el sonido de un canal cuya ventaja competitiva está en, primero comprender, para luego analizar en cámara y emitir juicios expertos. Orientar le llaman.

Por su parte, Medcom huele la convocatoria del estilo RCM. Apuntalan al mañanero “Debate Abierto” en RPC Televisión, contra “Parámetro Informativo”, en una confrontación legítima donde ganamos los televidentes. Y aunque aquél incluye más recursos en la producción, replica el idéntico ballet radial que impuso el modesto pero ingenioso canal.

Mas un medio debe escoger entre dos audiencias, masiva o selectiva. Programas de opinión como los que copan Canal 21, emparejan con una audiencia selecta. Mas no serán muchos los que sintonizan, pero toman decisiones, mientras influyen sobre otros difundiendo actitudes, preferencias e intereses.

Dado que la poderosa Medcom logra masas con su programación, la concentración de RCM en una audiencia selecta y profunda resultaría más que justificada. El grupo de líderes influyentes que alcanza éste despierta interés entre quienes comprenden su alta efectividad para propagar ideas. Pero en la presión por vender un canal masivo, duele verlo despreciar una genuina vocación selectiva, y soñar que dispone de grandes audiencias. Insiste así en medir fuerzas precisamente en la fortaleza de la competencia, léase el millón de buscadores de diversión que pone Medcom a la hora de novelas y películas.

Mucho más que la información noticiosa, el sonido RCM radica en la profundidad. Esta no riñe con programas revista, estilo “Entre Socias”. Dada la propia enjundia de la décima, del tamborito, de la comida típica, de las patronales, tampoco resulta ajena a la expresión folclórica que difunde “Con Sabor Interiorano”. Y si mañana programara uno de boleros o de boxeo, requerirá de quien entienda, para que pueda aplicar el sonido profundo.

El autor es investigador de mercado

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