El parto del sonido RCM
El canal presenta a una
audiencia informada, los temas en qué pensar, pero con menos frecuencia
le induce el cómo pensar
Jaime A. Porcell Alemán
japorcell@yahoo.com.mx
No sin dolor, RCM viene alumbrando una voz
única y de tesitura convocadora: la de un orientador selectivo.
Mas éste insiste en mantenerse constreñido a “el canal de las noticias”,
y en negar su vocación de alcanzar audiencias selectas.
Televisión es un negocio en el que hay que
bailar y sonar al gusto de una sola audiencia. En plena recesión
publicitaria, Canal 21, con una programación que enfatiza en periodismo
de opinión, demuestra que con sólo dos años, ya sabe bailar. Ahora
requiere ubicar sonido.
Los canales comerciales tradicionales informan
y divierten. RCM supo diferenciarse y competir en la vertiente que
los otros menosprecian: orientar. Pero al resaltar que es “el canal
de las noticias”, queda como otro más que informa, mientras que
aún no da con ese sonido único que proyecte su real identidad.
RCM genera identificación, probablemente
la más fuerte entre todos los canales. Demuestra que una programación
enjundiosa obtiene lealtad de quienes reclaman profundidad. Te llama
la atención cómo la audiencia menciona horarios y conductores, mientras
declara “yo siempre los escucho”.
Algunos dudaron que la típica coreografía
de programa radial, que incorpora políticos comentaristas, luciera
en televisión. Pero el canal conecta al ritmo de su pantalla a líderes
y otros que gustan de opinión. Estos no lucen incómodos con su menor
sofisticación tecnológica. Y estos, antes que agotarse en la mera
recepción pasiva del mensaje, lo discuten, digieren y difunden.
Por la misma característica, llamémosle inteligente,
de la audiencia, RCM incide sobre un público que, no es raro, venga
siguiendo el tema tratado y ya disponga de previa opinión. El canal
presenta a una audiencia informada, los temas en qué pensar, pero
con menos frecuencia le induce el cómo pensar. Y con su política
de presentar distintas versiones, comprende que su pareja de baile:
los televidentes, exige profundidad.
Encuentra sonido cada vez que aplica creatividad
para hacer la diferencia. Así, durante Francia 2002, presenta a
unos “dueños del balón” quienes explican el partido que minutos
antes veíamos en RPC. Allí sintonizó con su “audiencia inteligente”.
No pocos aprendimos más estrategia de fútbol que en toda nuestra
vida anterior. Al abocarse a explicar fundamentos del juego, RCM
aplica originalidad. Otra vez vocaliza el sonido de un canal cuya
ventaja competitiva está en, primero comprender, para luego analizar
en cámara y emitir juicios expertos. Orientar le llaman.
Por su parte, Medcom huele la convocatoria
del estilo RCM. Apuntalan al mañanero “Debate Abierto” en RPC Televisión,
contra “Parámetro Informativo”, en una confrontación legítima donde
ganamos los televidentes. Y aunque aquél incluye más recursos en
la producción, replica el idéntico ballet radial que impuso el modesto
pero ingenioso canal.
Mas un medio debe escoger entre dos audiencias,
masiva o selectiva. Programas de opinión como los que copan Canal
21, emparejan con una audiencia selecta. Mas no serán muchos los
que sintonizan, pero toman decisiones, mientras influyen sobre otros
difundiendo actitudes, preferencias e intereses.
Dado que la poderosa Medcom logra masas con
su programación, la concentración de RCM en una audiencia selecta
y profunda resultaría más que justificada. El grupo de líderes influyentes
que alcanza éste despierta interés entre quienes comprenden su alta
efectividad para propagar ideas. Pero en la presión por vender un
canal masivo, duele verlo despreciar una genuina vocación selectiva,
y soñar que dispone de grandes audiencias. Insiste así en medir
fuerzas precisamente en la fortaleza de la competencia, léase el
millón de buscadores de diversión que pone Medcom a la hora de novelas
y películas.
Mucho más que la información noticiosa, el
sonido RCM radica en la profundidad. Esta no riñe con programas
revista, estilo “Entre Socias”. Dada la propia enjundia de la décima,
del tamborito, de la comida típica, de las patronales, tampoco resulta
ajena a la expresión folclórica que difunde “Con Sabor Interiorano”.
Y si mañana programara uno de boleros o de boxeo, requerirá de quien
entienda, para que pueda aplicar el sonido profundo.
El autor es investigador de mercado
Además en opinión
• Terrorismo: ¿privatización
de la guerra?: I. Roberto Eisenmann
• El parto del sonido
RCM: Jaime A. Porcell Alemán
• Midiendo la corrupción:
Fernando Berguido
• Un ministerio de
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