El nuevo debate político
No es posible que un
candidato prometa una cosa y que cuando llega al Gobierno haga otra
y su actuación quede impune
Gerardo
Berroa Loo gberroa@prensa.com
Las banderolas
partidistas subieron el asta. La carrera electoral acaba de empezar.
Dos son los posibles contendores que se enfrentarán por el solio
presidencial, cargo que se definirá el 2 de mayo del 2004. Los panameños
han demostrado una vez más su vocación por la prematura contienda
partidista y, sobre todo, por las premisas elementales de ¿quién
va a ganar? y ¿quién lo va a postular?
Si nos remontamos a lo ocurrido en el pasado
torneo electoral, no podemos olvidar que el sustento político de
dos de los candidatos se basó en el peso de las figuras -ya fallecidas-
que fundaron sus respectivos partidos, más que en las virtudes que
ofrecían ellos (los candidatos) para enrumbar este terruño hacia
el desarrollo.
¿Ocurrirá lo mismo en esta contienda? Espero
que no, y es precisa la ocasión para que el tema de la reforma de
todo el sistema político panameño sea el centro del debate; de lo
contrario, si continuamos con el mismo esquema, Panamá retrocederá
aun cuando el siglo avance.
Tampoco es conveniente levantar pasiones
con argumentos sobre lo que no ha hecho el actual gobierno, el pasado
o el anterior; conviene hablar de lo que se va a hacer. Lo pasado
solo merece unas pinceladas, pues, el debate -como bien lo señala
el catedrático Rubén Darío Rodríguez Patiño- debe centrarse en el
estudio de todo el sistema político panameño: la cultura política,
los actores (cuáles son sus capacidades), las instituciones (desde
la Constitución hasta el Código Electotal), la influencia exterior
(los TLC, Plan Puebla-Panamá, el Alca, etc.). También debe revisarse
el sistema de partidos, porque mientras la ley dice que es pluripartidista,
en la práctica es bipartidista.
Es necesario reemplazar el sistema presidencialista
rígido que tenemos, donde impera el patrimonialismo, el clientelismo,
el caciquismo y el populismo, por un sistema que obligue a los gobernantes
a rendir cuentas a la sociedad. No es posible que un candidato prometa
una cosa y cuando llega al Gobierno haga otra y su actuación quede
impune. Tiene que rendir cuentas a la sociedad.
Como bien lo afirmó Rodríguez Patiño en una
reciente conferencia en la Universidad de Panamá, “si la democracia
que alcanzamos después de 1989 es solamente una democracia formal,
limitada a los ritos electorales, si lo político sigue sin representar
lo social y si los gobernantes continúan siendo tan irresponsables
como lo fueron en el pasado autoritario, entonces el tiempo corre
en contra nuestra, sobre todo si insistimos en postergar reformas
institucionales que se hacen imperiosas y que materializadas pueden
precavernos del riesgo de ingobernabilidad del sistema”.
Y como en guerra avisada no mueren soldados,
es imperioso que los candidatos presidenciales se sumen a esta cruzada
por el bien de nuestro país.
El autor es periodista
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