Panamá, 23 de agosto de 2002
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El nuevo debate político

No es posible que un candidato prometa una cosa y que cuando llega al Gobierno haga otra y su actuación quede impune

Gerardo Berroa Loo
gberroa@prensa.com

Las banderolas partidistas subieron el asta. La carrera electoral acaba de empezar. Dos son los posibles contendores que se enfrentarán por el solio presidencial, cargo que se definirá el 2 de mayo del 2004. Los panameños han demostrado una vez más su vocación por la prematura contienda partidista y, sobre todo, por las premisas elementales de ¿quién va a ganar? y ¿quién lo va a postular?

Si nos remontamos a lo ocurrido en el pasado torneo electoral, no podemos olvidar que el sustento político de dos de los candidatos se basó en el peso de las figuras -ya fallecidas- que fundaron sus respectivos partidos, más que en las virtudes que ofrecían ellos (los candidatos) para enrumbar este terruño hacia el desarrollo.

¿Ocurrirá lo mismo en esta contienda? Espero que no, y es precisa la ocasión para que el tema de la reforma de todo el sistema político panameño sea el centro del debate; de lo contrario, si continuamos con el mismo esquema, Panamá retrocederá aun cuando el siglo avance.

Tampoco es conveniente levantar pasiones con argumentos sobre lo que no ha hecho el actual gobierno, el pasado o el anterior; conviene hablar de lo que se va a hacer. Lo pasado solo merece unas pinceladas, pues, el debate -como bien lo señala el catedrático Rubén Darío Rodríguez Patiño- debe centrarse en el estudio de todo el sistema político panameño: la cultura política, los actores (cuáles son sus capacidades), las instituciones (desde la Constitución hasta el Código Electotal), la influencia exterior (los TLC, Plan Puebla-Panamá, el Alca, etc.). También debe revisarse el sistema de partidos, porque mientras la ley dice que es pluripartidista, en la práctica es bipartidista.

Es necesario reemplazar el sistema presidencialista rígido que tenemos, donde impera el patrimonialismo, el clientelismo, el caciquismo y el populismo, por un sistema que obligue a los gobernantes a rendir cuentas a la sociedad. No es posible que un candidato prometa una cosa y cuando llega al Gobierno haga otra y su actuación quede impune. Tiene que rendir cuentas a la sociedad.

Como bien lo afirmó Rodríguez Patiño en una reciente conferencia en la Universidad de Panamá, “si la democracia que alcanzamos después de 1989 es solamente una democracia formal, limitada a los ritos electorales, si lo político sigue sin representar lo social y si los gobernantes continúan siendo tan irresponsables como lo fueron en el pasado autoritario, entonces el tiempo corre en contra nuestra, sobre todo si insistimos en postergar reformas institucionales que se hacen imperiosas y que materializadas pueden precavernos del riesgo de ingobernabilidad del sistema”.

Y como en guerra avisada no mueren soldados, es imperioso que los candidatos presidenciales se sumen a esta cruzada por el bien de nuestro país.

El autor es periodista

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