Panamá, 23 de agosto de 2002
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La idiotización en la política

Sin duda estamos ante la más definitiva idiotización de la política, en la que incluso las pre-pre-pre candidaturas más novedosas se inician junto a figuras requete-chamuscadas y de tradicionalismos idiotas

I. Roberto Eisenmann, Jr.

Ya son demasiados los ejemplos aleccionadores que existen en nuestra América en que los políticos, por resistirse a abrir el sistema a reformas fundamentales, llevan al país a un punto tal de desesperación que producen el hundimiento total de los partidos y de la institucionalización democrática. Allí están los casos de Perú y su “fujimorazo” (liderado por un hombre desconocido meses antes de la elección presidencial) y Venezuela, cuyo vacío político fue llenado -con un masivo voto mayoritario de castigo- por un militar golpista adicto a la verborrea.

Previo a las crisis de estos países hermanos, los mismos sufrieron de lo que solo se puede catalogar como la “idiotización de la política”, ya que sus pueblos clamaban por un alto a la corrupción, por una reforma política hacia la integridad y la eficiencia del Estado para atender sus urgentes necesidades, pero los idiotas políticos de todos los partidos siguieron en su rutina dedicados a la cleptocracia cínica e impune, sin percatarse de que todos... absolutamente todos... estaban con el trasero a la orilla del barranco de su desaparición total. En ambos casos el país, desesperado, optó por cualquier cosa que no fuera “los de siempre”, y terminó en algo peor: desconocidos autócratas que resultaron -peor aún- infinitamente más cleptocráticos.

Cualquiera que haya asistido a la reciente conferencia del juez Garzón sintió el nivel de frustración de la mayoría de los asistentes por la no independencia de la justicia, por la grosera impunidad reinante, por un sistema político corrupto hasta la médula, donde el debate político público parece ser entre ladrones artesanales, ladrones sofisticados y ladrones en aprendizaje... pero en fin, todos ladrones.

¿Dónde quedó -pregunto yo- el diálogo y potencial consenso nacional de un Plan Nacional de Integridad? ¿Dónde quedaron las buenas intenciones para lograr este plan tal cual manifestaron en su momento al PNUD (facilitador dispuesto), Rubén Arosemena, presidente de la Asamblea Legislativa, Adán Arjona, presidente de la Corte Suprema de Justicia, y el Organo Ejecutivo? ¿Dónde quedó la “investigación hasta las últimas consecuencias” prometida por el procurador José Antonio Sossa, al referirse a un acto de corrupción confeso que todos vimos por televisión? ¿Dónde hay un solo preso de saco y corbata, en esas cárceles nuestras abarrotadas de los hijos de Juana y José?

Lo que nos ha dicho más bien es que no hay apuro en atender las recomendaciones de la propia Comisión Anticorrupción porque, como ya entramos en época política, habrá a diario acusaciones de corrupción hágase lo que se haga. Sin duda estamos ante la más definitiva idiotización de la política, en la que incluso las pre-pre-pre candidaturas más novedosas se inician junto a figuras requete-chamuscadas y de tradicionalismos idiotas.

No se escucha una sola idea seria de reforma al sistema, al método de gobierno, que nos lleve a un camino hacia la integridad, hacia la reforma del Estado... para que el mismo responda a las necesidades de un pueblo sumido en la pobreza, sin necesidad alguna de encontrarse en esa situación, ya que el nuestro es un país relativamente rico, sin embargo, lleno de pobres, una situación que constituye una mancha negra para todos los políticos dedicados -a lo mejor sin darse cuenta- a la idiotización de la política y, en consecuencia, a poner en peligro la democracia que tanto nos costó a todos.

¡Despierten!....¡despertemos todos... que estamos todavía a tiempo!

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana

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