Aventura a todo terreno
Aunque conducir un 4
Wheel no es complicado,hace falta experiencia para recorrer caminos
difíciles
Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com
Frenaaaaa! vociferaba mi copiloto a medida que nos acercábamos a
un inmenso charco. Aunque hice todo lo posible por esquivarlo, nuestro
4 Wheel o Vehículo Todo Terreno (ATV, por sus siglas en inglés)
cayó en el declive con tal violencia que perdí el control momentáneamente.
A un costado, una zanja de considerable profundidad
se perfilaba amenazante. Aunque me dispuse rápidamente a accionar
el freno delantero, en mi desesperación no me daba cuenta de que
seguía apretando el acelerador. Error de novato.
Afortunadamente pude desviar el 4 Wheel lo
suficiente como para evitar el temido encuentro con la zanja, que,
tomando en cuenta la velocidad a la que íbamos (había accionado
tercera un par de minutos antes), de seguro hubiera acarreado desagradables
consecuencias, tanto para mí como para mi compañero de aventura.
A pesar de nuestra inexperiencia en el manejo
de este tipo de vehículos, nos aventuramos a seguir los pasos de
un nutrido grupo de aficionados a los ATV (aproximadamente unas
35 personas), que semanas atrás participó en un paseo organizado
por la tienda de motocicletas Pro-motors.
Desafíos
Nuestro periplo inició en la sucursal de
Budget Rent a car del Hotel Decameron, ubicado en Farallón. Allí
recibimos un curso intensivo que cubrió los puntos básicos del manejo
de un 4 Wheel: frenos, cambios y reversa.
No obstante, nada nos prepararía para lo
que tendríamos que enfrentar durante nuestro recorrido por el sendero
conocido como “El Macano”, que conduce desde Farallón hasta Cerro
Azul.
El camino inicia a un borde de la carretera
interamericana, adentrándose en los potreros y montes adyacentes.
Tres horas de grietas amenazantes, curvas cerradas, bajadas y subidas
abruptas, polvo y más polvo.
Mi copiloto y yo nos dimos cuenta de que
definitivamente este no es un recorrido recomendable para novatos
o para usuarios acostumbrados a manejar en la
amplitud de las playas.
A duras penas, no sin haber pasado primero
un par de sustos cardíacos, llegamos hasta el cauce del primero
de tres ríos que encontraríamos en el camino. Dada la escasa profundidad
del agua, lo atravesamos sin dificultad.
Más adelante atravesaríamos planicies desoladas,
más potreros, y una que otra recóndita comunidad.
A pesar de la dificultad del camino y de
la densa polvareda, pudimos disfrutar paisajes llenos de verdor.
A nuestro regreso nos agarró una aguacero.
Las gotas de lluvia impactaban con violencia sobre mi rostro, lo
que me dificultó la visión. Fue entonces cuando resentí la falta
de unos googles o visores para montar motocicleta. A duras penas
aprendí que aparte del casco y de los guantes, los visores son fundamentales
para completar con éxito este paseo extremos por la campiña de nuestro
país.
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