Artes:
El reto del lienzo
Marti Ostrander Oller
martirene@prensa.com
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Alfredo Sinclair y su hija, OIga,
quien también es una excelente colorista.
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Las influencias actuales de Alfredo Sinclair
son sublimes, no marcadas. Y su estilo de trabajo no varía.
"Cuando voy a pintar al estudio yo no planifico,
eso es importante para mí, porque planificar no me da la libertad
para pintar y descubrir nuevas cosas. Para mí pintar es como si
usted se internara en una selva y no sabe dónde va a salir... yo
voy a pintar a ver qué ocurre", dice este maestro de la pintura
panameña.
“Un lienzo blanco es una cosa bellísima,
lo respeto, me da pena y lástima no darle el mérito al lienzo blanco".
Por esto, Sinclair ataca el lienzo en primera instancia con un abstracto,
con los colores que va a usar. "Así comienzo yo un cuadro; no es
figurativo, sino a base de las combinaciones de colores armónicos
que me gusten".
La segunda etapa es introducir los elementos
figurativos reconocibles, pero siempre dándole preferencia al color,
a la armonía cromática, "que es para mí lo más importante".
"El pintor tiene sus sentimientos muy dentro
de él y expresa en un lienzo sus sentimientos... pero tiene que
saber que esa emoción que él siente, en sus vivencias, tiene que
llevarlas a una realidad plástica; eso quiere decir que tiene que
decirlo a través de colores, líneas y una buena composición, que
son los valores de la pintura. Los valores deben prevalecer, no
la anécdota, el tema es solo un pretexto", asegura.
¿Qué lo inspira? "El mismo cuadro me inspira.
Todo buen pintor sabe que una pulgada de verde no es igual a un
metro de verde, visualmente no lo es. Si el pintor no sabe cuantificar
la intensidad de un color, es un desastre", cuenta.
En esta última muestra, denominada "Variaciones
Visuales", resalta el color favorito de Sinclair, que es el azul.
"El azul tiene una influencia muy grande
en la sensibilidad humana. Por ejemplo, en un cuadro rojo uno se
siente con calor... el azul influye en el entorno, el azul y sus
complementarios".
De tal palo, tal astilla
Para Sinclair, llegar a la cima como pintor
fue un éxito, pero no se compara con los momentos más felices de
su vida, que han sido con su familia.
Al hablar de Olga, su esposa, se le iluminan
los ojos, y cuenta cómo la conoció y se enamoró. Fruto de esa relación
hay tres hijos, todos profesionales: Jorge, que es doctor, Olga,
la pintora y Miguel, ingeniero.
¿Qué piensa de que su hija sea pintora? El
maestro reacciona como padre protector. “Me perdona mi modestia,
pero dificulto que en América Latina haya dos Olguita Sinclair",
sentencia.
Pero no se queda allí. "Yo que he visto tanta
pintura, y respeto a todos los pintores, puedo asegurar que muy
pocos pintores han presentado una obra de la calidad de la de Olguita...
tiene una capacidad que pocos tienen", termina.
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