Los nuevos entrenadores para el 2002
Bill Cowher se ha mantenido 11 años dirigiendo al equipo de los Pittsburgh Steelers
Eric Molino M.
deportes@prensa.com
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Los Tampa Bay Buccaneers este año jugarán bajo la supervisión de John Gruden. En la gráfica, el ataque de la defensa de Tampa Bay ante los Miami Dolphins.
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El trabajo de entrenador en jefe en la NFL es uno de los empleos más inestables del mundo. También es una de las ocupaciones que más tensiones emocionales implica. Ejemplo claro de lo anterior es la cantidad considerable de afecciones cardiacas que se han visto en los entrenadores en los últimos años.
Ganar una buena cantidad de juegos, clasificar
a la post temporada y haber ganado uno o más Super Bowls, no son garantía
de estabilidad en esta competencia.
El fútbol americano profesional se ha convertido en una disciplina de estadísticas frías, de alta tecnología, de minuciosos cálculos de costo-beneficio, de estrellas en lugar de jugadores, de espectáculo en lugar de deporte.
En este panorama, Bill Cowher, quien ya sobrepasó la década en su puesto al arribar a su temporada número 11 con los Steelers de Pittsburgh, es un verdadero fenómeno para estos tiempos y esto a su vez es motivo de tensión extra.
La época de George Halas (sólo estuvo ocho años fuera del puesto en Chicago entre 1920 y 1963 y además fue uno de los fundador de la liga), Tom Landry (29 años con los Cowboys), Don Shula (26 años con los Dolphins) y Chuck Noll (23 años con los Steeleers) pertenece a la historia antigua de la liga; la NFL ya no es la misma organización que en sus tiempos.
NFL, un gran negocio
El tope salarial, las diferentes categorías de ‘agentes libres’, la repetición instantánea, la globalización del deporte, hacen de la NFL un negocio formidable, en el que la lealtad de dueños y directivos, entrenadores y jugadores con sus fanáticos y viceversa, ya no se basa en la historia, el amor a los colores del equipo o los nexos sentimentales entre fanáticos y sus héroes.
Hoy lo importante es el siguiente paso. Si gané pocos juegos, quiero ganar bastantes. Si clasifiqué a la post temporada o al Super Bowl, debo ser campeón, si soy campeón debe volverlo a ser. Nadie puede garantizar esto en el cambiante panorama de la NFL.
Así las cosas, para el 2002, ocho equipos tienen nuevos entrenadores.
Marty Schottenheimer, de los San Diego Chargers, es un gran veterano (estuvo con Browns, Chiefs y Redskins). Dom Capers (Texans), Tony Dungy (Colts) y Jon Gruden (Buccaneers) ya tienen gran experiencia o prestigio en la NFL.
Steve Spurrier, de los Washington Redskins, viene con los mayores galardones de la liga universitaria. Mike Tice, de los Vikings, pasó de interino a formal en el cargo. Tanto Bill Callahan (Raiders) como John Fox (Panthers) tienen su ‘primer turno al bate’.
Spurrier y su gran tarea
En Washington es donde está la mayor expectativa, pues Steve Spurrier lo ganó todo con su equipo universitario de la Universidad de la Florida.
¿Será este un nuevo Jimmy Johnson? Además de entrenador en jefe es el coordinador ofensivo, el entrenador de los quarterbacks e influirá en algo con los recibidores.
Ayudando a la reestructuración en los Redskins está Marvin Lewis, que con su trabajo defensivo literalmente ganó el Super Bowl para los Ravens hace dos temporadas. Pese a lo despampanante del elenco, el problema es la falta de continuidad en este equipo con nuevos entrenadores y un nuevo quarterback.
Suena difícil que con tantos trabajando juntos por primera vez se puede tener el premio mayor al primer intento.
Tanto Gruden en Tampa, como Dungy en Indianápolis deben tener un nuevo aire y cuentan con buenos equipos para hacer un buen trabajo.
Capers es sin duda una buena elección para Houston por su experiencia y logros con equipos de expansión.
Callahan se enfrenta con el trabajo de dirigir a grandes veteranos estelares del deporte y de complacer al dueño más quisquilloso y exigente de la liga (Al Davis).
Tice la tiene difícil
Tice tiene el más duro de los trabajos entre los nuevos entrenadores, ya que prácticamente tiene que construir una nueva empresa, con un antiguo personal muy mañoso en Minnesota.
Fox, por nuevo, y porque con solo dos victorias consigue más triunfos para Carolina que en el 2001, no tiene mucho que arriesgar en el intento.
Schottenheimer la tiene difícil, ya que se puede estar enfrentando a la última opción de su carrera. Nunca ha llegado al Super Bowl y en San Diego, las opciones de QB son extremas (un veterano de casi 40 años como Flutie o un cuasi novato como Brees).
Veremos cómo les va en la campaña del 2002.
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