Panamá, 17 de agosto de 2002
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
La Ciudad
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Negocios
Defensor del lector
Revista
Reseña
Tecnología
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
Notas importantes
El tiempo
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Agenda
Cine
De noche
Restaurantes
Recetas
SUPLEMENTOS
Mundial 2002
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
SEPARATAS
Pulso de la Nación
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

Un nuevo giro de la asistencia social

Estuve junto a jóvenes ansiosos de nuevos horizontes, percibí una inquietud por vivir bajo la égida protectora de la verdad y una sed de participación en la cosa pública

Carlos Iván Zúñiga Guardia

Ayer tuve la oportunidad de disertar ante más de 200 jóvenes de América sobre “la importancia de la participación del joven en el desarrollo de las sociedades desde el punto de vista de la asistencia social”. El escenario lo brindó la LXXX Convención Internacional del Club Activo 20-30 y la sede se situó en la ciudad de David.

Siempre he sido un admirador de la labor social que los clubes cívicos han desarrollado en beneficio de los pobres. En ellos ha existido una positiva competencia para obtener los mejores frutos en el campo de la asistencia social.

Entendí que la ocasión era buena para hablar de las contrariedades que confronta la sociedad panameña. Hice énfasis en la necesidad de ampliar la participación de la juventud, de integrarse como un todo en los afanes de la sociedad civil. Así como la sociedad civil ha ido adquiriendo personería natural para intervenir en los debates de toda índole, de igual manera los clubes cívicos y todas las organizaciones sociales deben tener un protagonismo en el estudio y fijación de las políticas del Estado y de la sociedad.

No se puede ignorar que el mundo vive momentos de grandes transformaciones. La simple representatividad como presupuesto de la democracia es un postulado agotado. Lo que se venía esbozando tibiamente sobre la participación ciudadana como el nuevo motor de la democracia, hoy tiene el respaldo entusiasta de los asociados. Abundé en estos contenidos sin dejar de afirmar que los partidos políticos son necesarios en una democracia y que la sociedad civil de la que se ha nutrido históricamente el partidarismo es la llamada a exigir con persistencia y sin fatigas la depuración de los mismos.

Una democracia sustentada por partidos políticos ideológicos y saneados, y por una sociedad civil decente y vigilante, puede enfrentar airosamente los retos inherentes a su parcela de humanidad. Lo que importa es lograr que los partidos políticos y la sociedad civil entiendan que la marcha de la nación no depende de la voluntad de una clase, sino de los acuerdos del conjunto de toda la comunidad. Ese mismo entendimiento debe poseerlo el ciudadano común, de modo que su interés por el presente y destino del país sea permanente.

Recordaba a los jóvenes americanos reunidos en David una gráfica y didáctica reseña de Aníbal Ponce, pensador argentino, sobre el caminar del Estado y las obligaciones de sus miembros. Ponce decía que la República era un barco que navegaba indistintamente por mares quietos o procelosos. Sus pasajeros no debían permanecer indiferentes ante la suerte de tal nave ni podían pensar que su empresa o su camarote era su mundo y que refugiándose en lo suyo nada les pasaría si ese barco que simbolizaba la República llegase a naufragar. Si se produce el naufragio el camarote o la empresa no escaparía de la tragedia. De allí que constituye una responsabilidad de todos participar en la fijación de las rutas, y dar opiniones y consejos sobre la conducción de la nave.

En el desarrollo de esta magnífica lección de Aníbal Ponce, decía en el precitado cónclave que ya el significado de la asistencia social no guardaba relación exclusiva con la generosidad material. Ante los problemas que confronta la sociedad, la asistencia social, como hermosa gestión solidaria, también debe tener un contenido espiritual y debería darse en la hora actual abriendo el corazón para luchar por el afianzamiento de los valores morales. Los clubes cívicos juveniles tomarían posición beligerante para dar asistencia social a la honradez, a la justicia, a la libertad, mediante una prédica constante sobre sus bondades, lo que haría imposible la corrupción, la prevaricación y el totalitarismo. La asistencia social de tipo espiritual se convertiría en un reforzamiento de las virtudes ciudadanas y de las instituciones democráticas.

Si todos vivimos en el gran barco social y si la mar es turbulenta o mansa, los pasajeros deben adecuar su asistencia material o espiritual a los peligros que se confrontan o avizoran. Si hay escollos o arrecifes o vulgares lamas, la asistencia debe darse para sortear o vencer los obstáculos.

Hoy la asistencia social para que no sea anacrónica significa luchar por la paz, por la probidad, por la libertad, por la justicia y también por el pan. En la medida en que estos valores y bienes adquieran su vigencia en grado de plenitud, la nave del Estado navegará a toda vela sin los peligros del naufragio.

Me ocupé también de las misiones de la juventud contemporánea. Las primeras generaciones republicanas lucharon por el perfeccionamiento de la independencia nacional. Entendió esa generación que la República había nacido con dogales y que era su tarea histórica eliminarlos.

Los distintos episodios patrióticos vividos en el siglo XX constituyeron pasos firmes de reafirmación nacional. El l2 de diciembre de l947 fue un paso extraordinario y el 9 de enero de l964 fue el gran salto, el salto gigante hacia la nacionalización del Canal y el cese del colonialismo. Por supuesto que la historia registra otros hechos de gran envergadura patriótica. Ante la misión cumplida, salvo la asignatura pendiente que significa la actual vigencia del Tratado de Neutralidad, ¿qué misión cívica tiene la actual generación, más allá de las ilusiones personales de sus miembros? ¿Cuáles son sus banderas? Existe una de gran contenido patriótico: luchar por el perfeccionamiento de la democracia; enriquecerla con los valores morales que responden a las tradiciones más nobles de la patria. Es la gestión superior y permanente de todas las generaciones del siglo XXI.

Los congresos de juventudes de diversos países siempre tienen saldos positivos. Estuve junto a jóvenes ansiosos de nuevos horizontes, percibí una inquietud por vivir bajo la égida protectora de la verdad y una sed de participación en la cosa pública. De pronto, veía rostros obstinados, turbados, pesimistas, pero impelidos por la fuerza y fe arrolladora de la juventud todo tornaba al optimismo, al estado natural del hombre sin compromisos turbios con el pasado. Luego de citarles los símiles tan claros expuestos por Aníbal Ponce, la juventud de los clubes Activo 20-30 no ocultaban sus deseos de abandonar prontamente sus camarotes y de subir a la cubierta de la nave de la República. ¡Que así sea!

El autor es abogado y ex rector de la Universidad de Panamá

Además en opinión

Sobre inteligencia y política empresarial: Miguel Montiel Guevara
Howard: la ciudad de Panamá del siglo XXI (2): Gabriel Lewis Navarro
Un nuevo giro de la asistencia social: Carlos Iván Zúñiga Guardia
Memoria de otros tiempos: Hernando Franco Muñoz






¦
Portada¦ Hoy por hoy¦ La Ciudad¦ Nacionales¦ Deportes¦ Opinión¦
¦
Mundo¦ Negocios¦ Revista¦ Reseña¦ Última hora ¦ UH Mundo¦
¦
UH Negocios ¦ UH Deportes ¦ UH Farandula ¦ UH Ciencia y Salud¦ UH Tecnología ¦ UH Cultura ¦ UH Curiosidades ¦
Derechos reservados, Corporación La Prensa.internet@prensa.com

Corporación La Prensa TEL (507)222-1222
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá