Rinden homenaje a la autora de letra del himno de Parita
DANIEL DE GRACIA
ESPECIAL PARA LA PRENSA
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PARITA, Herrera. -Con motivo de celebrarse los 444 años de fundación del distrito de Parita, las autoridades locales, familiares y miembros de la comunidad rindieron ayer, viernes, un homenaje póstumo a doña Rafaela Barrios de Admadé, autora de la letra del himno a Parita.
Los actos, encabezados por la alcaldesa de Parita, Linda Pérez de Polo, y los representantes del Consejo Municipal, iniciaron con un tedeúm en la iglesia colonial y una romería a la tumba de Rafaela de Admadé.
Parita fue fundada por Juan Ruiz de Monjarás y el padre de Santa María el 18 de agosto de 1558, pero antes, el lugar era conocido como Santa Elena, y los españoles colonizadores le cambiaron el nombre en honor al cacique Parita, que mantenía el poder en esta región.
En el programa de ayer, viernes, le correspondió a la señora Nora Admadé de Botello, hija de doña Rafaela, decir las palabras de agradecimiento al pueblo, para lo cual esbozó una semblanza de la obra y vida de quién se recuerda en esta histórica fecha en Parita.
Rafaela Barrios de Admadé nació en la provincia de Colón el 24 de octubre de 1891, pero desde muy pequeña llegó a Parita de la mano de su madre, quien había sido contratada por el gobierno de aquel entonces para trabajar como educadora en este distrito de Herrera.
Murió en Parita el 9 de abril del año 1962.
“Rafaela, además del himno a Parita, escribió muchas poesías y su vida fue un ejemplo valioso de amor al prójimo”, manifestó su hija, Nora Admadé, ante varios cientos estudiantes y moradores que presenciaban el acto de ayer.
Nora agregó que su madre se destacó en su pueblo de Parita “por repartir alimentos a los más necesitados; visitaba a los enfermos; enseñó el catequismo a cientos de niños y cada año los preparaba en nuestra casa para que hicieran la primera comunión”.
“También tengo que mencionar cómo nos enseñó a nosotras, sus hijas, la fe en Cristo, el amor en la casa, y que a las seis de la tarde teníamos que estar todos reunidos en nuestro hogar para el rezo del Santo Rosario en familia”, recordaba doña Nora.
El corazón de Rafaela era tan noble y generoso, afirma su hija, que “cedía su casa para que parejas, procedentes de Llano de La Cruz y otros lugares, celebraran en el patio de la casa el desayuno y bailaran al son del violín y tambor”.
En su afán de ayudar a los más humildes, “convertía su casa en un taller permanente de manualidades y artesanías para los jóvenes que deseaban asistir a los cursos que ella ofrecía en forma gratuita”, relató Admadé de Botello.
Su vida fue una práctica constante del evangelio y a la hora de partir al más allá, “nos dio un ejemplo de profunda resignación cristiana”, puntualizó.
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