El estado de Zulia, en lucha por
Venezuela
A este pueblo no lo pararán
ni las balas criminales del terrorismo chavista ni las maniobras
politiqueras de los débiles
Oswaldo Alvarez Paz
El 9 de octubre de 2001 se paró el estado
de Zulia por 12 horas. La jornada había sido convocada por la Federación
de Ganaderos de la Cuenca del lago de Maracaibo y estaba apoyada
por todas las fuerzas motrices de la región. Se protestaba en esa
ocasión contra los 49 decretos dictados por el señor presidente
en ejercicio de las facultades de una habilitante concedida por
la Asamblea Nacional.
Casi todos sus principios son manoplazos al
rostro de la zulianidad. En especial la llamada “ley de tierras”,
invocada para confiscar fincas privadas sumamente productivas, lo
cual terminó por desatar un clima de violencia desconocido que,
lejos de aplacarse, se avivaría todavía más. Muy pronto Venezuela
entera se alzaría en pie de lucha, porque una vez más, en su perverso
empeño de imponer una revolución estúpida y reaccionaria, el Gobierno
se había colocado al margen del orden constitucional.
Llega el día 10 de diciembre del 2001. El
día en que se paralizó todo el país. Para entonces, el presidente
se disfraza tres veces de militar para amenazar con las armas a
sus opositores y reflejar de cuerpo entero su insanía mental. Jornadas
cívicas de enorme contenido pedagógico se sucederían en adelante
teniendo como protagonista a toda la sociedad democrática. El 23
de enero, el 4 de febrero –en oposición a la destrucción de Petróleos
de Venezuela– hasta desembocar en la gesta del 11 de abril.
Aquel 11 de abril, desesperado, el señor
presidente planificó y ordenó la masacre de los ciudadanos. Fue
el más cobarde y criminal acto de respuesta que mandatario alguno
haya ejecutado contra un pueblo desarmado y desprevenido. Desde
entonces, y bajo las consignas de “prohibido olvidar” y “ni un paso
atrás”, esa misma sociedad democrática compuesta por civiles y militares
lucha para ponerle punto final a la tragedia nacional. No caben
dudas, el pueblo de Caracas ha demostrado un coraje ejemplar en
la lucha contra Hugo Chávez.
El domingo 11 de agosto, en Maracaibo, el
estado de Zulia se pronunció de nuevo en las calles. Exigía la renuncia
del asesino. Las razones del 9 de octubre, del 10 de diciembre y
del 11 de abril –siendo ahora más profundas–, se han multiplicado.
A este pueblo no lo pararán ni las balas criminales del terrorismo
chavista ni las maniobras politiqueras de los débiles. El combate
se extiende por toda Venezuela. Chávez, tan carente de dignidad
como de ideales, jamás podrá tener una vida serena. El odio y la
traición le retuercen la conciencia. En la soledad de las noches
lo atormentan sus malas acciones y la hora de rendir cuentas.
Se le fue el tiempo. Perdió la oportunidad.
Ya no tiene suelo político ni fuerzas armadas confiables. Solamente
unas cuadrillas de delincuentes bien armados y sin conciencia que
lo conducen al infierno. El final está cercano. (Firmas Press)
El autor es abogado y político venezolano.
Ex gobernador del estado de Zulia
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