Panamá, 11 de agosto de 2002
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Ciencia y Salud

Adiós a la restenosis

Un nuevo tipo de “stent” mantiene limpias las arterias y evita que el paciente vuelva a cirugía

Eva Aguilar
eaguilar@prensa.com

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El organismo tiene por costumbre rechazar todo aquello que le resulte desconocido. Su reacción puede ser muy violenta cuando decide impedir que un riñón recién transplantado funcione porque es incompatible con su sistema; o menos drástica cuando inicia un proceso de crecimiento anormal de tejido justo en esa arteria taponada que los médicos intentan despejar.

Hace ya tiempo que, en los casos de transplante de órganos, la medicina contrarresta la defensa natural del organismo con medicamentos inmunosupresores, cuya función es detener la reacción del sistema inmunológico ante ese nuevo órgano que nunca fue suyo. Pero hace apenas unos meses que la investigación médica permite a los cardiólogos tener una herramienta que prácticamente les asegura que las arterias coronarias que despejan no se volverán a obstruir.

Para funcionar, el corazón necesita que los vasos sanguíneos que lo irrigan de sangre (arterias) estén absolutamente despejados. Ello no ocurre cuando, de forma progresiva y bajo la acción de determinados factores (dieta alta en grasas, herencia, diabetes), una placa de color blanco formada por restos de colesterol, calcio y células se forma en las paredes de la arteria hasta dejar apenas un pequeño espacio por el que a la sangre le es muy difícil circular. ¿El resultado? Infartos cardiacos.

En el tratamiento de las arterias coronarias obstruidas, los médicos intervienen directamente el área afectada cuando la prevención y los medicamentos no son suficientes. Son tres los métodos utilizados: la angioplastia con balón, la angioplastia con balón y stent y la cirugía de derivación coronaria (bypass coronario). La angioplastia es una intervención menos invasiva que el bypass y se practica por medio de cateterismo coronario: un balón que se infla una vez dentro de la arteria empuja la placa hacia las paredes de esta. Para que la arteria no vuelva a obstruirse, se emplea una pequeña malla de acero inoxidable (stent) que se deja dentro de la arteria para mantenerla abierta y permitir el flujo sanguíneo (ver ilustración).

Sin embargo, al cabo de un tiempo, las células que componen la íntima (capa más interna del vaso sanguíneo y que está en contacto con la sangre) empiezan a crecer de forma desordenada como una reacción al stent y la arteria vuelve a taponarse. Este fenómeno, conocido como restenosis, hace que los pacientes tengan que volver a ser intervenidos.

“Esto era nuestro talón de Aquiles”, dice el cardiólogo José Remón Varela. “De cien personas a las que se les sometía a este procedimiento, usualmente del 20% al 30% tenía que regresar para abrirles el stent que se les había puesto anteriormente”.

Hace ya algunos meses (y desde mayo en Panamá) que los cardiólogos hacen uso de un nuevo tipo de malla conocida como stent liberador de fármaco. El nuevo dispositivo, creado por Cordis Corporation, una compañía de Johnson & Johnson que se dedica al tratamiento de enfermedades cardiovasculares, está recubierto por una sustancia química llamada sirolimus, que actúa directamente sobre el núcleo de la célula del músculo liso y detiene su replicación.

De acuerdo con Varela, el sirolimus es una sustancia relativamente nueva y hasta el momento solo se utilizaba en pacientes de transplante renal, y en dosis más altas, para evitar el rechazo del organismo al nuevo órgano.

Aunque el nuevo dispositivo se coloca por el método de angioplastia tradicional, el gran secreto del Cypher-Stent (su nombre comercial) es que el sirolimus está inmerso en un polímero, encargado de que el fármaco se libere de forma controlada.

“El fármaco actúa en dosis relativamente bajas y únicamente sobre esas células lisas, no sobre otras que puedan estar cerca”.

Según el especialista en cardiología intervencionista, con la aplicación del stent liberador de fármaco se reduce prácticamente a cero las posibilidades de que la persona tenga que volver a ser intervenida para limpiar la arteria. “Los resultados de estudios recientes señalan que uno o dos pacientes han vuelto a la sala de hemodinámica, es una tasa muy baja. No pasa del 9%”.

Un proceso evitable

De acuerdo con Varela, hasta ahora no se ha dado ningún caso de pacientes alérgicos al sirolimus y una ventaja que tiene el stent liberador de fármaco es que no hay que reemplazarlo.

“El sirolimus no dura el resto de la vida del paciente, sino el tiempo que se mantiene la agresión al tejido. Cuando la sustancia termina de liberarse ocurre un proceso conocido como endotelización, que hace que la restenosis se detenga. De aquí a que se libere toda la sustancia es probabable que ya se haya ‘apagado el fuego’ y todo vuelva a la normalidad mucho más rápido”.

Sin embargo, el médico no diría que con este método la restenosis es reversible, sino más bien, “evitable”. La malla liberadora de fármaco sigue siendo un tratamiento local para una agresión de terminada, pero no es, ni mucho menos, la cura de las enferme dades coronarias.

“Uno puede tener un Cypher puesto hoy con una lesión determinada, y dentro de un año tener una lesión nueva en otra parte, si la persona no se ha cuidado o tiene una enfermedad arterial severa”.

El problema tiene otros componentes.

“Panamá es un país pobre con enfermedades de gente rica. Hay mucha obstrucción de las arterias coronarias, inclusive en gente muy pobre”. Y de acuerdo con el médico, el problema no parece estar ligado únicamente a la alimentación sino también a los genes. “Panamá es un crisol de razas y también se mezclan las cosas malas; nadie es químicamente puro”.


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