Ciencia
y Salud
Adiós a la restenosis
Un nuevo tipo de “stent”
mantiene limpias las arterias y evita que el paciente vuelva a cirugía
Eva Aguilar
eaguilar@prensa.com
El organismo tiene por costumbre rechazar todo
aquello que le resulte desconocido. Su reacción puede ser muy violenta
cuando decide impedir que un riñón recién transplantado funcione
porque es incompatible con su sistema; o menos drástica cuando inicia
un proceso de crecimiento anormal de tejido justo en esa arteria
taponada que los médicos intentan despejar.
Hace ya tiempo que, en los casos de transplante
de órganos, la medicina contrarresta la defensa natural del organismo
con medicamentos inmunosupresores, cuya función es detener la reacción
del sistema inmunológico ante ese nuevo órgano que nunca fue suyo.
Pero hace apenas unos meses que la investigación médica permite
a los cardiólogos tener una herramienta que prácticamente les asegura
que las arterias coronarias que despejan no se volverán a obstruir.
Para funcionar, el corazón necesita que los
vasos sanguíneos que lo irrigan de sangre (arterias) estén absolutamente
despejados. Ello no ocurre cuando, de forma progresiva y bajo la
acción de determinados factores (dieta alta en grasas, herencia,
diabetes), una placa de color blanco formada por restos de colesterol,
calcio y células se forma en las paredes de la arteria hasta dejar
apenas un pequeño espacio por el que a la sangre le es muy difícil
circular. ¿El resultado? Infartos cardiacos.
En el tratamiento de las arterias coronarias
obstruidas, los médicos intervienen directamente el área afectada
cuando la prevención y los medicamentos no son suficientes. Son
tres los métodos utilizados: la angioplastia con balón, la angioplastia
con balón y stent y la cirugía de derivación coronaria (bypass coronario).
La angioplastia es una intervención menos invasiva que el bypass
y se practica por medio de cateterismo coronario: un balón que se
infla una vez dentro de la arteria empuja la placa hacia las paredes
de esta. Para que la arteria no vuelva a obstruirse, se emplea una
pequeña malla de acero inoxidable (stent) que se deja dentro de
la arteria para mantenerla abierta y permitir el flujo sanguíneo
(ver ilustración).
Sin embargo, al cabo de un tiempo, las células
que componen la íntima (capa más interna del vaso sanguíneo y que
está en contacto con la sangre) empiezan a crecer de forma desordenada
como una reacción al stent y la arteria vuelve a taponarse. Este
fenómeno, conocido como restenosis, hace que los pacientes tengan
que volver a ser intervenidos.
“Esto era nuestro talón de Aquiles”, dice
el cardiólogo José Remón Varela. “De cien personas a las que se
les sometía a este procedimiento, usualmente del 20% al 30% tenía
que regresar para abrirles el stent que se les había puesto anteriormente”.
Hace ya algunos meses (y desde mayo en Panamá)
que los cardiólogos hacen uso de un nuevo tipo de malla conocida
como stent liberador de fármaco. El nuevo dispositivo, creado por
Cordis Corporation, una compañía de Johnson & Johnson que se
dedica al tratamiento de enfermedades cardiovasculares, está recubierto
por una sustancia química llamada sirolimus, que actúa directamente
sobre el núcleo de la célula del músculo liso y detiene su replicación.
De acuerdo con Varela, el sirolimus es una
sustancia relativamente nueva y hasta el momento solo se utilizaba
en pacientes de transplante renal, y en dosis más altas, para evitar
el rechazo del organismo al nuevo órgano.
Aunque el nuevo dispositivo se coloca por
el método de angioplastia tradicional, el gran secreto del Cypher-Stent
(su nombre comercial) es que el sirolimus está inmerso en un polímero,
encargado de que el fármaco se libere de forma controlada.
“El fármaco actúa en dosis relativamente
bajas y únicamente sobre esas células lisas, no sobre otras que
puedan estar cerca”.
Según el especialista en cardiología intervencionista,
con la aplicación del stent liberador de fármaco se reduce prácticamente
a cero las posibilidades de que la persona tenga que volver a ser
intervenida para limpiar la arteria. “Los resultados de estudios
recientes señalan que uno o dos pacientes han vuelto a la sala de
hemodinámica, es una tasa muy baja. No pasa del 9%”.
Un proceso evitable
De acuerdo con Varela, hasta ahora no se
ha dado ningún caso de pacientes alérgicos al sirolimus y una ventaja
que tiene el stent liberador de fármaco es que no hay que reemplazarlo.
“El sirolimus no dura el resto de la vida
del paciente, sino el tiempo que se mantiene la agresión al tejido.
Cuando la sustancia termina de liberarse ocurre un proceso conocido
como endotelización, que hace que la restenosis se detenga. De aquí
a que se libere toda la sustancia es probabable que ya se haya ‘apagado
el fuego’ y todo vuelva a la normalidad mucho más rápido”.
Sin embargo, el médico no diría que con este
método la restenosis es reversible, sino más bien, “evitable”. La
malla liberadora de fármaco sigue siendo un tratamiento local para
una agresión de terminada, pero no es, ni mucho menos, la cura de
las enferme dades coronarias.
“Uno puede tener un Cypher puesto hoy con
una lesión determinada, y dentro de un año tener una lesión nueva
en otra parte, si la persona no se ha cuidado o tiene una enfermedad
arterial severa”.
El problema tiene otros componentes.
“Panamá es un país pobre con enfermedades
de gente rica. Hay mucha obstrucción de las arterias coronarias,
inclusive en gente muy pobre”. Y de acuerdo con el médico, el problema
no parece estar ligado únicamente a la alimentación sino también
a los genes. “Panamá es un crisol de razas y también se mezclan
las cosas malas; nadie es químicamente puro”.
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