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Caja de letras
Sicosis
Claudio Herrera
El aliento se asentaba sobre zapatos en un
entorno de piedreros caminando en palacios imaginarios. Aquí, el
viento y hasta las penumbras visten a los fanáticos de este parque
de historias y miedos, de sueños de lotería, de planas y contraplanas
de sangre y miseria.
-¿Se los limpio...? Sí, sí...El betún cubre
de negro áspero el cuero y las miradas curiosas se dispersan en
diferentes rutas.
El lustrador está peinado con las manos embadurnadas
de la química del calzado. Su rostro parece un interrogatorio a
la mendicidad y al desengaño social, pero busca el diálogo sin pena
con el cliente del destino incierto.
-Mire, mi papá es colombiano, de allá del
Cauca, por eso yo soy como él. El me dijo que de lo que traes llevas,
porque esa es la ley de allá después del Darién y que solo deben
saber tu nombre cuando el destino así lo te lo diga.
Yo soy así, como él. Por eso la gente aquí
me ve todos los días y no sabe mi nombre. Entonces, comienza a identificarme
y a suponer lo supuesto.
Aquí hubo uno que, en sueño, pidió conocerme.
Un muchacho con una vida que inició con desgracia, sin desviarse,
terminó en La Joya. Resulta que su madre se prostituyó desde que
el infortunado estaba en la barriga. Por aquí, ella merodeaba para
vender sexo, cuando no lo conseguía, venía a buscar al hijo para
quitarle los reales. Si este no había ganado en su limpia... ¡qué
limpia!, ¡qué no le hacía!
Bueno, lo cierto es que él terminó en el
diario Crizz. Allí salió en una foto grande con los ojos hinchados
y ojeras. Giovanni mató... decía el titular con letras rojas. Un
muchacho con traumas de infancia, y otras cosas más, agregaba. Bueno...
y qué no decía la noticia.
Pero, ni yo le hablé ni él a mí. Así que
tampoco sabe mi nombre. Y es sencillo. Empieza con S y termina con
S. Fíjese en mis costumbres. No hablo sino por necesidad. Tomo un
café tinto, sin llenar. Así, el líquido no termina por torcerme
el hígado. Entro en la fonda exactamente cuando el reloj de la iglesia
me advierte que son las seis de la mañana; ni un minuto más ni un
minuto menos, sino el día se me enreda porque los clientes me ven
y se asustan.
Traigo mi puñal escondido debajo de la media
del zapato izquierdo. Tiene tres cruces en su cacha y dentro de
estas la letra S, dos eses. ¿Qué le parece?
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Caja de letras: Sicosis
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