Panamá, 11 de agosto de 2002
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Brunch dominical

Por Mónica Palm
mpalm@prensa.com

- Finalmente, vino a Panamá el juez español Baltasar Garzón. Después de una interesante disertación en un hotel de la capital, el público -que en su mayoría pagó 100 dólares por persona para escucharlo- tomó la palabra. Una intervención que causó mucha efervescencia en el auditorio fue la de una ciudadana -precisamente española- y ex cuentahabiente de Banaico, que inquirió al famoso jurista acerca de las posibilidades que ella, como nacional de otro país, pudiera tener para reclamar justicia en otras jurisdicciones, ya que sus intentos de recuperar sus depósitos en el clausurado banco habían sido frustrados por las autoridades panameñas. Los ánimos se caldearon de tal forma entre la concurrencia, que por un momento casi no se pudo escuchar la respuesta del juez, pero parece haber quedado claro que de haberse llevado este caso en un lugar como España, ya habría responsables tras las rejas y no haciéndose pasar por literatos o persiguiendo judicialmente a periodistas. Lástima que -por coincidencia- no se encontraba presente la presidenta de los pobres -que estaba en la toma de posesión de Alvaro Uribe en Colombia- ni ninguno de sus vices -uno en Bolivia y el otro en Ecuador-. Tampoco estaba el procurador José Antonio Sossa. Tranquilos, señores, que el hombre solo venía a dictar una conferencia.

 

- Silencio pinolero en el lío de las armas. Luego de que el fiscal Patricio Candanedo declarara que era falsa la orden de compra utilizada para la adquisición del embarque que salió de Nicaragua y que terminó en manos de los paramilitares colombianos, el director de la policía nicaragüense declaró que Panamá tiene que demostrar lo que dice. Hasta tanto no haya una certificación oficial de la comisión investigadora de la OEA, no habrá opiniones al respecto. La pregunta es por qué mientras nicaragüenses y colombianos esperan casi en silencio a que sean reveladas las conclusiones de la OEA, nuestro gobierno cacarea tanto su supuesta inocencia. ¿No les parece extraño?

 

- Renunció a las filas del PRD el empresario Isaac Tarazi, uno de los mayores recaudadores de fondos en tiempos de campaña. Como presidente del Frente Empresarial de ese partido, Tarazi organizó una cena en el Club Unión, en la que se recogieron 5 millones de dólares para ponerlos al servicio de la campaña de reelección de Pérez Balladares en 1998. La verdad es que teníamos tiempo de no escuchar de él, salvo que inauguró su terminal de cruceros en el 2000. No sabemos si en el partido lo extrañarán, pero a sus eventos de recaudación de fondos seguro que sí.

 

- Aquí quisiéramos no hablar más de Marc Harris, pero resulta ser que el señor se fue a Nicaragua y -a tenor de lo dicho por el boletín financiero OffShore Alert- dejó pendiente una cuenta de 47 mil dólares por el alquiler de las decenas de oficinas que ocupaba en el Plaza Balboa. Esto bien pudiera ser cierto, dado que cuando nosotros nos acercamos por allá para inquirir sobre el paradero de Harris, nos confundieron con uno de los muchos acreedores de la controvertida firma. Otro tanto ocurre con varios trabajadores de la compañía, que han acudido al Ministerio de Trabajo para presentar quejas contra Harris por el no pago de sus prestaciones laborales. La mayoría de ellos firmó mutuos acuerdos para terminar su relación laboral con la Firma, pero aseguran que nunca recibieron el dinero que legalmente les correspondía. Según OffShore Alert, ahora Harris dirigirá sus negocios desde Managua, pero lo hará bajo el nombre de Mitchell Astor Gilbert Trust Co. A través de su abogado, Harris ha dicho que se fue de Panamá por falta de seguridad jurídica. Claro... eso mejor que lo diga el FBI, el IRS, la Interpol y el Consejo de Defensa del Estado de Chile. Todos ellos formularon peticiones internacionales para investigar a Harris que fueron desatendidas por las autoridades panameñas.

 


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