Panamá, 11 de agosto de 2002
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Sed de justicia

Entre otras cosas, el público pidió que Garzón explicara cómo hace un país para lograr una genuina independencia judicial

Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com

PANAMÁ, R.P. -Para mí, lo más impactante de la conferencia del juez Garzón fue constatar que el pueblo panameño siente una gran sed por justicia. Lo vi en el salón abarrotado de público, en las preguntas que le llovieron al juez, en el aplauso con los que se recibieron muchas de sus respuestas, y en el dolor en carne viva de dos señoras que interrumpieron el evento para denunciar que “en Panamá, no hay justicia”.

Como siempre en estas cosas, el período de preguntas y respuestas fue lo más interesante de la conferencia dictada el miércoles pasado por el célebre juez español Baltasar Garzón. Más de cincuenta preguntas escritas llegaron a la mesa principal, donde los organizadores (encabezados por Maribel Cuervo de Paredes, directora del Centro Latinoamericano de Periodismo, o CELAP) escogieron las más representativas y vinculadas al tema de la conferencia, que era “Periodismo y la internacionalización de la justicia”. Hubiera sido imposible que Garzón contestara todas las preguntas, pero el alto número de las interrogantes indica que los panameños sentimos gran inquietud en torno a la justicia en nuestro país. Por ello mismo es también impactante que (como señaló Rolando Rodríguez en La Prensa) casi todos los funcionarios panameños encargados de la administración de justicia eligieran ausentarse del evento. Si su ausencia se debió a que temían que el público les echara en cara su inconformidad con la administración de justicia en Panamá, eso mismo ocurrió.

Cuando ya se iba a dar por concluida la conferencia, una joven se puso de pie para pedir que Garzón explicara cómo una hija podría hacer para lograr que Panamá le haga justicia a su padre, desaparecido durante la dictadura. La joven se identificó como Patria Portugal, hija de Heliodoro Portugal. Garzón, como se comprende, solo pudo responder que desconoce los hechos del caso. A paso seguido, otra señora se puso de pie para reclamar que Panamá haga justicia en el caso Banaico. Esta señora, que no dio su nombre, relató entre llantos que había perdido todo su dinero en un fraude por el que nadie ha quedado preso. El público la respaldó con sus aplausos, pero Garzón, quien no tiene por qué saber del caso Banaico, prefirió no responder.

Estas dos preguntas emotivas se hicieron al final de una larga serie de cuestionamientos a la justicia panameña. Entre otras cosas, el público pidió que Garzón explicara cómo hace un país para lograr una genuina independencia judicial. Cómo se hace para corregir la “politización” de una Corte Suprema. Cómo debe hacerse la selección de jueces y magistrados. Cuándo deben los jueces recusarse de un caso que les presente posible conflictos de interés. Y aún había otras preguntas: ¿Debe permitirse que un ministro de Estado pase a ser magistrado de la Corte Suprema? ¿Cómo se garantiza transparencia e imparcialidad en los tribunales de justicia? Cuando los jueces abusan de su autoridad, ¿quién los juzga?

Pese a que Garzón respondió de manera general, sus respuestas demostraron la gran brecha entre un verdadera “Estado de Derecho” y lo que tenemos en Panamá.

Entre muchas otras cosas, Garzón dijo:

• En España “nadie duda de la independencia judicial”, y calificó de “imposible e incomprensible” que el Ejecutivo o el estamento político de su país intenten interferir con la administración de justicia. Poniendo su manejo del caso Pinochet como ejemplo, aseguró que en España, “la justicia es totalmente independiente y no hay interferencia posible por parte del Ejecutivo”.

• Criticó que alguien pase directamente del Ejecutivo a un cargo judicial donde le tocará dilucidar temas que afecten al gobierno, práctica que “dice poco de lo que debe ser la división de los poderes”.

• Explicó que en España, la selección de jueces es por medio de un extenso examen (salvo en el caso de abogados de larga experiencia profesional), seguido por dos años de escuela judicial.

• Subrayó que hay que mantener siempre no solamente la imparcialidad, sino también la apariencia de imparcialidad. La menor duda al respecto debe dar lugar a la recusación del juez.

Lo grueso de la presentación de Garzón (sobre periodismo y la internacionalización de la justicia) fue reportado ya en La Prensa (ver 8 y 9 de agosto), por lo que hoy he querido resaltar algo distinto: que la reacción del público se concentró en rogar que Garzón explicara cómo un pueblo debe hacer para dotarse de justicia. Garzón se atuvo a una solución sencilla: “El ciudadano no debe pedir justicia, [sino] exigir justicia”.

La autora es corresponsal de La Prensa


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