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Juicio de Milosevic deja a mayoría de serbios con actitud cínica

Políticos reformistas en Serbia afirman que la fiscalía desperdició una oportunidad única para ganarse a un público escéptico Daniel Simpson

BELGRADO, Yugoslavia. -Si el proceso legal de Slodoban Milosevic por crímenes de guerra supuestamente debía forzar a los serbios a confrontar su culpa colectiva por atrocidades cometidas durante el decenio de los 90, ha fracasado desastrosamente hasta ahora.

Casi seis meses después de que iniciara el juicio, la mayoría de los serbios sigue convencida de que la persecución de Milosevic, el ex presidente de Yugoslavia, tiene motivos políticos. Más aún, una lucha de poder que enfrenta a dos prominentes políticos está sofocando los intentos –por arte de demócratas fuera del gobierno– para convencer a los serbios de revaluar una década de guerra y ambigüedades morales.

En octubre del 2000, cientos de miles de serbios disconformes se reunieron en masa en el centro de Belgrado, exigiendo la expulsión de Milosevic, cuando el ex mandatario trató de robarse unas elecciones, y difícilmente hay alguien aquí que lamente el fin de este autoritario gobierno.

No obstante, la actitud desafiante está arraigada en la historia de Serbia. Mucha gente aquí ha disfrutado enormemente al ver a Milosevic demorando a fiscales o negándose a cooperar en el tribunal de Naciones Unidas (ONU) en La Haya y conduciendo su propia defensa con una admiración por sí mismo que, en ocasiones, ha amenazado con hacer una farsa del mayor juicio por crímenes de guerra desde Nuremberg.

Milosevic, quien cuenta 60 años de edad, sufre de una grave dolencia cardiaca, y los jueces les han ordenado que descanse, haciendo surgir la perspectiva de que su juicio bajo cargos que tienen su origen en atrocidades cometidas en Kosovo, Bosnia y Croacia, pudiera nunca ser concluido.

Incluso, de ser así, los serbios se convencerán poco de la culpabilidad de su ex presidente.

“¡Sloba héroe!”, proclaman graffiti que adornan muchos autobuses de Belgrado. Los sondeos de opinión indican que la popularidad de Milosevic se disparó durante las primeras semanas del proceso, que abrió en febrero, cuando se transmitió en vivo por la televisión del Estado.

Ha descendido desde entonces. Empero, Milosevic es sólo ligeramente menos popular que Zoran Djindjic, el primer ministro serbio que lo extraditó el verano pasado, según la Strategic Marketing, agencia independiente dedicada a sondeos.

“Todo el juicio de Milosevic es una broma”, aseguró Svetlana Veljasevic, residente de Belgrado ya jubilada, de 56 años. “No creo que a los serbios les pueda ayudar percatarse de su culpa”.

Políticos reformistas en Serbia afirman que la fiscalía desperdició una oportunidad única para ganarse a un público escéptico. En particular, los reformistas están inconformes en cuanto a que los procedimientos iniciaron con sucesos en Kosovo, querida para los serbios como el corazón de su reino medieval y mitología nacional, lo cual permitió a Milosevic criticar amargamente el bombardeo de la OTAN sobre Yugoslavia una vez más, en 1999.

Esto tocó una fibra entre los serbios de modo instantáneo, quienes en su mayor parte se consideran como las víctimas de las guerras balsámicas y no más responsables que sus adversarios por el cuarto de millón de vidas perdidas.

“En vez de Srebrenica y Vukovar, sitios donde ocurrieron asesinatos en masa de bosnios y croatas, durante guerras en esos países, “han visto una telenovela”, expresó Goran Svilanovic, el canciller de Yugoslavia.

Otros critican al Gobierno por rehuir su propia responsabilidad para obligar a los serbios a encarar su pasado reciente.

“Parte de la culpa reside seguramente en la ambivalente postura que adoptaron las nuevas autoridades del país hacia el tribunal y los sucesos del último decenio, particularmente en los círculos en torno al presidente yugoslavo, Vojislav Kostunica”, escribió Mirko Klarin, comentarista del Instituto de Guerra y Reportajes de Paz.

Kostunica, nacionalista moderado que ha dicho que el tribunal “le revuelve el estómago”, se puso furioso cuando Djindjic entregó a Milosevic sin buscar su aprobación.

La intranquila alianza que estos dos rivales formaron para derrotar a Milosevic ya se vino abajo desde entonces, hasta convertirse en una abierta guerra política, lo cual constituye otro factor que impide la discursión pública sobre los 15 años pasados de muertes y decaimiento heredado por Milosevic.

El grupo de Djindjic tiene una clara influencia sólo en la reforma económica, que el primer ministro, por tanto, pinta como el mayor instrumento para el cambio. “Mi prioridad más alta es modernizar Serbia, empezando sobre todo por la economía”, dijo. “Estoy convencido de que si tenemos éxito en ello, el resto de la sociedad cambiará de modo gradual”.

Esta percepción pudiera también ser alimentada por el conocimiento de que buena parte de la ayuda internacional que Serbia necesita para reconstruir, tras un decenio de sanciones y corrupción, está ligada a la extradición de más sospechosos de (haber cometido) crímenes de guerra.

Los reformistas que recibieron ayuda de Estados Unidos para ganar poder se están frustrando por la presión ejercida para entregar más individuos al tribunal de La Haya, sin importar el costo político, en tanto que Estados Unidos está asegurando inmunidad para ciudadanos estadounidenses de una nueva corte mundial de crímenes de guerra.

“¿Buscan un resultado positivo aquí o quieren dar la impresión de ser moralistas?”, preguntó Djindjic. “La gente tiene que sentirse más segura en su vida cotidiana antes de que pueda reconsiderar el pasado”.

Luego de aprobar una legislación enfocada a regular la cooperación con el tribunal, algo en lo que Kostunica insistió como una condición para extradiciones futuras, las autoridades yugoslavas han publicado los nombres de aproximadamente 20 sospechosos y les han pedido que se entreguen.

Algunos lo han hecho. Sin embargo, los dos más buscados, el líder serbio-bosnio Radovan Karadzic, y su máximo general Ratko Mladic siguen estando prófugos.

 

El autor es columnista de The New York Times News Service


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