Diálogo democrático vs. fundamentalismo
democrático
Pocos países en el mundo
tienen una visión consensuada del país que desean
I. Roberto Eisenmann
Anthony Giddens escribió hace ya un lustro
un libro titulado Más allá de izquierdas y derechas, en el que analiza
muy bien la participación, la representación y el diálogo en las
democracias. Ya desde entonces se manifestaba un descontento con
las instituciones de las democracias liberales. La gente se desilusiona
con “la política” porque cada día ésta se desconecta más de sus
necesidades...cada día los políticos en el poder son menos accesibles.
Aquel dogma de la democracia liberal según el cual, por la vía electoral
elegimos nuestros representantes para que entonces aquellos elegidos
se dediquen a gobernar –por cinco años– con poder sobre el pueblo,
ya está desgastado. Aquello de que si te interesa la agenda pública,
tu único camino es sumarte a un partido político y procurar lograr
el poder público para entonces gobernar sobre el pueblo, quedó en
el pasado.
Se hizo necesario abandonar los fundamentalismos
de la democracia tradicional. Hubo que democratizar la democracia;
es así como nace la sociedad civil: instituciones privadas dedicadas
a la agenda pública sin aspirar al poder público. A través de estos
entes distintos y complementarios a los partidos políticos se produce
una mayor participación del pueblo en la agenda pública.
Con esta concepción moderna de la democratización
de la democracia, nacen los ya conocidos diálogos convocados por
el PNUD de Naciones Unidas con el beneplácito del Gobierno y de
los partidos políticos, con la participación de toda la sociedad
organizada (civil y gremial). Comenzaron bajo el gobierno Endara
con los “Bambito”; el primer paso fue sentar a la misma mesa a enemigos
(tras 21 años de dictadura) para, a través del diálogo organizado,
convertirlos en adversarios tolerantes unos de otros. Los facilitadores
fueron Mario Julio Sanguinetti y Belisario Bethancourt, dos ex presidentes
latinoamericanos admirados y admirables.
Siguieron bajo el gobierno Pérez Balladares,
los “Coronado”; ahí los diálogos produjeron consensos concretos
de gran valor para el país: las leyes para el funcionamiento del
Canal panameño, la Ley de Uso de Tierras de la ARI y, finalmente,
la Visión 2020 en la que –con la firma de todos los partidos políticos
y de toda la sociedad civil y gremial– se describe el Panamá que
queremos los panameños para el año 2020. Pocos países en el mundo
tienen una visión consensuada del país que desean.
Bajo el gobierno Moscoso se acaba de concluir
el diálogo y consenso sobre “La transformación integral de la educación”,
tema vital que en el pasado tumbó gobiernos, condenándonos al atraso
en la actividad más importante para lograr capital humano: la educación.
Ahora hubo, en vez de imposición del gobernante elegido a la manera
de la democracia liberal tradicional, un diálogo democrático y consenso
nacional.
Hubo un intento de diálogo sobre un Plan
Nacional de Integridad que –por falta de interés del Gobierno– no
se ha iniciado.
Hay un complicado diálogo sobre el futuro
de la seguridad social que está dos terceras partes consensuado,
pero faltan las jubilaciones, tema que está paralizado por la polarización
entre izquierdas y derechas. Yo pienso que el déficit numérico no
tiene ideología. Una vez consensuado cuál es el déficit, se facilitarán
las soluciones. El Gobierno propuso una contribución del Estado,
pero no lideró como se esperaba; aun así siento optimismo en que
se logrará finalmente el consenso.
Se logró también un consenso Gobierno/gremios
para la reactivación económica que sigue en proceso para otros temas
de Estado.
Ahora se inicia otro diálogo de revisión
y monitoreo de la Visión 2020, con el fin de reformar y modernizar
la institucionalidad del país, incluida una nueva Constitución.
A través de tres gobiernos de signos distintos
–y con la facilitación del PNUD–, los panameños hemos logrado una
democracia más democrática mediante el diálogo en asuntos de Estado,
que ha dado como resultado la producción de consensos nacionales
que permiten gobernabilidad en tiempos difíciles y de amplio fraccionamiento
político.
Y ahora, dígame Ud. si lo descrito no es
motivo para sentirnos optimistas y convencernos de la capacidad
ciudadana de cambiar las cosas, a pesar de los problemas que aquejan
a nuestra nación.
El autor es presidente de la Fundación para
el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
Además en opinión
• Diálogo democrático
vs. fundamentalismo democrático: I. Roberto Eisenmann
• No sólo la
crisis económica afecta al Centro Bancario: José Montano
• Golpe mortal a la
independencia electoral: José Alberto Alvarez
• La implementación
del cambio educativo: un imperativo social: Nivia Rossana Castrellón
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