Panamá, 02 de agosto de 2002
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La fina visión de María Pantalones

Con las canas incipientes de los 39 recientes, ya no resulta plausible aquello de “Martincito”

Jaime A. Porcell Alemán
japorcell@yahoo.com.mx

Si las elecciones fueran hoy, según “El pulso de la Nación” de La Prensa, Alberto llegaría rezagado 16 puntos. Desde la época de Remón, hace medio siglo, ningún candidato exhibiría ventaja tan contundente. La reciente “Encuesta de Panamá”, de RPC reitera una ventaja. Qué difícil debe resultar al favoritazo no sentir que toca la “silla”. Qué lástima; el diablillo del triunfalismo reclama su capacidad de alterarnos la realidad.

Pero el liderazgo es una escalera con peldaños de sacrificios. Arnulfo Arias, depuesto y encarcelado, declara una huelga de hambre que casi lo mata. Omar Torrijos enfrentó al imperialismo, con sólo la razón y un puñado de mártires. Pero un bisoño Martín, forcejea por convertir la derrota del 99, en un triunfo, al mejor estilo Carlos VI de Alemania, quien sin inmutarse, ordena celebrar Te Deum en la catedral, al paso que perdía Sicilia, Nápoles, Lombardía, Serbia. De hecho inaugura la campaña 2004 el mismo 2 de mayo de 1999, como todo un político de casta, es decir, sin balancear la derrota con seriedad.

En plena campaña, cuando, según encuestas, Torrijos sería el próximo presidente, yo plasmaba otra visión vía El Panamá América, en “El PRD ayudando a Martín a perder” y a días de la votación, “¿Martín botó el juego?”. Pero guardo cariño especial por aquel que titulé con una frase botada por María Carter Pantalones, quien temprano advirtió: “Cuida’o con la Mireyita”.

Hasta mediados de abril ´del 99, encuestas y adláteres que cantaban loas prematuras a la unción del rey, mantienen a Martín y equipo en perfecta euforia inocente. En plena cantadera real, dos aguafiestas pregonan cual sonsonete, “Cuida’o con la Mireyita”. Nunca faltan, eso sí, advertencias de repentinos amigos mutuos. Me previenen de la roña que producían los artículos al futuro presidente y ministros en ciernes. Aquella fue inusual señal de que me leían, pero como leen quienes buscan encontrarse bonitos. Fungí como la ventisca que distrae a sus majestades de esa caricia del céfiro veranero y que encuentran tan evocadora. Pero aquella necia ráfaga anunciaba el huracán que azotaría. Mientras, el triunfalismo va arrastrando a Nueva Nación.

Algunos sostienen que Martín evade el balance final para soslayar cuánto de virtud y defecto toca al inmenso cariño, pero también centralismo que concentran allegados y parientes. Entonces, además del director de campaña Carlos Vallarino, quién más pagará por una silla negada en el último minuto, o el equipo que lo soñó sentado seguirá intacto a riesgo de soñar una y otra vez.

Luego que sufre el golpe demoledor de aquella campaña negativa: Martín el continuismo, luego de rifársela con aquel abrazo equivocado que recibe del Toro en el Parque Porras en plena campaña, con justeza hoy puede aducir experiencia. Su equipo también quiere decirnos que aprendió. No en vano el estratega PRD, Rafael Mezquita, ante los puntos sobre un Alberto íngrimo, es quien ahora declara urgido, advirtiendo más al propio Martín que al resto de los mortales, “Cuida’o con el triunfalismo”.

Con las canas incipientes de los 39 recientes, ya no resulta plausible aquello de “Martincito”. Pero las buenas encuestas vuelven y chasquean loas flagelando unos años previos que debieron fungir como preparación. Pero, qué sacrificio ha hecho Martín para acicalar un currículum urgido de guapura. No hizo empresa, no estudia ni escribe aquel libro imprescindible, tampoco siembra un árbol. Sólo atina a dispararnos discursitos, proponer para el CEN una nómina hecha a su imagen, y caminar gastando suela como si pagara manda remedando la estrategia Mireya, además de buscarse líos dirigiendo la facción legislativa.

Hace rato no sé de María Pantalones. Seguro hoy advertiría, “cuida’o con el fulo Alberto”. Esta vez, algunos escucharían, y así como los franceses, correrían urgidos a prepararse para la guerra anterior y no para la de 2004. Pero más que él mismo, un líder es su equipo, y de persistir en la cómoda cárcel de los mismos fanáticos, entonces mejor preparar el próximo Te Deum.

El autor es investigador de mercado


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