Los panameños solo clamamos justicia
El pueblo no resulta culpable si su justo anhelo de mejores condiciones de vida y sus desoídas demandas son aprovechadas por quienes lo traicionan una vez llegan al poder
Paulino Romero
Los panameños (hombres y mujeres) del campo
y de la ciudad han adquirido una idea justa de su situación y quieren
salir de ella modificando las condiciones que la determinan. Analizan
en sus grandes líneas el panorama de la economía nacional, conscientes
de que la debilidad de ésta engendra su propia inseguridad; saben
ver dónde reside esa debilidad y no se les escapan los factores
tanto internos como externos que conspiran para acentuarla.
No podría negarse que los malos gobiernos,
la ignorancia y la corrupción –enemigos de la democracia y del bien
común–, explotan en su provecho tal sentimiento y hacen todo lo
que está en sus manos para intensificarlo y extenderlo, como asimismo
que trabajan sistemáticamente para agravar las dificultades existentes
y obstruir su solución. Sus procedimientos de desgobierno, sus prédicas
demagógicas y confusionistas, y sus tácticas propagandísticas prosperan
como sobre terreno abonado allí donde hay clientelismo político,
pero en la mayoría de la población crece la miseria y el descontento.
En verdad, el pueblo no resulta culpable
si su justo anhelo de mejores condiciones de vida y sus desoídas
demandas son aprovechadas por quienes lo traicionan una vez llegan
al poder (instaurando un régimen de gobierno en nepotismo con su
secuela de corrupción generalizada) y los inmorales aspirantes a
millonarios. La culpa está en quienes, precisamente, como reza la
vieja sentencia, tienen ojos y no ven, tiene oídos y no escuchan.
Los panameños y panameñas que vivimos estas
horas inciertas, y por ello dramáticas, del siglo XXI (y particularmente
de este desgobierno arnulfista), no debemos desentendernos de la
moral y la conducta como doctrina especulativa, así como los monjes
de los siglos caóticos en que se disolvía la civilización romana,
siguieron cultivando el saber en sus celdas mientras los bárbaros
se extendían por el mundo occidental.
Insistimos una y otra vez en que, para que
la justicia no pierda su majestad y su omnipotencia, y deje de ser
una simple enunciación principista en Panamá, quienes están encargados
de administrarla, concederla y aplicarla, han de obrar con probidad,
con honradez, con ecuanimidad y con entereza, permaneciendo inmunes
a la venalidad, impermeables a la prebenda, incontaminados de mezquinos
prejuicios e imbuidos de una probada rectitud moral que garantice
la equidad del juicio, el confinamiento de las pasiones y la repulsa
del soborno y la prevaricación.
Un tribunal de justicia (llámese corregiduría,
juzgado, fiscalía, procuraduría, contraloría, corte suprema, etc.)
sin solvencia moral, sin rigidez y sin conciencia funcional, es
un estigma para un pueblo y un signo de decadencia en el proceso
de la civilización. Urge, pues, que solidifiquemos el imperio de
la justicia en nuestro Panamá, y que los hombres, mujeres, jóvenes
y niños se sientan más seguros de sus vidas y más enamorados de
la existencia. La justicia es una seguridad de paz y de orden, y
una garantía para la estabilidad personal y general.
¡Contra la prédica negativa de los escépticos,
los materialistas y los corruptos, hay que exaltar la fe en los
valores éticos de una conducta idealista y honrada!
Recordemos que el éxito de los inmorales
y arribistas, de los que sólo van tras el logro de ventajas personales
y para obtenerlas en el más breve plazo no vacilan en echar por
la borda todo escrúpulo, es siempre efímero. Lo que se levanta sobre
el lodo y la corrupción, tarde o temprano se derrumba como un castillo
de naipes; y aunque ese derrumbe material no se produzca, a los
que disfrutan de una riqueza mal habida o alcanzan posiciones con
el engaño, les está reservado –como lo atestiguan muchos ejemplos
en la vida de los pueblos– un castigo más terrible y doloroso que
la más severa sentencia de un juez, puesto que la vergüenza está
en el delito y no en el cadalso.
Presidenta Moscoso: ¡los panameños queremos
que en Panamá habite la inteligencia y reine la justicia!
El autor es pedagogo, escritor y diplomático
Además en opinión
• Creatividad: I. Roberto
Eisenmann, Jr.
• La fina visión
de María Pantalones: Jaime A. Porcell Alemán
• Tres Patines en
puertos: Rafael Spalding
• Los panameños
solo clamamos justicia: Paulino Romero
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