Panamá, 02 de agosto de 2002
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Homenaje póstumo a Pantaleón e Indalecio

Las lecciones aprendidas de ellos han sido la base para mis logros, puesto que hoy día me han servido en el desarrollo de mi ejercicio como profesional y docente universitario

Eric Del Rosario J.

Aún no me había repuesto del dolor por la pérdida física del ex jefe, compañero, colega y amigo Pantaleón Henríquez Bernal, cuando me llega la infausta noticia de que Indalecio Rodríguez Sánchez también moría a causa de un fulminante ataque cardíaco. Con la pérdida de estos dos maestros, acaecida en no menos de tres días, perdemos a seres queridos, arquetipos de la sociedad y prohombres de sapiencia, profesionales íntegros, de alta solvencia moral, dignidad y muchas otras virtudes.

Tanto a Pantaleón Henríquez Bernal como a Indalecio Rodríguez Sánchez me unieron lazos y vínculos profesionales, y de orientación magistral y laboral; Pantaleón fue mi primer jefe e, Indalecio, mi primer orientador en los claustros universitarios en donde recibí mi primera orientación sobre el conocimiento universal por el desarrollo y aplicación de la ética profesional; del cómo manejar la información que día a día transmitimos… Pantaleón fue quien me dio la oportunidad de ejercer lo aprendido en los claustros universitarios; fue el hombre irremplazable en mis lides como bisoño en la profesión de comunicador, de relacionista público, de periodista; Indalecio fue el norte por el cual aprendí a reconocer el valor de la ética periodística y comunicacional.

Dos grandes y leales maestros y amigos he perdido yo y la sociedad en general.

Mas, no es momento para llorar ante sus tumbas, no; por el contrario, faltaría espacio y tiempo para describir y exaltar mucho la figura de estos dos grandes hombres.

Las lecciones aprendidas de ellos han sido la base para mis logros, puesto que hoy día me han servido en el desarrollo de mi ejercicio como profesional y docente universitario.

Pantaleón e Indalecio fueron personas desprendidas; transmitían conocimientos y entregaban mucho de ellos a las grandes mayorías. Sus conocimientos fueron dados a muchos profesionales en ejercicio hoy día; sus legados en las relaciones públicas, el periodismo y la publicidad nos quedan como enseñanzas imborrables.

El reconocimiento al trabajo de esta generación de profesionales de la pluma y del bien hacer, de nuevos panameños, es parte del desprendido interés de estos grandes hombres por formar a nuevos valores de la comunicación en todo el país.

Que la muerte de Pantaleón e Indalecio no implique la desaparición de sus ideales.

La muerte, como sombra que se cierne sobre cada mortal, puede ser suceso trágico. Mas, no lo veamos así. Que no se vea la partida de Pantaleón, ni la de Indalecio, como un sufrimiento. Veamos su partida como el deseo del Sumo Hacedor por querer llamar a su seno a estos dos hombres. Pensemos que en el cielo también hay trabajo de comunicación por desarrollar; pensemos que lo desarrollado por Pantaleón e Indalecio a lo largo de sus vidas como profesionales de la comunicación fue bien visto en las alturas, donde se necesitaba de su presencia, orientación, y de las buenas intenciones por consolar y reconfortar, como también ellos solían hacer en momentos de dificultades terrenales a muchos de nosotros cuando acudíamos a ellos.

Ni Pantaleón ni Indalecio temían a la muerte, pues en vida disfrutaban de sus éxitos, logros y bien hacer. La vida de Pantaleón tuvo su sentido aquí en la tierra por lo estratégico y profesional que fue. La vida de Indalecio fue especial porque orientó y enseñó a grandes mayorías con su capacidad magistral.

Cuando morimos dejamos de existir físicamente, pero esto no significa forzosamente que ahí se acabe todo.

Fijemos nuestras mentes en oraciones por estos dos grandes maestros y amigos.

Que Dios, cuyas obras son perfectas, permita que descansen en paz las almas de mis dos leales maestros y amigos, Pantaleón Henríquez Bernal e Indalecio Rodríguez.

Quisiera despedirme de don Panta, quien fuera también mi padrino de boda, con estas palabras: la voluntad de Dios es que todo hombre, criatura formada por El, se salve y llegue a un conocimiento exacto de la verdad y usted, don Panta, dio mucho para que multitudes enteras, tanto en la capital como en el interior del país, disfrutaran de su bien hacer. Usted facilitó la apertura de buenas acciones propias al Sindicato de Periodistas de Panamá y a la Asociación Panameña de Profesionales en Relaciones Públicas, entre otros gremios civiles. Usted fue un ardiente defensor por el derecho a la libertad en la democracia de este país. Pareciera que su tiempo, transcurrido y vivido aquí en la tierra, para unos fue muy corto, para otros fue fructífero, pero para mí ha sido bendecido por Dios.

Ahora, quisiera decir unas cuantas palabras a mi maestro, guía y mentor, de cuando fui estudiante universitario y de cuando, recientemente le tocaba coordinar mis publicaciones en el Semanario Capital, …a mi director del periódico, Dr. Indalecio Rodríguez: Profesor, cierto es que usted formó a muchos, educó a miles y orientó a multitudes; también es cierto que abogó por el derecho a la libre expresión de ideas y del pensamiento. Su peregrinar por la tierra fue de ocasión para que muchos aprendiéramos de usted, de sus sabios consejos. Dios misericordioso tiene un espacio para usted en el cielo. Tenga la plena seguridad de que tendremos presente día tras día sus sabios consejos, sin limitaciones. De ese modo, no solo lo recordaremos, sino que lo honraremos como hombre de bien.

Elevamos al cielo una plegaria por ustedes. Amén.

El autor es periodista


Además en opinión

Vidas ejemplares: Roberto Arosemena Jaén
Homenaje póstumo a Pantaleón e Indalecio: Eric Del Rosario J.






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