El interiorano
Teófilo
Ariz Díaz, fabricante de gamitaderas
La gamitadera es un instrumento
que imita el berrido de los venados
Alcibiades Cortés
Especial para La Prensa
nacionales@prensa.com
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Teófilo Ariz
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EL PALENQUE, Los Santos. -Teófilo Ariz Díaz es
uno de los artesanos de la región de Azuero que aún confecciona gamitaderas,
instrumento utilizado por los campesinos de esa zona hace más de un
siglo para atraer a los venados durante la caza.
Ariz, de 73 años de edad y oriundo de la comunidad
de Corozal de Macaracas, narra que “muchos animales se capturaron
con ayuda de la gamitadera”, sin embargo, su uso se perdió porque
los cazadores furtivos abusaron de la caza del venado, al punto de
convertirlo en una especie en peligro de extinción.
Quienes emplearon el instrumento por primera
vez en la región fueron los campesinos de la zona central de Azuero,
específicamente los de los corregimientos de Corozal y El Cedro.
La gamitadera se comenzó a utilizar en la
región desde el siglo XIX gracias al ingenio de los campesinos que
habitaban en las comunidades de Corozal y el Cedro de Macaracas.
Como el consumo de carne de venado era una
necesidad en aquellos años, los campesinos adoptaron una forma más
fácil de cazar al escurridizo animal, por eso se les ocurrió emplear
un instrumento que imitara su berrido.
Cuenta Díaz que el instrumento resultó un
éxito, pues cuando los ciervos lo escuchaban, se acercaban con confianza
a los cazadores, lo que aseguraba su fácil captura.
“Yo vi a mi bisabuelo usar la gamitadera
para ‘montear’ y siempre era efectiva. Sin embargo, ya para la década
del 70 había desaparecido, porque se extinguieron estas especies
(venado cola blanca) de la región y, en consecuencia, el instrumento
se dejó de construir”.
El campesino señala que el sonido de este
instrumento en la montaña se escuchaba en ocasiones hasta a un kilómetro
de distancia.
Teófilo explica que para hacer la gamitadera,
se necesita una caña delgada y hueca, a la que se le tapa uno de
sus orificios con tela de araña, la cual se pega con cera extraída
de una colmena de tierra o de los panales que construyen las abejas
tigrilla, llamadas así por los campesinos del área.
Para tocar el instrumento, hay que soplar
la caña por el orificio libre, mientras que con un dedo cierra y
abre el extremo que tiene la tela de araña.
“Con esa entrada y salida de aire se produce
un sonido similar al berrido del venado”, afirmó.
Teófilo agrega que si la gamitadera se guarda
en un lugar seco, se conserva por varios meses y hasta años.
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