Panamá, 27 de julio de 2002
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Las manías de la corrupción

Las corruptelas en todos los niveles dañan a la sociedad, porque esa forma de actuar afecta negativamente el debido proceso para resolver los problemas.

HERASTO REYES
hreyes@prensa.com

Se aprende a ser corrupto como se aprende a ser ladrón. Eso comienza en la casa, en la escuela y en la calle. También se aprenden en los mismos escenarios la honradez y la honestidad. Todo depende de cuál es la conducta que se inculque a los niños y a los jóvenes.

María del Pilar C. de Saavedra explica, en referencia a artículos publicados en La Prensa, algunos conceptos sobre el tema. La coima a los policías, la “compra” de notas en algunos colegios, el robo de las arcas públicas son faltas éticas que conducen a niveles de corrupción difíciles de medir.

Con aquello de la “ley del silencio”, entre las partes integrantes del acto de corrupción, buscan tapar la falta tanto el corrupto como el corruptor.

En los bajos niveles la corrupción tiene algunas causas que no pueden ignorarse: el desempleo, la falta de educación y las condiciones sociales de vida. En los altos niveles, las causas son otras: la ambición, el poder y la inmoralidad.

Para disminuir o eliminar la corrupción es necesario que quienes tengan ese interés ubiquen los móviles y el nivel de las personas que se involucran en estas actividades. Tan corrupto es el de abajo como el de arriba.

Hay que tener en cuenta que los aparatos burocráticos del Estado son el terreno propicio para que florezca la conducta propia de la corrupción. Por ejemplo, las largas colas para obtener un documento, una placa o, incluso para pagar algún servicio, son un síntoma inequívoco de que en medio de ello hay quienes se aprovechan de la necesidad de los ciudadanos, que a su vez se dejan aprovechar.

Cuando la obtención de un documento requiere del “vaya aquí” y del “vaya allá” y aún así no se logra lo que se busca, acude presuroso el “facilitador” que es una “institución” marginal y que negocia adentro y afuera por una coimita. Lógicamente él cobra su coima para sí, pero también para los que están adentro (en la oficina). Todo es asunto de estar ahí, esperar que los usuarios se desesperen y caigan en esta forma de resolver un problema con un acto corrupto.


Réplica a un remitido

23 de julio del 2002

Por respeto a la opinión pública y a mis colegas de profesión, me veo en la necesidad de dar respuesta a algunos señalamientos que se hacen en el remitido publicado en la edición de La Prensa correspondiente al día 22 de julio, en el sentido de que era falso el testamento ológrafo que escribió en el año de 1945 doña Carmina Adela Duque Gómez, fallecida en el año de 1994.

Lo cierto es que mientras se ventilaba el juicio de sucesión intestada de doña Carmina, por conducto de nuestra representada en el mismo, doña Rita Irene Typaldos de Ozores, se me hizo llegar aquel testamento que fue encontrado por una de las enfermeras que atendían a su tía María Xenia Duque quien lo conservaba dentro del forro de su Biblia personal.

Tanto mi representada como el que suscribe hicimos lo que ordena la ley en estos casos: presentarlo ante un juez de circuito para que ordenara su protocolización ante notario y luego incorporarlo al juicio de sucesión intestada de doña Carmina, lo que dio lugar a su suspensión y a que prosiguiera conforme a las reglas de la sucesión testamentaria.

La verdad es que en ningún momento, ni las autoridades del Ministerio Público ni las del Organo Judicial competentes para conocer de la denuncia nos han atribuido, a doña Rita de Ozores o al que suscribe la falsedad del mencionado testamento.

Antes por el contrario, la única iniciativa legal que adoptaron los parientes de doña Carmina que se sintieron afectados, fue la de denunciar su supuesta falsedad ante la Policía Técnica Judicial, denuncia que condujo a que el señor fiscal primero del Circuito de Panamá instruyera las sumarias que corresponden, las cuales culminaron con una vista fiscal suya en la que no se pide el llamamiento a juicio, sino el sobreseimiento provisional y terminaron en definitiva con una sentencia fechada el 24 de abril del 2000 en la que la juez penal de la causa declara que no existen pruebas que acrediten el hecho punible, por lo que resuelve cerrar las sumarias con un sobreseimiento provisional e impersonal.

Lo anterior es suficiente para destacar que, contrario a lo que sugiere el remitido, tanto nuestra mandante doña Rita Typaldos de Ozores como nosotros, hemos actuado de buena fe y conforme a derecho, y de que, consecuentes con la lealtad procesal a que nos conmina la ética del abogado, estaré presto a ampliar esta respuesta ante el tribunal que la contraparte escoja o ante el Colegio Nacional de Abogados, si este fuera el caso.

Carlos Lucas López T. (Galindo, Arias & López).


Señala error en uso de ordinales

22 de julio del 2002

En primera plana de La Prensa del 22 de julio se dice que el triunfo con el cual el piloto Michael Schumacher igualó a Fiengo, es su “sexuagesimoprimero”. Le agregaron al ordinal una “u” que, bien escrito, no lleva.

El desliz ortográfico me da pie para llamar la atención sobre el error en el cual se incurre cuando se dice, por ejemplo, “veintiún carreras”, “treinta y un casas”, “cuarenta y un derrotas”, “cincuenta y un victorias”, etc., en vez de veintiuna, treinta y una, cuarenta y una, cincuenta y una, etc.

Los presentadores de juegos de béisbol por radio y televisión son, quizá, quienes con más frecuencia incurren en el error que dejo señalado, sin que el mismo sea exclusivo de ellos. Deberían saber que la forma apocopada del adjetivo numeral uno (“un”) no se admite ante nombres femeninos.

Max Salabarría Patiño


La corrupción, comentarios...

21 de julio del 2002

Sobre dos escritos referentes a la corrupción, uno logró primera plana y noticia principal hoy domingo 21 y el otro salió en la página de opinión el jueves 18 de este mes.

Empezaré mis comentarios con el segundo. Escrito por Moisés A. Mizrachi, titulado “No me voy a quejar”. Estoy totalmente de acuerdo con él y creo que cada uno de nosotros tendría algo más que añadirle a su escrito.

Estoy segura de que no faltaron fariseos que se rasgaron las vestiduras al leerlos. Esos siempre están presentes cuando se señala algo malo del país, pero, curiosamente, esos mismos son los primeros en cometer alguno de los hechos de corrupción que señala Mizrachi.

Si cada uno de nosotros tuviera una bolsa y tratara de llenarla con hechos corruptos... Hagamos la prueba y meta en un saco los que usted considere; yo le adelantaré algunos:

—Vivir en el país de la perfecta impunidad; tapar o ignorar los ciudadanos desaparecidos durante la dictadura militar, comprobados oficialmente en más de 130.

—Tapar o ignorar proyectos donde se despilfarraron millones y que la justicia no ha investigado de verdad ni sancionado. A algunos de los “beneficiarios” se los indultó sin haber sido llamados a juicio; a otros se los cubrió con alabanzas.

—Tapar o ignorar fortunas a todas luces mal habidas.

—Obscenas componendas políticas.

—La codicia indecente con que los militares y sus familiares le entraron a saco a este país. Y que dieron el mejor ejemplo de que el “jugar vivo”, aquí sí paga.

—Oímos todos los días de manejos “turbios” en cooperativas, bancos, escuelas, clubes de padres de familia, empresas de todos los niveles y en todo grupo donde tiene actividad el ser humano. ¿Producto de quiénes? ¿No es de sus propios integrantes?

El segundo escrito, con declaraciones de Marcos Fernández, titulado “Corrupción agrava la crisis”. En él habla de las bondades de dos países y nos compara con Irlanda y su sistema gubernamental. Lo bien que van ellos y lo mal que vamos nosotros por culpa del gobierno, al cual no estoy defendiendo, que quede bien claro.

Apropiándome de una anécdota que unos le atribuyen a Belisario Porras, y otros a Harmodio Arias, ambos buenísimos expresidentes, le diría a Fernández, como le dijo uno de los dos a la persona que vino a alabarle el sistema de gobierno de Suiza: “tráiganme a los suizos”. Con esto creo comentarle sus observaciones.

Hace mucho tiempo, no sé de dónde lo saqué, ni quién es su autor, guardé una serie de reglas que nos vendrán muy bien ahora que tanto se habla de la corrupción, pero que todos se la sacuden, culpan a otros y se sienten ángeles sin mancha.

—No le hagas la tarea a tus hijos. Los harás unos inútiles y querrán que sean otros los que les saquen las castañas del fuego a perpetuidad.

—No firmes excusas falsas para justificar ausencias injustificables. Estás alimentando la mentira y la irresponsabilidad.

—Si tu hijo es menor de edad, no le “consigas” permisos de manejo ni cédulas brujas. Déjalos que crezcan poco a poco.

—No hagas regalos costosos a los maestros ni los sofoques con tus problemas familiares. Eso se llama chantaje moral.

—Si eres docente, no des clases especiales a tus propios alumnos. Perderás toda tu objetividad a la hora de calificarlos.

—No sobornes a nadie y menos delante de tus hijos. Luego no te quejes cuando te falten el respeto.

—No le des coima a un policía para evitarte una boleta. Si eres culpable, págala; si no lo eres, tómate la molestia de hacer el reclamo. Te sorprenderán los resultados que se obtienen.

—Si tienes acceso a los recursos del Estado, no los uses en beneficio privado. Se pagan con mis impuestos y me enfurezco cuando se le da mal uso a mi plata.

—Déjate de hacer puentes para robar electricidad. Ahorra luz.

—No te conectes a los tevecables si no estás afiliado. Si no puedes pagarlo, vive tu realidad.

—Si eres culpable de un error, no le eches la culpa a otro. No seas miserable.

—Ya que tienes poder, no practiques el favoritismo. La justicia es ciega, pero no tonta.

—Paga los salarios justos a tus empleados. No te enriquezcas a costillas de otros.

—Si no estás preparado para un puesto (gubernamental), no lo aceptes. Mientras juegas a ensayo y error, todos perdemos.

—No utilices tus encantos para escalar posiciones ni vivas de prebendas. Eso tiene su nombre.

—No consientas la impunidad en la mentira o la intriga. El que calla otorga.

—Y por último, hazle frente a la corrupción. No te calles. Denuncia, denuncia, denuncia.

Si además de esto vas añadiendo hechos que todos los días ves pero que por lo constantes ya los encuentras normales, verás que el saco se ha vuelto un contenedor inmenso.

María del Pilar C. de Saavedra




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