|
Las manías de la corrupción
Las corruptelas en todos los niveles
dañan a la sociedad, porque esa forma de actuar afecta negativamente
el debido proceso para resolver los problemas.
HERASTO REYES
hreyes@prensa.com
Se
aprende a ser corrupto como se aprende a ser ladrón. Eso
comienza en la casa, en la escuela y en la calle. También
se aprenden en los mismos escenarios la honradez y la honestidad.
Todo depende de cuál es la conducta que se inculque a los
niños y a los jóvenes.
María del Pilar C. de Saavedra explica,
en referencia a artículos publicados en La Prensa,
algunos conceptos sobre el tema. La coima a los policías,
la compra de notas en algunos colegios, el robo de las
arcas públicas son faltas éticas que conducen a niveles
de corrupción difíciles de medir.
Con aquello de la ley del silencio,
entre las partes integrantes del acto de corrupción, buscan
tapar la falta tanto el corrupto como el corruptor.
En los bajos niveles la corrupción tiene
algunas causas que no pueden ignorarse: el desempleo, la falta de
educación y las condiciones sociales de vida. En los altos
niveles, las causas son otras: la ambición, el poder y la
inmoralidad.
Para disminuir o eliminar la corrupción
es necesario que quienes tengan ese interés ubiquen los móviles
y el nivel de las personas que se involucran en estas actividades.
Tan corrupto es el de abajo como el de arriba.
Hay que tener en cuenta que los aparatos burocráticos
del Estado son el terreno propicio para que florezca la conducta
propia de la corrupción. Por ejemplo, las largas colas para
obtener un documento, una placa o, incluso para pagar algún
servicio, son un síntoma inequívoco de que en medio
de ello hay quienes se aprovechan de la necesidad de los ciudadanos,
que a su vez se dejan aprovechar.
Cuando la obtención de un documento
requiere del vaya aquí y del vaya allá
y aún así no se logra lo que se busca, acude presuroso
el facilitador que es una institución
marginal y que negocia adentro y afuera por una coimita. Lógicamente
él cobra su coima para sí, pero también para
los que están adentro (en la oficina). Todo es asunto de
estar ahí, esperar que los usuarios se desesperen y caigan
en esta forma de resolver un problema con un acto corrupto.
Réplica a un remitido
23 de julio del 2002
Por respeto a la opinión pública
y a mis colegas de profesión, me veo en la necesidad de dar
respuesta a algunos señalamientos que se hacen en el remitido
publicado en la edición de La Prensa correspondiente al día
22 de julio, en el sentido de que era falso el testamento ológrafo
que escribió en el año de 1945 doña Carmina
Adela Duque Gómez, fallecida en el año de 1994.
Lo cierto es que mientras se ventilaba el juicio
de sucesión intestada de doña Carmina, por conducto
de nuestra representada en el mismo, doña Rita Irene Typaldos
de Ozores, se me hizo llegar aquel testamento que fue encontrado
por una de las enfermeras que atendían a su tía María
Xenia Duque quien lo conservaba dentro del forro de su Biblia personal.
Tanto mi representada como el que suscribe
hicimos lo que ordena la ley en estos casos: presentarlo ante un
juez de circuito para que ordenara su protocolización ante
notario y luego incorporarlo al juicio de sucesión intestada
de doña Carmina, lo que dio lugar a su suspensión
y a que prosiguiera conforme a las reglas de la sucesión
testamentaria.
La verdad es que en ningún momento,
ni las autoridades del Ministerio Público ni las del Organo
Judicial competentes para conocer de la denuncia nos han atribuido,
a doña Rita de Ozores o al que suscribe la falsedad del mencionado
testamento.
Antes por el contrario, la única iniciativa
legal que adoptaron los parientes de doña Carmina que se
sintieron afectados, fue la de denunciar su supuesta falsedad ante
la Policía Técnica Judicial, denuncia que condujo
a que el señor fiscal primero del Circuito de Panamá
instruyera las sumarias que corresponden, las cuales culminaron
con una vista fiscal suya en la que no se pide el llamamiento a
juicio, sino el sobreseimiento provisional y terminaron en definitiva
con una sentencia fechada el 24 de abril del 2000 en la que la juez
penal de la causa declara que no existen pruebas que acrediten el
hecho punible, por lo que resuelve cerrar las sumarias con un sobreseimiento
provisional e impersonal.
Lo anterior es suficiente para destacar que,
contrario a lo que sugiere el remitido, tanto nuestra mandante doña
Rita Typaldos de Ozores como nosotros, hemos actuado de buena fe
y conforme a derecho, y de que, consecuentes con la lealtad procesal
a que nos conmina la ética del abogado, estaré presto
a ampliar esta respuesta ante el tribunal que la contraparte escoja
o ante el Colegio Nacional de Abogados, si este fuera el caso.
Carlos Lucas López T. (Galindo, Arias
& López).
Señala error en uso
de ordinales
22 de julio del 2002
En primera plana de La Prensa del 22 de julio
se dice que el triunfo con el cual el piloto Michael Schumacher
igualó a Fiengo, es su sexuagesimoprimero. Le
agregaron al ordinal una u que, bien escrito, no lleva.
El desliz ortográfico me da pie para
llamar la atención sobre el error en el cual se incurre cuando
se dice, por ejemplo, veintiún carreras, treinta
y un casas, cuarenta y un derrotas, cincuenta
y un victorias, etc., en vez de veintiuna, treinta y una,
cuarenta y una, cincuenta y una, etc.
Los presentadores de juegos de béisbol
por radio y televisión son, quizá, quienes con más
frecuencia incurren en el error que dejo señalado, sin que
el mismo sea exclusivo de ellos. Deberían saber que la forma
apocopada del adjetivo numeral uno (un) no se admite
ante nombres femeninos.
Max Salabarría Patiño
La corrupción, comentarios...
21 de julio del 2002
Sobre dos escritos referentes a la corrupción,
uno logró primera plana y noticia principal hoy domingo 21
y el otro salió en la página de opinión el
jueves 18 de este mes.
Empezaré mis comentarios con el segundo.
Escrito por Moisés A. Mizrachi, titulado No me voy
a quejar. Estoy totalmente de acuerdo con él y creo
que cada uno de nosotros tendría algo más que añadirle
a su escrito.
Estoy segura de que no faltaron fariseos que
se rasgaron las vestiduras al leerlos. Esos siempre están
presentes cuando se señala algo malo del país, pero,
curiosamente, esos mismos son los primeros en cometer alguno de
los hechos de corrupción que señala Mizrachi.
Si cada uno de nosotros tuviera una bolsa y
tratara de llenarla con hechos corruptos... Hagamos la prueba y
meta en un saco los que usted considere; yo le adelantaré
algunos:
Vivir en el país de la perfecta
impunidad; tapar o ignorar los ciudadanos desaparecidos durante
la dictadura militar, comprobados oficialmente en más de
130.
Tapar o ignorar proyectos donde se despilfarraron
millones y que la justicia no ha investigado de verdad ni sancionado.
A algunos de los beneficiarios se los indultó
sin haber sido llamados a juicio; a otros se los cubrió con
alabanzas.
Tapar o ignorar fortunas a todas luces
mal habidas.
Obscenas componendas políticas.
La codicia indecente con que los militares
y sus familiares le entraron a saco a este país. Y que dieron
el mejor ejemplo de que el jugar vivo, aquí sí
paga.
Oímos todos los días de
manejos turbios en cooperativas, bancos, escuelas, clubes
de padres de familia, empresas de todos los niveles y en todo grupo
donde tiene actividad el ser humano. ¿Producto de quiénes?
¿No es de sus propios integrantes?
El segundo escrito, con declaraciones de Marcos
Fernández, titulado Corrupción agrava la crisis.
En él habla de las bondades de dos países y nos compara
con Irlanda y su sistema gubernamental. Lo bien que van ellos y
lo mal que vamos nosotros por culpa del gobierno, al cual no estoy
defendiendo, que quede bien claro.
Apropiándome de una anécdota
que unos le atribuyen a Belisario Porras, y otros a Harmodio Arias,
ambos buenísimos expresidentes, le diría a Fernández,
como le dijo uno de los dos a la persona que vino a alabarle el
sistema de gobierno de Suiza: tráiganme a los suizos.
Con esto creo comentarle sus observaciones.
Hace mucho tiempo, no sé de dónde
lo saqué, ni quién es su autor, guardé una
serie de reglas que nos vendrán muy bien ahora que tanto
se habla de la corrupción, pero que todos se la sacuden,
culpan a otros y se sienten ángeles sin mancha.
No le hagas la tarea a tus hijos. Los
harás unos inútiles y querrán que sean otros
los que les saquen las castañas del fuego a perpetuidad.
No firmes excusas falsas para justificar
ausencias injustificables. Estás alimentando la mentira y
la irresponsabilidad.
Si tu hijo es menor de edad, no le consigas
permisos de manejo ni cédulas brujas. Déjalos que
crezcan poco a poco.
No hagas regalos costosos a los maestros
ni los sofoques con tus problemas familiares. Eso se llama chantaje
moral.
Si eres docente, no des clases especiales
a tus propios alumnos. Perderás toda tu objetividad a la
hora de calificarlos.
No sobornes a nadie y menos delante de
tus hijos. Luego no te quejes cuando te falten el respeto.
No le des coima a un policía para
evitarte una boleta. Si eres culpable, págala; si no lo eres,
tómate la molestia de hacer el reclamo. Te sorprenderán
los resultados que se obtienen.
Si tienes acceso a los recursos del Estado,
no los uses en beneficio privado. Se pagan con mis impuestos y me
enfurezco cuando se le da mal uso a mi plata.
Déjate de hacer puentes para robar
electricidad. Ahorra luz.
No te conectes a los tevecables si no
estás afiliado. Si no puedes pagarlo, vive tu realidad.
Si eres culpable de un error, no le eches
la culpa a otro. No seas miserable.
Ya que tienes poder, no practiques el
favoritismo. La justicia es ciega, pero no tonta.
Paga los salarios justos a tus empleados.
No te enriquezcas a costillas de otros.
Si no estás preparado para un
puesto (gubernamental), no lo aceptes. Mientras juegas a ensayo
y error, todos perdemos.
No utilices tus encantos para escalar
posiciones ni vivas de prebendas. Eso tiene su nombre.
No consientas la impunidad en la mentira
o la intriga. El que calla otorga.
Y por último, hazle frente a la
corrupción. No te calles. Denuncia, denuncia, denuncia.
Si además de esto vas añadiendo
hechos que todos los días ves pero que por lo constantes
ya los encuentras normales, verás que el saco se ha vuelto
un contenedor inmenso.
María del Pilar C. de Saavedra
|