Subsidio estatal para aliviar
la pobreza extrema
Debemos tener presente
que la pobreza extrema no se produce porque la gente devenga bajo
salario; se produce porque hay quienes no tienen cómo ganarse absolutamente
nada
Reynaldo Rivera P.
Hoy día vemos cómo las manifestaciones de
pobreza extrema se hacen más notorias. Las cifras que indican que
en nuestro país, la pobreza extrema alcanza el 26.5% de la población,
o sea, más de 750 mil panameños, han dejado de ser números fríos
e indiferentes para convertirse en una realidad patética a la vista
de todos los panameños. Los reportajes televisivos donde se aprecian
esos hogares tan deplorables y niños que vienen al mundo con una
desnutrición crítica, condenados a vivir un calvario durante toda
su existencia, al igual que sus descendientes y ascendientes, constituyen
una realidad que produce espanto y dolor.
Mientras eso ocurre, los gobernantes anteriores,
actuales y futuros, analizan desde su “mesa de cálculo” las mejores
estrategias políticas, unos para conservarse en el poder y otros
para reposeerlo.
Otros que se proclaman los incansables luchadores
por los intereses de los trabajadores, como son los grupos obreros
y sindicales, aclaman un aumento en el salario mínimo porque, según
ellos, es la mejor forma de distribuir riquezas. Les importa un
pito con los que no tienen empleo y además pareciera que consideran
que por designio divino, siempre tendrán uno.
Debemos tener presente que la pobreza extrema
no se produce porque la gente devenga bajo salario; se produce porque
hay quienes no tienen cómo ganarse absolutamente nada y lo peor
de todo es que a su vez tienen personas que dependen de ellos.
Nadie piensa con preocupación y seriedad
en aquellas familias en las que nadie trabaja y día a día tienen
que vérselas para buscar el tan apreciado mendrugo. Tampoco se piensa
en lo difícil y traumático que es para un padre o una madre ver
a sus hijos sucumbir lentamente por la desnutrición, sin que haya
alguien que le dé la mano al menos para mitigar la desesperación
de sus seres queridos.
La pregunta es: ¿Hay que esperar que como
producto de las genialidades emanadas del Diálogo para la Reactivación
Económica, se produzca el incremento en el PIB (Producto Interno
Bruto) para darle comida y medicinas a los panameños?
¿Hay que esperar la tan cacareada reforma
tributaria, el uso eficaz del Fondo Fiduciario y el resultado de
las negociaciones de los TLC, para combatir la hambruna?
¿No es posible que con una parte de todo
ese dinero que se fumigan los gobernantes, se constituya un fondo
para desempleados al menos para que subsistan, mientras logren conseguir
un empleo? Si ya estamos endeudados hasta el cuello, como consecuencia
de la falta de control sobre el gasto público –que es mayor que
los ingresos corrientes– ¿por qué no hacer lo mismo para que la
gente no tenga que vivir en la indigencia?
El cálculo es sencillo: con un subsidio estatal
de 80 balboas mensuales a 150 mil familias que vivan en pobreza
extrema, resultaría un gasto anual de 144 millones de balboas que
muy bien pueden obtenerse de la contención del gasto público, principalmente
en el renglón de salarios, viajes, partidas discrecionales, del
aumento en rendimientos de inversiones como el Fondo Fiduciario
y en empresas mixtas; algunas reformas (dije algunas) al sistema
tributario; restablecer el pago anual aproximado de 30 millones
a Panama Ports Company (PPC) y buscar una manera menos sacrificada
para el Estado de concretar inversión requerida.
Ojalá que a alguien se le ablande el corazón
y presente a la Asamblea Legislativa un proyecto de ley que promueva
un paliativo de esta naturaleza, y con ello se le dé esperanza de
vida a una gran cantidad de panameños que aún tienen fe en que alguien
los mire y haga algo por ellos.
El autor es licenciado en contabilidad
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