Panamá, 15 de julio de 2002
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Constitución está 'desfasada'

No podemos estar pensando en cambios constitucionales, “porque se confirmaría la tesis de la sastrería constitucional panameña”, destacó el abogado Silvio Guerra

Nubia Aparicio S.
naparicio@prensa.com

La tendencia constitucional latinoamericana se inclina a producir nuevos textos constitucionales que rijan los destinos de los países y en Panamá “ya es hora de que se produzca una nueva Constitución”.

Así lo afirmó el catedrático de derecho constitucional Silvio Guerra Morales, quien indicó que no podemos estar pensando en cambios constitucionales, “porque se confirmaría la tesis de la sastrería constitucional panameña”.

“Ya basta de estar poniéndole remiendos y parches a la Constitución”, indicó el abogado.

A juicio de Guerra, la principal razón para sostener que es menester un nuevo texto constitucional para la República de Panamá, es que la Constitución de 1972 “se quedó totalmente desfasada, anquilosada” frente a los acentuados cambios que se han dado a nivel de la economía, en la evolución de las garantías o derechos fundamentales, pero también frente a la necesidad urgente de reformar todo cuanto atañe a los poderes del Estado panameño.

Guerra explicó que para hacer una nueva Constitución hay que pensar en dos vías: la primera, es la de la Constituyente con poderes originarios y, la otra, es la que se ha denominado la Constituyente paralela.

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Sin embargo, destacó el abogado, ninguna de las dos vías funcionaría si no existe previamente un consenso, una concurrencia de voluntades que debe emanar de los llamados factores reales del poder político.

De acuerdo con el abogado, el estado de cosas actual indica que el tema de una nueva Constitución no forma parte de la agenda política, mucho menos de la agenda jurídica del partido que ejerce el poder político actual.

Una 'dictadura de partidos'

Según dijo, la actual Constitución, en lo que atañe a los partidos políticos, tutela y patrocina una “dictadura de partidos”, porque conforme al texto constitucional, estos son los únicos mecanismos de expresión de la voluntad política del pueblo panameño.

Guerra puso como ejemplo el hecho de que muchos estudiosos, politólogos y sociólogos panameños han hablado de la tercera fuerza, la cual constituye la mayor cantidad de la población.

Esa tercera fuerza, dijo, al no tener desde la perspectiva constitucional la posibilidad efectiva y concreta de fijar, establecer o participar con candidato propio, por no tener organización política o partido político, entonces queda a merced de las decisiones caudillistas de quienes regentan los partidos políticos en nuestro país.

En Panamá, históricamente, han sido los partidos quienes dirigen y encauzan los intereses del pueblo panameño, recordó.

De acuerdo con el jurista, los gobernantes, a sabiendas de que la Constitución patrocina las formas irregulares del ejercicio del poder político, lo que menos quieren es reformar la Constitución, porque olvidan que la del 72 fue hecha para justificar el ejercicio de poderes políticos.

Al referirse al método para crear la nueva Constitución, Guerra se mostró en desacuerdo con que una Constituyente con poderes originarios pueda ser viabilizadora de la pretensión para institucionalizar el estado de cosas en el país.

Por una Constituyente paralela

A su juicio, la experiencia colombiana sirve como ejemplo para otros países, pues ese país siguió una Constituyente paralela, lo que significa que el Estado sigue funcionando a través del gobierno en el momento en que se decide hacer una nueva Constitución; la Constituyente tendría la obligación de producir el nuevo texto constitucional, pero se respeta el estado de cosas hasta tanto surja la nueva Ley Fundamental.

“Es menester que en Panamá se respete la institucionalidad existente conforme a la Constitución actual, pero producida una nueva, es claro, entonces, que tiene que enrumbarse la nación, tiene que encaminarse el Estado conforme a las nuevas disposiciones”, apuntó el catedrático universitario.

Guerra destacó que Panamá, a través de un nuevo texto constitucional, tiene que definir cuál es su filosofía en materia de derechos y garantías individuales sociales.

En ese orden de ideas, el abogado indicó que se hace imprescindible ampliar el número de las mencionadas garantías.

A su juicio, las garantías judiciales tienen, igualmente, que ser ampliadas. Recordó que la Constitución actual en su artículo 32 se refiere al principio del debido proceso, sin embargo, la experiencia de países como Chile, Colombia, Venezuela, España e Italia, han expresado en sus nuevas constituciones garantías judiciales que van desde la cláusula constitucional de la inviolabilidad de la defensa en juicio, hasta el derecho al efectivo recurso en cualquier tipo de juzgamiento.

El abogado es de la opinión de que Panamá también tiene que definir su filosofía en materia educativa, hacia dónde quiere el Estado orientar el sistema educativo nacional.

Agregó que también tenemos que definir las nuevas cláusulas de reforma constitucional.

Guerra criticó la Carta Magna panameña al señalar que “cuando uno la compara con otras de América, se da cuenta de que se trata de una Constitución “deficiente, superficial”.

El abogado también se refirió a que la Corte ya no sabe “hasta cuánto más estirar” para los efectos de interpretar un determinado texto constitucional.

“Ya la Constitución panameña es un elástico que no puede ser estirado un centímetro más, porque, de lo contrario, se rompería y se quebraría la consistencia jurídico-constitucional del Estado panameño”, puntualizó.


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