Panamá, 15 de julio de 2002
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Canas al aire

Los bolsillos de los señores, aunque abultados por recetas, fotos y papelitos, no se comparan con las cargas de las señoras

Berna D. Calvit
bdcalvit@sinfo.net

Cobrar el cheque de jubilada en la estafeta de correos es, para mí, todo un evento social. Mientras espero, observo, escucho las conversaciones, participo, saludo, y me saludan. De esas observaciones he llegado a conclusiones, nada científicas, por supuesto. El 95% de las señoras jubiladas nos pintamos las canas con colores claros (el negro avejenta); de ese porcentaje, alrededor del 80% aguanta de cuatro a seis meses entre tinte y tinte, sobre todo por la crisis económica con la que entusiasta contribuye la presidenta Moscoso. Por tal razón las canas, indiscretas como ellas solas, andan de su cuenta entre desvaídos rubios, caobas o castaños. Mis observaciones indican que preferimos zapatos bajos o de medio tacón, preferiblemente con algo de acolchonamiento; la vestimenta favorita es el pantalón cómodo y la blusa, floja y por fuera, es buen truco para disimular los rollitos y un trasero que, por la implacable fuerza de la gravedad pasó, para ponerlo en forma figurada, de la azotea al primer piso y en algunos casos, al sótano. Usamos bolsos amplios para los recibos de teléfono, agua y luz de varios meses por si acaso sale un saldo equivocado; para la billetera, repleta de fotos de los nietos, y de recetas para el Seguro Social, el pastillero, con antiinflamatorios, tabletas para la presión alta, la insulina o un caramelo por si se baja el azúcar, un sedante para atrevernos a cruzar la calle, para dormir sin pensar en Barés el de la Policía, en Afú, magistrados o CEMIS; y decenas de papelitos con lo que teníamos que hacer o comprar en las últimas semanas y anotaciones que se nos olvida para qué las necesitábamos. No faltan en los bolsos limas, tarjetas, calendarios y fósforos de todas las financieras que nos caen encima ofreciéndonos préstamos al ritmo de una pareja de véteros bailando chachachá a bordo de un crucero, deuda pagadera en lo que nos reste de vida.

Los señores también se han sumado a la clientela del tinte y puedo jurar que he visto parejas gemelas del tinte, que por los cabellos que se han hecho escasos, bien alcanza para dos cabezas. Los bolsillos de los señores, aunque abultados por recetas, fotos y papelitos, no se comparan con las cargas de las señoras; ellos también han cambiado los zapatos de cuero por la flexible lona o las zapatillas; y el que lleva zapatos, se asegura de que sean tan cómodos como babuchas. Cosas de la edad, cuando la comodidad se vuelve más importante que la vanidad. Pero la verdadera razón por la que me gusta formar fila para cobrar es que se oyen conversaciones la mar de interesantes. Los jubilados, que ya no tenemos “pepitas en la lengua” para protestar, porque el cheque ya lo tenemos del lado de acá (a menos que trabajadores, empresarios y Gobierno no se pongan de acuerdo para salvar la CSS), nos damos gusto hablando de lo que nos viene en gana. Que si es un descaro llamar a sesiones extraordinarias para proteger a los legisladores impunes; el Gobierno no debió autorizar la tarifa única; tengo ocho meses de estar esperando que me operen las cataratas; qué sinvergüenzura que Cárdenas, magistrado suplente de Spadafora (que se declaró impedido para el caso Afú) falló a favor de Afú y oiga, ese señor Jacinto Cárdenas, ¿no es el mismo que estaba en la lista de llamadas de Afú cuando la elección de los magistrados?

Quiero decirle, apreciado lector, que los jubilados estamos en todas, ¡no se nos pasa una! Somos urbanistas expertos y creemos que es locura absoluta querer hacer una ciudad gubernamental en Howard, y otra ñamería un hipódromo en Amador. Solidarios con don Chincho, nos cayó réquete mal que doña Mireya insinuara –molesta por la crítica respetuosa de don Chinchorro, jubilado insigne– que Weeden le tiene algunas “cositas”; qué respuesta de tan poca altura, mejor sería que Weeden actuara sobre las “cosotas” del Gobierno; y mire usted la pelotera con lo del IDAAN porque todo sale chueco por algún lado y donde vivo no hay agua desde hace meses, así que ahora con las presiones al señor Guardia, con presión o sin presión vamos a seguir como gorgojos. ¡Qué barbaridad!

Con los HP sacamos cuentas: los HP ¿persiguen a la presidenta Moscoso, o es ella quien los persigue? Porque mire, una vez llegó la doña con su HP a auxiliar por los lados de Chame; otra vez fue cuando el HP de Hanta Corportation se hundió porque lo hundieron y llegó el HP presidencial a ver qué pasaba; y en estos días un HP que se perdió, pero que no se había perdido nada. De veras que los HP y la presidenta se atraen como imanes y yo tengo suscrito el 1430 con mi billetera. ¡Y los accidentes con las rutas terrestres de la presidenta! Un auto accidentado con ella adentro; otro, saliendo de la casa de una amistad de la presidenta y el último, un atropello. Menos mal que no es salada, como dijo cuando ganó Brasil. Después de contarles cómo es el asunto en las filas de los jubilados, espero que entiendan por qué, para mí, ir a cobrar es casi tan divertido como echar una cana al aire.

La autora es comunicadora social

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