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Violencia
Nuevos métodos definen la práctica
de la violencia en la actualidad. Desde hace un tiempo han entrado
a escena los sicarios y con ellos comienza la zozobra.
HERASTO REYES
hreyes@prensa.com
En las últimas semanas varios crímenes, algunos de
manos de sicarios, han llamado la atención de la ciudadanía.Con
métodos poco comunes en Panamá, se paga a cualquier
matón para que cometa algún asesinato. En Colón,
con el asesinato del aduanero Aquiles García, fue así.
Vino la amenaza y, días después, los balazos.
La raíz de este mal radica en el contrabando y el narcotráfico.
En Medellín en los años 80, las peleas entre bandas
de traficantes bañaron de sangre a la ciudad.
La situación en Panamá no llega a esos niveles, pero
lo que ha sucedido sí es una voz de alarma, como para que
las autoridades hagan un esfuerzo y busquen superar las causas del
problema.
Las pesquisas, las investigaciones, la detención y posterior
juicio pueden ayudar al escarmiento, pero son un remedio tardío.
Tampoco se puede pensar que las autoridades tienen la capacidad
de poner guardaespaldas a todos los funcionarios o empresarios que
trabajan en las entidades o empresas de interés para los
delincuentes.
La violencia no es un fenómeno nuevo, la ha habido siempre,
pero los métodos sí varían. Ahora el asesino
verdadero no va al campo de batalla, opta por pagar a algún
delincuente para que le haga el trabajo.
Pese a que no hay novedad en la práctica de la violencia,
sí hay nuevos ajustes en los métodos y allí
debe radicar la principal preocupación de las autoridades
y de la comunidad en general.
Cartas y comentarios
Crítica frente a desaparición
de Talingo
4 de julio del 2002
Dado que, a pesar de ser panameña, no vivo en Panamá
y que generalmente solo suelo leer la edición en internet
de La Prensa, acabo de descubrir, con algo de tardanza, dos comentarios
sobre el cierre del suplemento cultural Talingo, uno escrito por
su ex-directora, Adrienne Samos, y el otro por su ex-asistente editorial
y actual correctora de La Prensa, Carmen Cabello.
A Samos quisiera darle mi más sincero pésame
por esta desaparición súbita de su suplemento en La
Prensa, pues aunque en más de alguna ocasión no estuve
de acuerdo con el contenido o con algún comentario publicado
en dicho suplemento, pienso que la desaparición de Talingo
es realmente una pérdida importante para la prensa (y sobre
todo la cultura) panameña, teniendo en cuenta la tierra baldía
que Panamá puede llegar a ser (más a menudo de lo
que estoy segura que muchos panameños quisieran) con respecto
al desarrollo de las iniciativas o actividades culturales en general.
Por ello le deseo a Samos la mejor de las suertes en esta nueva
etapa independiente de Talingo.
Por otro lado, tanto la reflexión de Samos, como la de Cabello,
me han hecho a su vez reflexionar en algo que tal vez por obvio
no hayan tenido en cuenta, independientemente de los factores económicos
que puedan haber influido en el cierre del suplemento. ¿Qué
es el arte y, más aún, qué es la cultura?
Creo haber entendido en los comentarios de ambas, básicamente
que Talingo no buscó ser ni refugio de una élite intelectual
ni nido de la mediocridad local (o universal, supongo), sino (y
cito a Samos textualmente) tener la excelencia como único
norte. ¿Pero qué es la excelencia en el arte
y en la cultura? Me imagino que el Premio Príncipe Claus
2001 que se le otorgó a Talingo es para Samos la mejor prueba
de la excelencia cultural del contenido de Talingo, y probablemente
tenga bastante razón en creerlo, pero me gustaría
recordarle que un premio no siempre es sinónimo de la excelencia
como concepto arquetípico, sino como concepto subjetivo,
pues está basado en el criterio de un jurado compuesto por
personas concretas cuyo gusto particular (además de una serie
de intereses de otro tipo que puede haber de por medio) es el que
decide lo que la excelencia es en el contexto de ese premio. Digamos
que los premios Nobel, que probablemente representan la expresión
máxima de premiación cultural a nivel mundial, son
el ejemplo más claro de la subjetividad a la hora de elegir
a los premiados.
Supongo que el hecho de que el premio Príncipe Claus lo
concede un país como Holanda, que está en Europa y
a la que Latinoamérica (y supongo que más de medio
mundo en general) suele venerar como la cuna de la cultura
de nuestra civilización actual, habrá influido en
esta corroboración de la excelencia del contenido de Talingo
que menciona Samos. ¿Pero es Europa el único barómetro
válido de la excelencia en la cultura o en las artes? Aquí
me gustaría comentar, como anécdota curiosa, que Holanda,
país que ahora otorga premios Príncipe Claus, ignoró
por muchísimo tiempo a dos grandes pesos pesados suyos de
la pintura, Rembrandt y Van Gogh (pero ahora por supuesto que sabe
aprovecharse muy bien de los ingresos que la obra de dichos pintores
aporta tanto al patrimonio artístico, como económico
de ese país). Así que, a juzgar por la historia del
arte de Holanda, no sé si realmente pueden darnos lecciones
de juicios acertados de excelencia.
Pero, anécdotas aparte, lo que intento decirle a Samos es
que, aunque tal vez la intención de su suplemento no era
ser elitista ni promocionar la mediocridad, creo personalmente que
en más de una ocasión dio la impresión (sobre
todo a alguien como yo, que justamente vive hace muchos años
en Europa) de que el concepto de excelencia de Talingo puede haber
estado influido por cierto elitismo (la excelencia según
Europa), lo cual puede haber generado cierta mediocridad (el
esnobismo de pensar que solo Europa y la crítica europea
nos pueden dar criterios de excelencia). Es evidente que, dado el
volumen de población del mundo, excelencia en el arte existe
potencialmente en muchos artistas o creadores, estén o no
reconocidos en un momento dado. Y aunque supongo también
que Talingo intentó en general resaltar la obra de desconocidos,
como forma de contrarrestar la excesiva publicidad que se le da
en general a la obra de aquellos conocidos que están dentro
de esa corriente dominante de cultura, es también
evidente que puede haber mediocridad o excelencia tanto en unos
como en otros, pero que si se parte de un concepto de excelencia
que tiene algo de corrección política
(es decir, prefiero exaltar a un escritor que no lo conocen casi
ni en su propio país por el mero hecho de ser desconocido,
pero luego no hago lo mismo con los locales), no es de extrañar
que haya habido voces de crítica contra Talingo.
Por último, dice Cabello que en un país donde,
sin pudor alguno, cualquiera que esboce unas líneas se llama
escritor, cualquiera que dé unas pinceladas se llama artista,
o cualquiera que conozca unos cuantos versos de Neruda cree que
la poesía del chileno no tiene sus puntos débiles,
le recuerdo que este mismo comentario se podría aplicar también
a ella misma, a su trabajo como asesora editorial en Talingo y a
la columna de comentario que publica en La Prensa, pues entiendo
que su preparación es sólo como profesora de español,
no como periodista (mis disculpas de antemano si estoy equivocada
a este respecto), así que ya ve que también en Panamá
cualquiera puede ser periodista y publicar una columna de opinión.
En cualquier caso, pienso que generalizar de esta manera y meter
en un mismo saco a todos los creadores o artistas potenciales de
Panamá, y además (y disculpe nuevamente si me equivoco
al respecto) con cierto tufillo de superioridad europea (aunque,
como usted debe saber, los franceses decían que Europa empezaba
a partir de los Pirineos), no es de recibo para alguien cuya opinión
quiere ser tomada en serio.
En fin, a pesar de esta crítica (que espero que se tome
de manera constructiva), como dije al principio, espero sinceramente
que Talingo resurja plenamente renovado en esta nueva etapa.
Ivette Camargo López (Traductora técnica).
Cochez replica tratamiento informativo
11 de julio de 2002
El hecho de haber sido uno de los fundadores del diario La Prensa
y que durante sus 22 años de existencia haya sido el que
más ha escrito en sus páginas de opinión, no
me exime del escrutinio de los medios de comunicación, sobre
todo por la trayectoria que siempre he llevado de cuestionar los
hechos que considero de corrupción dentro de nuestra sociedad.
Sin embargo, ello no implica que cuando ese escrutinio se exagera
y se tergiversa con fines ajenos al periodismo serio y responsable,
que un diario como La Prensa debe mantener, no proceda, como es
el caso de la presente misiva, a exponer lo que considero ha sido
un acto de irresponsabilidad y mala fe de La Prensa, que me ha causado
tremendos daños y perjuicios. Me refiero a la forma cómo
han envuelto mi nombre y el de mi firma de abogados, en lo relacionado
al auxilio internacional que las autoridades panameñas brindan
a las de Nicaragua con relación a supuesta corrupción
en ese país de quien en el gobierno de Arnoldo Alemán
fungió como director de Ingresos de Nicaragua, señor
Byron Jerez, a través de titulares, noticias y caricaturas
tergiversadas y alejadas de la realidad, que en este caso parece
ser el norte informativo de este diario.
Específicamente me refiero a dos noticias, la del lunes
1 de julio, suscrita en primera página y plana 2 por Rolando
Rodríguez, y aquella suscrita el 6 de julio por José
Otero, que apareció en la primera plana del periódico.
l. El 1 de julio La Prensa, titula Investigan cuentas de
Cochez por presunto lavado; cuando las cuentas que se investigan
son aquellas relacionadas con Byron Jérez.
2. El 1 de julio La Prensa informó que de acuerdo
con expediente de la Fiscalía Antidrogas, describiendo
lo que según el autor es su fuente, dicho expediente pertenece
a un sumario, y no puede ser revelado a terceros ajenos a la investigación.
3. El 1 de julio de 2002, La Prensa señala que El
oficio (del Juzgado Séptimo de Circuito Civil) fue entregado
personalmente por Guillermo Cochez a Anaris (sic) de Melfi, asesora
legal del banco. Esta afirmación no es cierta, ya que
en el sumario que supuestamente sirve de fundamento al periodista
para redactar la noticia no consta lo afirmado tan categóricamente
por el periódico.
4. El 1 de julio de 2002, La Prensa señala que trató
de comunicarse con Cochez, pero de su residencia informaron que
no estaba en Panamá. No tuvieron la cortesía
de esperar a ver cuál es la respuesta que hubiese dado a
semejante crónica.
5. El sábado 6 de julio de 2002, La Prensa refiriéndose
a unas declaraciones del presidente de la Corte Suprema de Justicia,
que nada tenían que ver con el suscrito, el periodista José
Otero, señala que el fiscal Miranda secuestró
el pasado 14 de junio 500 mil dólares depositados en el Banco
Continental a nombre del abogado Guillermo Cochez, pero que pertenecían
a la nicaragüense Ethel Jérez..., hecho totalmente
falso.
6. Dice la misma noticia que ese dinero procedía de
un juicio en el que él (Cochez) había actuado como
abogado de la señora Jérez, hecho totalmente
falso porque en ningún momento he representado judicialmente
a la señora Jérez.
7. Termina la misma noticia diciendo: Cochez explicó
en una indagatoria, etc.... . El periodista Otero, con quien
hablé en mi oficina más de una hora el 1 de julio
de 2002, dándole respuesta a la mordaz noticia de ese día,
sabe perfectamente que acudí a la Fiscalía de Drogas
el 27 de junio a rendir voluntariamente una declaración jurada,
y no una declaración indagatoria.
Comprendemos las razones que tiene el periodista Rolando Rodríguez
para perder la objetividad al tratar noticias sobre nuestra persona,
hecho que es de conocimiento público y de La Prensa, en la
que mi persona y mi socio Víctor Martínez estamos
actuando como abogados en su contra y de dos personas más.
Ese solo hecho lo debería mantener al margen de cualquier
noticia relacionada con mi persona, porque solo puede reflejar al
hacerlo la falta de objetividad e imparcialidad mostrada en el presente
caso, sacando fuera de proporciones una simple actuación
profesional que como abogados hicimos para vincularme a la fuerza
con un hecho que se investiga, ni siquiera en Panamá, sino
en Nicaragua.
Guillermo A. Cochez (Abogado).
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