Panamá, 15 de julio de 2002
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Reflexiones sobre el béisbol

El Nacional de Béisbol que acaba de finalizar con la coronación por décima ocasión de la representación de Chiriquí, ha demostrado dos cosas: primero, que el regionalismo es la base principal en la que se apoya el éxito económico de los campeonatos; y segundo, de que es hora de que haya un cambio en los conceptos con los que se viene manejando la administración de este deporte.

Una vez más quedó comprobado que el béisbol es el deporte que más apasiona a los panameños y que su éxito siempre ha dependido de la pugna regionalista de las provincias participantes. No hay otra disciplina deportiva que reúna durante sus campeonatos nacionales a tantas personas tantas veces seguidas como lo hace el deporte del bate y la manilla.

Pero hay algo más. La efervescencia lograda en el pasado con partidos entre las novenas de Panamá y Colón o de Los Santos y Herrera, conocidas con el nombre de clásicos, hoy pareciera estar casada con un solo nombre, el de Chiriquí. No puede hablarse de clásicos con propiedad y de todo lo que esto conlleva si no está involucrado el equipo de Chiriquí, la provincia que ha dominado los torneos nacionales en los últimos años.

Ya sea porque es la provincia que tiene un equipo que pareciera un “Todos Estrellas” o porque es la más malquerida de todas, Chiriquí es hoy día la novena que reúne los requisitos ideales para mantener viva la expresión más genuina de lo que es el regionalismo.

Es cierto, su favorable condición económica le permite darse ciertos lujos, que otros no se dan ni siquiera soñando. Hubo ocasiones en esta temporada, después de la escogencia de los refuerzos, que el Candelilla Rodolfo Aparicio era el único representante idóneo de la provincia en la alineación.

No hablamos de ese regionalismo que señala que “a lo tuyo sin razón o con ella”, sino a ese que hace ir a los fanáticos a los estadios a respaldar a su novena, a ese que hace olas y que se mete en el partido, convirtiéndose en el jugador número 10.

¿Esto se puede lograr en otras provincias? Estoy seguro que sí. El detalle está en eliminar el sistema arcaico de administración que lleva a cabo la FEDEBEIS, y que hace dependiente a todas las ligas provinciales hasta para comprar un maní.

El béisbol es un negocio y hay que manejarlo como tal. No me explico, por ejemplo, cómo es posible que una Liga pueda cerrar trato con distintos patrocinadores, pero al mismo tiempo está extendiendo la mano para que la Federación le cubra los viáticos diarios de sus jugadores.

¿El dinero de los patrocinadores no alcanza? Es posible y por ello creo que es hora de cambiar de método de trabajo y también de mentalidad. Si la Fedebeis es responsable de toda la infraestructura que implica un nacional, creemos que también debe tocarle algo del pastel provincial.

Sin embargo, si las Ligas desean seguir negociando sus propios contratos, perfecto, pero que entonces no dependan de la Federación.

Es cierto, no es fácil, pero nada lo es. Aunado al trabajo que se necesita realizar en toda la estructura del béisbol panameño, también se necesita voluntad para aceptar los cambios.

Es aquí donde algún lector podría pensar: “Claro, para provincias como Chiriquí y Herrera sería muy fácil el manejar sus equipos de los fondos que obtienen, pero, ¿qué de los otros, los más?

Es por ello que hablo de cambiar de método de trabajo, de ver las cosas desde la perspectiva que lo haría un empresario, y de que urge una reestructuración en el béisbol panameño.

El siglo XXI nos lleva hacia la eliminación de patrones que han quedado obsoletos, pero que se siguen utilizando en perjuicio de la evolución de nuestro béisbol.

Nicolás Espinosa S.
nespinos@prensa.com




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