¿Café con sabor a miel?
Las conclusiones de Roubik
representan una alternativa completamente natural para que los productores
de café aumenten su producción
Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com
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| Para aumentar la producción, los cafetales
tradicionales son sustituidos por métodos más intensivos que
requieren plantar más cafetos por hectárea. Para lograrlo se
eliminan los árboles de sombra y se usan más agroquímicos. |
Tradicionalmente el cultivo del café ha sido
una de las actividades más lucrativas para Panamá y el resto de
los países centroamericanos. Sin embargo, hoy en día la actividad
cafetera en el istmo centroamericano atraviesa por una severa crisis,
ocasionada, entre otros factores, por la competencia con otros países
productores, como es el caso de Vietnam.
Es en este contexto que un artículo, publicado
el 13 de junio en la revista Nature por el entomólogo David W. Roubik,
del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI, por
sus siglas en ingles), adquiere gran relevancia.
Bajo el título de “El valor de las abejas
en los cultivos del café”, el artículo recoge los resultados de
una investigación conducida por Roubik a lo largo de cinco años
en las tierras altas de Chiriquí.
Recientemente La Prensa contactó a Roubik,
quien actualmente se encuentra en Estados Unidos. El científico
puntualizó que su estudio tenía tres propósitos básicos: primero,
determinar el papel de las abejas africanas (apis mellifera scutellata)
en el proceso de polinización del café. Segundo, conocer la importancia
de los polinizadores silvestres nativos de la región cafetera, ya
fueran aves, insectos u otros animales; y finalmente, establecer
cuál de los dos métodos principales de cultivo del café es el que
permite obtener mejores resultados.
La investigación
El café (coffea arabica) es un planta originaria
de las montañas de Etiopía, en Africa. Aunque es capaz de fecundarse
por sí mismo, la intervención de polinizadores tales como las abejas
puede, tal como lo demuestra el estudio de Roubik, aumentar su producción
de granos.
El área de estudio empleada para esta investigación
se localiza a 30 kilómetros de la frontera con Costa Rica, entre
las comunidades de Santa Clara y Río Sereno, en la cuenca del río
Chiriquí Viejo. Tiene una extensión de 13 kilómetros de largo.
El sitio fue escogido, entre otras razones,
por la presencia de colmenas de abejas africanas, las cuales eran
explotadas para la producción de miel.
Se estudiaron dos variedades de café: Caturra,
que se cultiva mediante el llamado sistema de sombra, y Catimor,
un híbrido que crece a pleno sol.
Los estudios de campo empezaron en 1997.
Roubik y su equipo monitorearon 558 arbustos de ambos tipos de café.
Algunas de las ramas de estos cafetos fueron
recubiertas con una malla de tela fina. De esta manera se evitaba
la visita de polinizadores silvestres, como la abeja africana, por
ejemplo.
La idea era comparar la producción de granos
por parte de las plantas que habían sido aisladas (y que por lo
tanto habían recurrido a la autopolinización) con las que se mantuvieron
expuestas al contacto con todo tipo de polinizadores.
Los datos recopilados demostraron que las
dos variedades de café estudiadas, Caturra y Catimor, aumentaron
su producción de cerezos en un 25% al mantenerse expuestas a las
abejas africanas, que fue el polinizador responsable por el 95%
de todas las “visitas” a los cafetos involucrados en el estudio.
También se registró un aumento del 25% en el peso de los granos
de la especie Caturra.
Además de las abejas africanas, otros polinizadores
registrados fueron colonias de abejas de miel, tres clases de abejorros,
abejas solitarias, mariposas de varias especies, y un especie de
colibrí endémico.
¿Por qué son precisamente las abejas africanas
las que tienen este impacto tan significativo en la producción del
café y no cualquier otro tipo de abeja? Según Roubik esto se debe
a que las abejas africanas están presentes en mayor número en esta
área. Las mismas tienen la capacidad de atraer rápidamente, a través
del llamado “lenguaje de danza”, a cientos de sus congéneres a un
sitio donde hayan encontrado polen.
Reacciones
La investigación de Roubik ha recibido amplia
difusión a nivel internacional, y apareció en varias publicaciones
científicas, así como en CNN.
A nivel local, las conclusiones del científico
han sido recogidas en la obra Panamá: Puente Biológico, publicada
por Stanley Heckadon-Moreno.
Asimismo, Roubik ha compartido sus conclusiones
con algunos productores de café.
Las autoridades gubernamentales se mantuvieron
escépticas frente a estos resultados, ya que argumentaban que el
café es un planta capaz de polinizarse a sí misma y que, por lo
tanto, no requería la interacción con las abejas. “Esto demostró
ignorancia por parte de los tecnócratas en lo que a sus conocimientos
en botánica se refiere”, explicó.
Recomendaciones
Frente a la actual crisis que atraviesa la
industria cafetera, Roubik aseguró que aquellos productores que
desean competir con otros mercados tienen que producir café que
sea excepcionalmente fino, y para esto deben tomar en cuenta factores
como la cantidad de sombra y el efecto de los polinizadores. De
acuerdo a la investigación publicada en Nature, el café cultivado
mediante el método conocido como “sombra manejada” tiene mejor sabor.
Antes de la llegada de las abejas africanas
a Panamá a principios de los ochenta, había diversos polinizadores
nativos más abundantes, ya que los cafetales se encontraban más
cerca de los bosques naturales.
Es por esta razón que el científico del STRI
recomienda a los productores que quieran aumentar la producción
de su cafetal sin costo adicional, que lo siembren cerca del bosque.
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