El desempleo, entre discursos
y política
Un alto desempleo y un
bajo crecimiento del PIB constituyen elementos que afectan negativamente
tanto la clasificación de riesgo país, como la capacidad para conseguir
nuevos créditos
Eduardo Valdebenito E.
negocios@prensa.com
La disminución del desempleo es un problema
puntual que aparece generalmente en las agendas de candidatos y
políticos en los discursos de campaña cuando se aproximan las elecciones,
ya sea en nuestro país o en cualquier país de América Latina. Cada
período electoral, este objetivo cobra vida y vigencia para luego
caer en el letargo.
El desempleo se asocia al bajo crecimiento
económico, a la falta de inversión directa, a la apertura económica
y actualmente a la globalización; sin embargo, el problema fundamental
está referido a la ausencia de una verdadera política de fomento
al empleo.
¿Que es el desempleo?
El desempleo se define como el paro forzoso
o situación en que un trabajador no tiene una ocupación laboral.
El desempleo se calcula considerando los siguientes puntos:
1. Puede ser una persona que entra a la población
activa por primera vez y que está buscando trabajo o que reingresa
a la población activa después de no haber buscado trabajo durante
más de cuatro semanas.
2. Una persona puede haber sido suspendida
temporalmente del empleo cuando no percibe una remuneración durante
un período que dura o espera que dure más de siete (7) días consecutivos;
la suspensión temporal del empleo es decidida por el empresario.
3. Una persona que abandona un empleo con
el fin de encontrar otro e inscribirse en el desempleo entra en
la categoría de desempleado durante el período de búsqueda de un
nuevo empleo.
4. Un trabajador puede perder el empleo,
ya sea porque es despedido o porque la empresa cierra. En este caso,
se denomina baja voluntaria o simplemente pérdida del empleo.
Estas son, entre otras, las características
del desempleo: las tasas de desempleo varían de unos grupos a otros
según la edad, el sexo y la experiencia; existe una elevada rotación
en el mercado de trabajo; los flujos de entrada y salida del empleo
y del desempleo son altos en relación con el número de ocupados
o de desocupados; una parte significativa de esta rotación es cíclica:
las suspensiones temporales de empleo y los despidos son elevados
durante las recesiones y las bajas voluntarias son elevadas durante
las expansiones.
Cifras en América Latina y Panamá
Lo cierto es que nuestro país posee cifras
poco halagadoras en este aspecto, y dentro del ámbito centroamericano,
ocupamos un primer lugar. Un alto desempleo y un bajo crecimiento
del PIB constituyen elementos que afectan negativamente tanto la
clasificación de riesgo país como la capacidad para conseguir créditos
aprobados por las instituciones financieras internacionales.
En el caso de Panamá, la tasa de desempleo
no presenta cifras muy halagadoras. De hecho, desde 1984, las estadísticas
nos presentan tasas por encima de dos dígitos, lo que conlleva a
sustentar la hipótesis del desempleo estructural.
Desempleo, un problema estructural
Se entiende por desempleo estructural el
desempleo causado por cambios en la estructura de la economía, como
aumentos en la demanda de mano de obra en unas industrias y disminuciones
en otras, que impide que la oferta de empleo se ajuste a la velocidad
que debería. Por desempleo cíclico se define el desempleo que se
origina a través de una baja del ritmo de expansión económica
Algunos funcionarios públicos están insistiendo
en que la alta tasa de desempleo que se manifiesta actualmente en
nuestro país es fundamentalmente cíclica, y obedece a la desaceleración
del crecimiento económico que se observa desde 1998. Sin embargo,
el exiguo desempeño del empleo en las últimas décadas nos lleva
a sugerir la presencia de una situación combinada de desempleo estructural
y cíclico, donde la relación producto-empleo podría haber cambiado
en forma permanente.
Los elementos a favor de la hipótesis del
cambio estructural se relacionan con el estancamiento de la creación
de empleo en los últimos años y la incorporación de nuevas tecnologías
que desplazan mano de obra de algunos procesos productivos.
La trayectoria de las cifras entre el crecimiento
del producto y del desempleo nos muestra una relación que se va
configurando en forma inversa, sobre todo a partir del año 1999,
como se observa en la gráfica, donde la tendencia de ambas variables
muestra distinta forma.
El desempleo en la coyuntura
El Informe Económico del Ministerio de Economía
y Finanzas del 2001 dice lo siguiente: "Durante el año hubo un deterioro
del mercado laboral. El crecimiento de la población ocupada fue
relativamente bajo y disminuyó la población empleada en el sector
privado formal. El mercado se ajustó principalmente con un aumento
en la ocupación informal (cuenta propia y familiares). Esto es consecuencia
de que los sectores dinámicos son intensivos en el uso de capital
y generan menos empleo (puertos, energía, telecomunicaciones y transporte
aéreo) y sectores rezagados son intensivos en mano de obra (comercio,
construcción, agricultura e industria). En razón de lo anteriormente
expuesto, la tasa de desempleo aumentó de 13.5% en el año 2000 a
14.4 en el año 2001". (www.mef.gob.pa)
No cabe duda de que en esta coyuntura, la
baja capacidad de generación de empleo se encuentra directamente
vinculada a la incertidumbre actual respecto a las reformas económica,
fiscal y laboral, que se encuentran pendientes, al crecimiento de
los salarios y a los programas de racionalización de costos implementados
por las empresas en este período de recesión. En otras palabras,
es poco probable que una empresa que esté atravesando una crisis
decida contratar agresivamente mano de obra si no tiene claridad
sobre su costo, ni sobre los ingresos que dicha contratación le
reportará.
Igualmente, las perspectivas sobre el comportamiento
de los sectores intensivos en el uso de mano de obra, que actualmente
han perdido dinamismo, las quiebras de grandes y medianas empresas
e, inclusive, de importantes holdings, los cuales generan un ambiente
de incertidumbre que crea un clima de intranquilidad para los negocios
y a la vez contribuye de manera directa al bolsón de desempleo que
crece año tras año.
Del discurso a la práctica
No es aceptable señalar que el problema del
desempleo es un problema heredado de gobiernos anteriores; esta
apreciación que pudiese tener algo de veracidad resulta ambigua,
dado que el problema es crítico y estructural y no depende sólo
de la política gubernamental. Por esto, no es correcto plantearlo
en discursos y agendas cada vez que se aproxima una elección popular.
Las medidas sobre el desempleo en las administraciones
gubernamentales de las últimas décadas no han solucionado el problema.
Las altas tasas de desempleo observadas es el mejor indicador para
aseverar esto. Si bien es cierto que el crecimiento económico ha
evidenciado ciclos y desaceleraciones en su trayectoria, el desempleo,
en cambio, aumenta, y durante este período se ha mantenido en promedio
aproximadamente en un 14%.
Son innegables los esfuerzos que han realizado
los distintos gobiernos para disminuir el desempleo. En el caso
del actual Gobierno, las ferias del empleo han resultado exitosas.
Las ferias libres que ayudan en alguna forma a disminuir el desempleo
en el campo, cada día aumentan; igualmente, el fomento a la pequeña
empresa ha sido una característica del apoyo gubernamental, así
como los programas de becas para madres solteras. Pero quizás lo
más importante, es el desarrollo de los macroproyectos que son intensivos
en mano de obra.
En esta coyuntura, el Estado se ha constituido
en un empleador remanente al contribuir con el empleo público. Esta
situación ha sido duramente cuestionada por los gremios empresariales;
sin embargo, de alguna forma estas medidas que suelen ser correctas
en esta etapa recesiva, no son bienvenidas al observarse asimetría
entre el nivel de ocupación pública y el aumento de la planilla
estatal. Estas medidas tradicionales keynesianas de aumentar la
demanda agregada mediante el aumento del gasto público, bien mediante
contratación directa por el Estado-Patrón, o bien mediante la realización
de obras o inversiones públicas, pueden resultar paliativos y de
incidencia parcial, en lugar de una verdadera política de empleo.
Falta una política de empleo
En síntesis, tenemos un problema estructural
que arrastra más de dos décadas, y que ha recrudecido por la crisis
recesiva actual en la economía. Ha sido una característica la ausencia
de una verdadera política de empleo, donde las medidas paliativas
han constituido la constante. Algunos gobiernos sólo han podido
disminuir en algunos puntos porcentuales su tasa, y otros han retomado
medidas keynesianas con cargo al erario público.
No existe una solución a corto plazo, sino
la necesidad de una verdadera política de empleo que incorpore los
elementos fundamentales para disminuir eficientemente el desempleo.
A nuestro juicio esta política global debe incluir, entre otros:
la promulgación inmediata de una ley general de salarios, ley de
quiebra, sectorización de inversiones potenciales, diversificación
de los sectores intensivos en mano de obra, una política de formación
de capital humano hacia nuevos sectores tecnológicos y no tradicionales
y un Ministerio de Fomento a la Producción y a la Mediana y Pequeña
Empresa que mantenga un flujo de capitales hacia ellas.
El autor es economista
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