Panamá, 13 de julio de 2002
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Cruzando el Atlántico: de Río de Janeiro a Johannesburgo

No es justo que seamos solo nosotros, los pobres, los que nos comprometamos con el desafío ambiental que planteó la Cumbre de Río en 1992

Aristides Lorlesse Gómez
fespma1@hotmail.com

A un mes de iniciar la Cumbre sobre Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, la cual se llevará a cabo en Johannesburgo, Sudáfrica, la pregunta obligada para los habitantes del planeta y, sobre todo, para los miles de panameños que pasan ya la línea de pobreza extrema, es qué esperaríamos de este nuevo encuentro de líderes mundiales. Hace 10 años una reunión similar llevada a cabo en Río de Janeiro, Brasil, inició un conjunto de procesos institucionales a nivel mundial, reflejándose estos en la frase de moda que surgió de Río de Janeiro: “desarrollo sostenible”. Esos procesos lamentablemente no han producido resultados sensibles a nivel mundial, ya que la globalización de la economía, impulsada por los organismos internacionales y los países industrializados que estuvieron presentes en Río, han instaurado un sistema que deja expuestos los recursos naturales y el ambiente de los países pobres.

Johannesburgo promete ser el escenario en el cual exijamos a los países ricos una verdadera equidad en el desarrollo sostenible del planeta, sin convertirse necesariamente en una cumbre ambiental, ya que si bien es cierto que la protección del medio ambiente es la base para asegurar la supervivencia y salud de las poblaciones marginadas, más cierto es que nuestro desarrollo social y económico dependen del acceso que tengamos a los recursos naturales que existen en ese medio ambiente. No es justo que seamos solo nosotros, los pobres, los que nos comprometamos con el desafío ambiental que planteó la Cumbre de Río en 1992.

La agenda de Johannesburgo debe plantear la justa distribución de las riquezas, la subsistencia a la que tenemos derecho todos los habitantes del planeta e igualmente deben surgir sistemas políticos que promuevan la administración ambiental y la equidad.

Esto implica que los países ricos deberán respetar los derechos que tenemos los demás países sobre nuestros recursos naturales, pero igualmente nosotros deberemos respetar los medios de subsistencia de nuestras comunidades rurales e indígenas. Debemos reconocer que la erradicación de la pobreza solo será posible si nos aseguramos el acceso adecuado a los medios de subsistencia básicos: la tierra, el agua, los bosques y sus recursos, los océanos y sus recursos.

Considero que un cambio en los sistemas de gobierno a nivel mundial, y en particular en el nuestro, será necesario para alcanzar los objetivos de Johannesburgo. Respetar los derechos que tienen las comunidades locales sobre sus recursos naturales para asegurar su existencia y desarrollo será básico en los próximos años, si queremos disminuir los niveles de pobreza ya existentes. La Cumbre sobre Desarrollo Sostenible plantea la oportunidad de exigir que el comercio mundial esté al servicio de todos y sobre todo de la sostenibilidad del medio ambiente, implicando con ello que los países pobres puedan tener mayores atribuciones para regular el comercio y proteger el bien común. Entendiendo de plano que lo se requiere entre los países pobres y ricos es un comercio justo y equitativo; si este es el libre comercio que promoverán los organismos internacionales y los países ricos después de la Cumbre sobre Desarrollo Sostenible, pues amén.

Me agradaría saber cuál será la posición de Panamá ante dicha Cumbre, cómo definiremos los panameños el desarrollo sostenible después de Johannesburgo. ¿Seremos capaces de promover el derecho a la subsistencia del campesino y del indígena, sin que esto signifique detener el desarrollo económico del país? ¿Promoveremos una verdadera equidad en la distribución de las riquezas nacionales, a fin de reducir los niveles de pobreza que hay hoy día? ¿Promoveremos ante los foros internacionales, un comercio mundial al servicio de todos y sobre todo de la sostenibilidad del medio ambiente? ¿Aceptaremos la parte de responsabilidad que nos corresponde, por el estado ambiental del planeta; pero exigiremos igualmente a los países ricos que asuman la suya? ¿Seremos capaces de decirles no a los organismos internacionales, cuando su agenda económica no coincida con nuestra agenda de desarrollo?

Johannesburgo está a la vuelta de la esquina; espero no tener que esperar 10 largos años para ver algún resultado concreto en el planeta y en especial en Panamá. Confiemos en que sus resultados sean más palpables que los de Río.

El autor es meteorólogo

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