Raíces:
Globalizando los idiomas
Manuel Encarnación Amador
Torrero inventó el ‘panamane’
Harry Castro Stanziola
revista@prensa.com
Primera de dos entregas
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Aquí aparece el frente de una original
tarjeta postal la cual es a su vez un sobre. En su cara posterior
se pegaba la estampilla y todo estaba listo para enviar. Se
ven las efigies de Abraham Lincoln, presidente número 16 de
Estados Unidos y libertador de los esclavos de su país. El
19 de noviembre de 1863 Lincoln pronunció su célebre oración
en Gettysburg, Pennsylvania, en la que reiteró los principios
de libertad, igualdad y democracia incluidos en la Constitución
de su nación. Amador las tradujo a su nuevo idioma y las incluyó
aquí. Las palabras que aparecen arriba quieren decir: “Tarjeta
souvenir de saludo y llamado de buena voluntad, la amistad,
el acercamiento y la cooperación internacional. En el rectángulo
y en el círculo que están más abajo de la antorcha se debe
traducir al español como: “En pro de la paz del mundo. En
pro del bienestar de la humanidad”. Mas abajo dice: “Con malicia
hacia ninguno, con caridad para todos”. Las fechas debajo
de sus retratos se refieren a las de la muerte de los personajes.
Al abrirse el sobre aparecen dos páginas escritas una en español
y otra en inglés. Allí Manuel E. Amador nos explica detalles
de su idioma y nos ayuda en su traducción.
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La verdad es que de ninguna manera nos llama
la atención el verbo globalizar, hoy en día tan popular. Mucho menos
el de mundializar, que algunos lo usan cómo reemplazo del anterior.
La nefasta influencia de ellos sobre el aumento de la pobreza mundial,
constituye la razón principal de esa gran aversión.
Por otro lado, no es sólo la brecha entre
pobres y muy ricos la que ha hecho que nos disguste esa clase de
generalización. También se han globalizado, aún cuando de esto poco
se habla, la chabacanería, las malas maneras, la sinvergüencería,
las grandes estafas, la ausencia de civismo, de educación, las situaciones
violentas, las guerras contra los inocentes civiles, el hambre,
la sed, el sida, la hipocresía, la falsedad, la estupidez, el predominio
de lo superfluo sobre lo sustancial y continúen ustedes completando
tantas otras lacras que ya no nos dejan vivir.
Todo eso sin contar que lo de la globalización
no es nada nuevo. Por ejemplo, el comercio siempre se quiso expandir.
Las comunicaciones también.
Si pasamos a los idiomas que en el mundo
hasta ahora se han hablado, que es el tema que nos embarga hoy,
vemos que en los tiempos antiguos existían lenguas que se hablaban
casi que a nivel mundial, tales como el griego, el árabe y el que
más, el latín. Mas tarde, el francés predominó y hoy es el inglés
el que nos va a indigestar.
Ideas
Desde los siglos XVIII y XIX existieron personajes
que intentaron formar lenguas que se pudieran hablar a nivel mundial.
Para ellos tomaron palabras de todas partes.
En 1880, Johann Martin Schleyer ideó el “volapuk”,
palabra derivada del alemán volk, pueblo, y de puk lengua o idioma.
Al inicio de su aparición, en algo se popularizó, mas de repente
se olvidó.
El médico polaco Lazarus Ludwig Zamenhof
creó entonces el idioma que bautizó como “esperanto” de “esperanza”,
porque él se sentía un médico esperanzado en que su idea iba a cuajar.
El primero de estos lenguajes nació como
una simplificación del inglés. El segundo usó muchos más idiomas
tales como el español, italiano, francés, griego, ruso, polaco,
alemán e inglés.
En el siglo XX Giusseppe Peano creó otra
lengua que no tenía gramática y era a base del latín lo llamó “interlingua”.
Louis de Beaufront, en 1907, ideó otro idioma al que llamó “ido”.
En 1922, Edgar de Whal produjo el “occidental”.
Otto Jefferson le siguió entonces con el
“novial”. Hubo dos intentos más, el “bollac” y el “ibus”. Todos
se hundieron pronto en el olvido. De todos estos idiomas conocidos
como artificiales, el que más llegó a utilizarse fue el esperanto,
hasta tal punto que el Papa Pío XII, lo designó como el latín del
futuro.
En el país
¡Ah!, pero aún falta lo más interesante.
Corrían los años de la década de los veinte del siglo XX, cuando
nada menos que un prominente panameño que acababa de ser cónsul
nuestro en la ciudad de Nueva York, quien creó nuestra bandera,
un insigne pintor y además hijo de nuestro primer presidente Manuel
Encarnación Amador Torrero tuvo la idea de crear otro idioma para
ser utilizado por todos los habitantes del globo. Lo bautizó “panamane”,
lo cual se pronuncia Pah Nah Mann.
En días pasados, mientras estabamos indagando
acerca de unas fotografías de Bocas del Toro, estuvimos conversando
y viendo fotos antiguas en unión de otra de nuestras grandes pintoras:
Olga Sánchez Borbón. Nos mostró, entonces, la valiosa y original
tarjeta postal que les estamos presentando hoy. Comenzamos entonces
a indagar en dónde podríamos hallar el libro que Don Manuel Encarnación
escribió para explicar todo acerca de su idioma. Libro y tarjeta
nos llenaron de interés. Qué ser tan estudioso, versátil y minucioso
resultó. En la próxima semana continuaremos con el tema.
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