Panamá, 7 de julio de 2002
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Encontremos soluciones

El futuro de Panamá no se puede dejar en manos de gobernantes a medio tiempo; los correctivos requeridos demandan atención 24 horas diarias, los 365 días al año

Edgardo Lasso Valdés

Es correcto hacer promesas públicas u ofertas de solución a problemas de índole económico, sin contar con los elementos de juicio necesario?

¿Es honesto hablar de los ingentes problemas que afectan a los desafortunados del país, sin tener la menor idea de cómo solucionarlos o disminuirlos?

Durante una campaña política para la Presidencia de la República, cuando uno de los candidatos hablaba a los asistentes sobre su preocupación por el estado deplorable de las casas condenadas, el desempleo, la desnutrición de la niñez, las barriadas brujas, escuché a algunas personas a mi alrededor decir: “Este hombre sí conoce nuestros problemas; sería un buen presidente que va a aliviar todos nuestros sufrimientos”.

Como no milito en ningún partido político, me gusta escuchar a los distintos candidatos a puestos de elección de todos los partidos, para analizar sus plataformas de trabajo y ofertas de solución a las deficiencias administrativas del gobierno de turno.

Se ha convertido en un comentario popular durante la época de elecciones, que los candidatos, ávidos de votos, ofrecen un puente para atravesar el río, y cuando se les aclara que en ese lugar no hay ningún río, entonces prometen “construir” un río.

La agilidad mental de los electores lo que pretende afirmar es que los candidatos están dispuestos a ofrecer cualquier cosa, por inverosímil que sea, con tal de captar votos.

¿No sería más positivo de parte de los votantes exigir respeto a los candidatos en sus pedidos de apoyo?

Cuán distintos serían los discursos políticos si los aspirantes a los diferentes cargos de elección popular se obligaran a sí mismos a estudiar y analizar los problemas de las distintas comunidades, para buscar soluciones factibles, cónsonas con la realidad financiera del país. Así no habría engaños de los políticos, ni se crearían falsas expectativas de parte de los electores.

Existiría un ambiente de respeto mutuo, nadie se sentiría defraudado y todos se concentrarían en armónica colaboración en la búsqueda práctica de soluciones.

A los aspirantes a reelección en sus cargos les resultaría muy económico sus pretensiones de captar votos; solo necesitarían mostrar sus realizaciones y así se asegurarían el triunfo; son las obras las que tienen valor permanente, pues las promesas incumplidas, las palabras, se las lleva el viento, dice un antiguo refrán.

Los problemas financieros del Seguro Social, la impagable deuda externa del país, el alto porcentaje de desempleo, la violencia generalizada, la corrupción, tráfico de drogas, la inseguridad pública y jurídica, podrían ser atendidos a tiempo completo por políticos honestos encargados de la administración pública.

El futuro de Panamá no se puede dejar en manos de gobernantes a medio tiempo; los correctivos requeridos demandan atención 24 horas diarias, los 365 días al año. No puede haber tiempo ocioso para actividades de índole político-partidista, ni para paseos internacionales improductivos.

El honor de ocupar altos cargos gubernamentales debe ser la única y válida motivación de todos los políticos aspirantes a los mismos, entregarse en forma total a la búsqueda de soluciones viables y, en el peor de los casos, a disminuir la crudeza del infortunio de los más pobres. Así es como de verdad se hace patria, buscando soluciones, no hablando de los problemas.

El autor es banquero


Además en opinión

Dos notas: Guillermo Sánchez Borbón
Contradicción y corrupción: Jorge Bravo
La diplomacia de lo valientes: Betty Brannan Jaén
Encontremos soluciones: Edgardo Lasso Valdés






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