Panamá, 7 de julio de 2002
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La diplomacia de los valientes

Los diplomáticos de EU aprecian el valor de la “disensión constructiva”, por lo que la Asociación del Servicio Exterior honra anualmente a quienes arriesgan su carrera con esa clase de valentía

Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com

Hace exactamente un año tuve ocasión de comenzar una columna con estas palabras: “Hay momentos en la vida en que disentir no es meramente un derecho, sino un deber. Lo trágico, sin embargo, es que el deber moral de disentir generalmente implica que los valientes serán castigados, porque la mediocridad y la cobardía van casi siempre de la mano”.

Esa columna (1 de julio de 2001) describió que John Bennett, el diplomático de carrera que estuvo encargado de la embajada estadounidense en Panamá en 1995, había recibido un premio de sus colegas en el Departamento de Estado por su “integridad, valentía intelectual, y disensión constructiva”. Que el servicio diplomático estadounidense reconozca el mérito de esas cualidades es en sí deslumbrante, pero lo que me llama hoy la atención es que otro diplomático estadounidense en Panamá acaba de recibir el mismo honor.

El Washington Post reportó -y la embajada norteamericana lo confirma- que Peter E. Cozzens, cónsul adjunto de Estados Unidos en Panamá- fue distinguido la semana pasada por su valentía al cuestionar la sensatez y la eficacia de nuevas restricciones sobre visas que fueron decretadas en los primeros días después de los atentados terroristas del 11 de septiembre del año pasado. Según el Post, se le reconoció a Cozzens que “sus preguntas respetuosas pero francas le merecieron el respeto de embajadores, encargados de misión, y cónsules en el mundo entero... así como también generaron apoyo por la idea de reconsiderar el nuevo requisito”. Una fuente diplomática estadounidense me confirmó que Cozzens objetó algunos requisitos para visa que le parecieron absurdos e innecesariamente onerosos, postura que lo expuso a “muchas críticas”.

Pero los diplomáticos estadounidenses, por fortuna, aprecian el valor de la “disensión constructiva”, por lo que la Asociación del Servicio Exterior honra anualmente a quienes arriesgan su carrera con esa clase de valentía. Este año, por ejemplo, uno de los distinguidos (junto a Cozzens) fue Andre de Nesnera, director de noticias de La Voz de América (servicio informativo patrocinado por el Departamento de Estado). Poco después del 11 de septiembre, La Voz de América obtuvo una entrevista con el líder del Talibán, Mohammed Omar, en la que este dijo -según el Washington Post- que “América ha creado el mal que lo está atacando”, y prometió que jamás entregaría a Osama Bin Laden a los norteamericanos. En las altas esferas del Departamento de Estado hubo la idea de que La Voz de América no debía difundir la entrevista, pero Nesnera, según el Post, decidió hacerlo para “dar equilibrio” a su cobertura de los eventos del 11 de septiembre.

Esa valentía de Cozzens, Nesnera, y otros fue reconocida en una ceremonia en los salones formales del Departamento de Estado, igual que la de Bennett el año pasado. Recordarán que en el caso de Bennett, éste disintió de los esfuerzos que hacían el embajador y el jefe del Comando Sur (a la época, William Hughes y Barry Mc Caffrey, respectivamente) para prolongar la presencia militar norteamericana en el istmo. Bennett opinó desde un principio que esas negociaciones no llegarían a ningún lado y que solo desviarían tiempo y esfuerzo de un tema mucho más importante en las relaciones con Panamá: el traspaso del Canal. Esa postura le costó caro. Hughes lo despidió perentoriamente cuando ya le quedaba poco tiempo por jubilarse y Bennett -que tenía rango de embajador- terminó su carrera diplomática como cónsul en Karachi, Paquistán.

Claro que Cozzens y Bennett no son los únicos diplomáticos norteamericanos que han mostrado valentía profesional durante su labor en Panamá. Los que han estudiado las elecciones de 1984 recordarán el nombre de James Cason, el funcionario de la embajada que tuvo la temeridad de preparar un informe comprobando que hubo fraude, acción que molestó al embajador de la época, Everett Briggs. Yo siempre pensé que el incidente le había costado el puesto a Cason, pero, felizmente, no fue así. El Miami Herald reporta que James Cason acaba de ser nombrado jefe de la misión estadounidense en Cuba.

Lo que hay en La Habana no es una embajada -puesto que Estados Unidos y Cuba no mantienen relaciones diplomáticas- sino un “despacho de intereses estadounidenses”, aunque para los efectos prácticos, Cason tendrá funciones de embajador en una situación muy difícil. Refiriéndose a Noriega, Cason le dijo al Miami Herald que su experiencia con “dictadores” le servirá bien en Cuba.
Yo agregaría que su valentía tampoco estará de más.

La autora es corresponsal de La Prensa


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