La diplomacia de los valientes
Los diplomáticos de EU
aprecian el valor de la “disensión constructiva”, por lo que la
Asociación del Servicio Exterior honra anualmente a quienes arriesgan
su carrera con esa clase de valentía
Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com
Hace exactamente un año tuve ocasión de comenzar
una columna con estas palabras: “Hay momentos en la vida en que
disentir no es meramente un derecho, sino un deber. Lo trágico,
sin embargo, es que el deber moral de disentir generalmente implica
que los valientes serán castigados, porque la mediocridad y la cobardía
van casi siempre de la mano”.
Esa columna (1 de julio de 2001) describió
que John Bennett, el diplomático de carrera que estuvo encargado
de la embajada estadounidense en Panamá en 1995, había recibido
un premio de sus colegas en el Departamento de Estado por su “integridad,
valentía intelectual, y disensión constructiva”. Que el servicio
diplomático estadounidense reconozca el mérito de esas cualidades
es en sí deslumbrante, pero lo que me llama hoy la atención es que
otro diplomático estadounidense en Panamá acaba de recibir el mismo
honor.
El Washington Post reportó -y la embajada
norteamericana lo confirma- que Peter E. Cozzens, cónsul adjunto
de Estados Unidos en Panamá- fue distinguido la semana pasada por
su valentía al cuestionar la sensatez y la eficacia de nuevas restricciones
sobre visas que fueron decretadas en los primeros días después de
los atentados terroristas del 11 de septiembre del año pasado. Según
el Post, se le reconoció a Cozzens que “sus preguntas respetuosas
pero francas le merecieron el respeto de embajadores, encargados
de misión, y cónsules en el mundo entero... así como también generaron
apoyo por la idea de reconsiderar el nuevo requisito”. Una fuente
diplomática estadounidense me confirmó que Cozzens objetó algunos
requisitos para visa que le parecieron absurdos e innecesariamente
onerosos, postura que lo expuso a “muchas críticas”.
Pero los diplomáticos estadounidenses, por
fortuna, aprecian el valor de la “disensión constructiva”, por lo
que la Asociación del Servicio Exterior honra anualmente a quienes
arriesgan su carrera con esa clase de valentía. Este año, por ejemplo,
uno de los distinguidos (junto a Cozzens) fue Andre de Nesnera,
director de noticias de La Voz de América (servicio informativo
patrocinado por el Departamento de Estado). Poco después del 11
de septiembre, La Voz de América obtuvo una entrevista con el líder
del Talibán, Mohammed Omar, en la que este dijo -según el Washington
Post- que “América ha creado el mal que lo está atacando”, y prometió
que jamás entregaría a Osama Bin Laden a los norteamericanos. En
las altas esferas del Departamento de Estado hubo la idea de que
La Voz de América no debía difundir la entrevista, pero Nesnera,
según el Post, decidió hacerlo para “dar equilibrio” a su cobertura
de los eventos del 11 de septiembre.
Esa valentía de Cozzens, Nesnera, y otros
fue reconocida en una ceremonia en los salones formales del Departamento
de Estado, igual que la de Bennett el año pasado. Recordarán que
en el caso de Bennett, éste disintió de los esfuerzos que hacían
el embajador y el jefe del Comando Sur (a la época, William Hughes
y Barry Mc Caffrey, respectivamente) para prolongar la presencia
militar norteamericana en el istmo. Bennett opinó desde un principio
que esas negociaciones no llegarían a ningún lado y que solo desviarían
tiempo y esfuerzo de un tema mucho más importante en las relaciones
con Panamá: el traspaso del Canal. Esa postura le costó caro. Hughes
lo despidió perentoriamente cuando ya le quedaba poco tiempo por
jubilarse y Bennett -que tenía rango de embajador- terminó su carrera
diplomática como cónsul en Karachi, Paquistán.
Claro que Cozzens y Bennett no son los únicos
diplomáticos norteamericanos que han mostrado valentía profesional
durante su labor en Panamá. Los que han estudiado las elecciones
de 1984 recordarán el nombre de James Cason, el funcionario de la
embajada que tuvo la temeridad de preparar un informe comprobando
que hubo fraude, acción que molestó al embajador de la época, Everett
Briggs. Yo siempre pensé que el incidente le había costado el puesto
a Cason, pero, felizmente, no fue así. El Miami Herald reporta que
James Cason acaba de ser nombrado jefe de la misión estadounidense
en Cuba.
Lo que hay en La Habana no es una embajada
-puesto que Estados Unidos y Cuba no mantienen relaciones diplomáticas-
sino un “despacho de intereses estadounidenses”, aunque para los
efectos prácticos, Cason tendrá funciones de embajador en una situación
muy difícil. Refiriéndose a Noriega, Cason le dijo al Miami Herald
que su experiencia con “dictadores” le servirá bien en Cuba.
Yo agregaría que su valentía tampoco estará
de más.
La autora es corresponsal de La Prensa
Además en opinión
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