Casas condenadas, anfitrionas
de los pobres
En Colón hay un déficit
habitacional superior a las18 mil viviendas
Diómedes Sánchez
Especial para La Prensa
nacionales@prensa.com
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Casas condenadas en la Avenida
Amador Guerrero y Bolívar, en la ciudad de Colón
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Teresa Martínez, de 63 años de edad, se levanta
muy temprano a cocinar los pixvaes que vende a los estudiantes,
a fin de obtener algún ingreso para solventar los gastos en su hogar.
Además se dedica a la venta de “bolis” (refresco) y de billetes
de la lotería.
Ella es una de las tantas personas que, al
no contar con suficientes ingresos económicos para comprar una vivienda,
se ven en la obligación de permanecer en una casa condenada.
Teresa reside en un viejo caserón de la calle
10, Avenida Domingo Díaz, con una hija y dos nietos. “Tengo la esperanza
de encontrar un mejor lugar para que mis nietos puedan estar con
más comodidad”. Sostuvo “abue”, como se la conoce.
Afirma que vivir en una casa condenada es
una experiencia desalentadora. “Hay que acostumbrarse a las aguas
fecales que pasan frente a la puerta de la casa, a los baños comunales
y al deterioro generalizado”.
Esa es la situación que afrontan las 16 familias
que sobreviven en ese viejo inmueble.
Cuando “abue” inicia sus labores al despuntar
el día, también lo hace Arsenio Mejía Salazar, de 59 años de edad,
quien tiene un puesto de buhonerías en la calle 9, Avenida Bolívar.
Arsenio es padre de cuatro niños y reside
en otro viejo caserón de la calle 8, Avenida Meléndez y Central,
en la ciudad de Colón. No obstante, confía en que en un futuro próximo
se mudará a las afueras de Colón.
Aclaró que las personas que como él viven
en estos lugares, lo hacen porque sencillamente no cuentan con recursos
para alquilar un cuarto y menos para comprar una vivienda.
El problema allí no se circunscribe únicamente
al peligro físico que representan las estructuras de los inmuebles
para sus moradores, sino que además los lugares son foco de promiscuidad,
delincuencia, indigencia y drogadicción.
Si bien es cierto que muchos de estos inmuebles
tienen dueños, estos no los atienden porque argumentan que los inquilinos
no pagan la renta.
Por su parte, los residentes señalan que
no pagan porque cuando cumplían con sus mensualidades, los dueños
no reparaban las casas.
En toda la provincia de Colón existe un déficit
habitacional superior a las 18 mil unidades de vivienda, pero la
realidad es que el Ministerio de Vivienda (MIVI) no cuenta con un
presupuesto que le permita resolver el problema.
En zonas como La Playita, ubicada entre las
calles 6 y 9 de Avenida Balboa y El Vaticano, que comprende la calle
8, entre la Avenida Central y Meléndez, aún permanecen muchas de
estas viejas estructuras, que desde hace varias décadas dejaron
de cumplir su cometido: ser habitables.
Raquel Welch, presidenta de la Junta Comunal
de La Playita, afirma que al lugar han ido trabajadores sociales
del MIVI para hacer estudios socioeconómicos encaminados a dotar
de viviendas a las familias más necesitadas, sin embargo, no se
concretiza nada.
Las invasiones
En las afueras de la ciudad atlántica, la
falta de viviendas se hace notable cuando se registran las conocidas
invasiones de terrenos.
Comunidades como La Resurrección, La Verbena,
Villa Luzmila y Río Alejandro son un ejemplo de ello, porque surgieron
al calor de las invasiones.
Para atenuar esta práctica, el gerente general
del Banco Hipotecario Nacional (BHN), Ernesto Fernández, inició
un programa masivo de lotificación en toda la comunidad de Puerto
Escondido, corregimiento de Cristóbal.
Kid Griffit, dirigente comunitario, manifestó
que la acción del BHN surgió luego de una larga lucha de esas familias
por obtener sus lotes.
Según Griffit, muchas de esas familias pagan
cuotas al BHN, pero desconocen cuánto adeudan a la entidad pública
en concepto de vivienda y terreno.
En Puerto Escondido residen 40 mil familias.
Posición del MIVI
Julio Luque Garay, coordinador de la dirección
regional del Ministerio de Vivienda en Colón, asegura que el ministerio
mantiene una política de acercamiento con miras a solucionar este
problema social.
Según explica el funcionario, se han creado
comités dentro de las casas abandonadas por sus dueños, donde el
ministerio y los inquilinos buscan fondos económicos, materiales
de construcción y mano de obra para mejorar las insfraestructuras.
“Con este tipo de acción, se ha creado una
nueva mentalidad entre los moradores, que antes solo veían deteriorarse
sus apartamentos, sin poder hacer nada para repararlos”, afirma.
Hoy el resultado es casas más habitables,
las cuales los propios habitantes se hacen cargo de mantenerlas
en buenas condiciones físicas para su propio beneficio.
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