La culta Europa no tiene memoria
¿El mundo civilizado no se ha dado cuenta de que la postura del Estado israelí ha sido siempre conciliadora, y lo que hace es defenderse?
Jacobo Sasso Maduro
Había tenido el propósito de no volver a referirme a la situación en el Medio Oriente, estimando que el tema se encontraba agotado. Sin embargo al tener conocimiento recientemente de que:
1) El escritor Nobel portugués José Saramango, acompañado de otros escritores al visitar el West Bank, afirmó que lo que allí ocurría era un crimen comparable a Auswitz.
2) Robert Sheer en su programa comparó al primer ministro Ariel Sharon con el criminal serbio Slodoban Milosevic.
3) Un ministro francés en estos días se refirió al Estado de Israel como una “porquería”, y
4) El Parlamento europeo adoptó una resolución exhortando a la Unión Europea a suspender el Tratado Comercial con Israel; todo ello me ha llamado a reflexionar, y considero que para llegar a conclusiones valederas es preciso juzgar los siguientes acontecimientos históricos, a saber:
Tras la conquista del territorio de Judea por las legiones romanas, y al producirse allí una rebelión que tuvo tres años de duración, que fue aplastada por Roma, el emperador Adriano decretó el cambio de nombre de Judea a Palestina, poblada por una mayoría judía, y Jerusalén dejó de serlo para llevar el nombre de Aelia Capitolina. Al crear las Naciones Unidas en ese territorio un Estado judío y otro árabe, ocurrió la invasión de los ejércitos de nueve Estados árabes con el fin de aniquilar al Estado judío naciente.
Con la ayuda, primero de Checoeslovaquia y luego de EU, que le suministraron armas para defenderse, Israel hizo frente a la invasión y derrotó milagrosamente a los invasores.
Desde entonces el Estado judío, a pesar de ser acosado sin cesar por sus vecinos árabes, desplegó extraordinarios esfuerzos por lograr la paz, en última instancia, ofreciendo compartir la soberanía de Jerusalén –en su capital desde los tiempos bíblicos– sin lograrla ante las negativas de la contraparte.
En 1965 los delegados soviéticos en la ONU se opusieron a que la Declaración de los Derechos Humanos incluyera una condena a la judeofobia, y en cambio exigieron que el texto incluyera como crimen racial el sionismo, movimiento propulsor del establecimiento de una nación judía como consecuencia de los crímenes del nazismo, y sin proponer hostilidad hacia nada ni nadie.
¿El mundo civilizado no se ha dado cuenta de que la postura del Estado israelí ha sido siempre conciliadora, y lo que hace es defenderse? ¿El mundo ha olvidado acaso la masacre de los atletas israelíes en las Olimpíadas de Munich? ¿El secuestro de israelíes llevados al aeropuerto de Entebe, Uganda, rescatados en hazaña sin precedentes por soldados israelíes en un despliegue de solidaridad humana?
La explosión de bombas en discotecas, supermercados, y arrojadas contra buses cargados de civiles inocentes y aun de estudiantes?
En la fiesta de Pesaj este año, familias enteras fueron asesinadas en la mesa del Seder, la que también celebraba Jesús y ha sido designada como “La Ultima Cena” por la Iglesia católica.
El Estado de Israel no tiene que disculparse por luchar por su supervivencia en esa peligrosa zona, donde los líderes palestinos apadrinan un baño de sangre y celebran con cantos y bailes cuando sus jóvenes se inmolan con tal de matar a civiles israelíes de todas las edades.
El mundo parece haber olvidado cuando el presidente egipcio Anwar Sadat viajó a Jerusalén en son de paz, e Israel devolvió a su país el Sinaí con sus pozos petrolíferos a cambio de lograr la paz.
Israel ha manifestado su disposición de devolver otros territorios conquistados en sus guerras defensivas a Siria y a los Palestinos, con tal de no comprometer su propia seguridad, a que tiene derecho.
La Comunidad Europea, al parecer, concede legitimidad a los actos atroces de los que evidentemente se empeñan en destruir el Estado judío, y lo hacen criticando los esfuerzos defensivos de Israel, desplegando la bandera de una solidaridad ciega e incondicional para con los palestinos.
El antisemismo se asoma nuevamente en la Europa que dio a la humanidad la primera Declaración de los Derechos Humanos, y el concepto de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, de los cuales se pretende excluir a los judíos en pleno siglo XXI, pues no se oyen voces disidentes partidarias del humanismo, y es lamentable que personas cultas no se hayan liberado de prejuicios innobles y degradantes.
El autor es comerciante retirado
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