Ring
Side
Un viaje que no llegará
Gustavo Ampudia P.
gampudia@prensa.com
Un día antes de la pelea entre Pedro Alcázar
y Fernando Montiel, celebrada la noche del sábado, llamé al Rockero
al hotel MGM Grand de Las Vegas y conversamos como 10 minutos.
Alcázar me dijo que se sentía en las mejores
condiciones de su vida, y me preguntó si yo viajaría para verlo
pelear.
Me dio mucha risa y le dije que lamentablemente
no podría hacerlo. Alcázar, de manera jocosa, me prometió que en
su próxima defensa en Las Vegas me llevaría con él para que cubriera
el evento y lo apoyara.
Pero ese viaje jamás llegará. Su promesa
se quedó en Las Vegas, luego de que ayer lunes fuera declarado muerto
por el personal médico del hospital Desert Spring de Las Vegas en
horas de la tarde.
Me duele, como a todos los panameños y seguidores
del boxeo, la muerte de Pedro Alcázar, quien pese a conquistar un
título mundial, mantuvo su misma forma agradable y sencilla.
Quizás, queridos lectores, muchos dirán que
ahora voy a sacar todas las bondades y virtudes de Alcázar, como
generalmente ocurre cuando suceden estos casos.
Pero como periodista dedicado al boxeo, puedo
hablar claramente de la forma de ser de Alcázar, porque yo estuve
cerca de él por mucho tiempo.
Me acuerdo muy bien en un entrenamiento con
miras al pleito ante Montiel que Alcázar, un tanto cansado en el
gimnasio de Curundú, hizo un paréntesis en sus prácticas y me dijo,
“Tavo, te invito una soda para que conversemos de mi pelea”.
Así era el Rockero. Sencillo, siempre con
una sonrisa, pero con su carácter.
Ese mismo día, me acuerdo, Alcázar me dijo
que ganara o perdiera la pelea se retiraría del boxeo.
Yo me disgusté y le di su par de consejos,
ya no como periodista, sino como un amigo.
“Hey Rockero, ¿cómo te vas a retirar si estás
en el mejor momento de tu carrera?”, le dije. “Tú estás loco, tienes
el futuro por delante y no lo vayas a dejar perder por tus niñadas”,
agregué.
Alcázar me miró, agarró la soga y empezó
nuevamente a ejercitarse.
En pleno entrenamiento me contestó: “tiene
razón, pero a veces el boxeo no me motiva, pasan tantas cosas alrededor
que me dan ganas de dejarlo”.
Lamentablemente colgó los guantes para siempre
de una forma inesperada.
Aquí en la redacción deportiva de La Prensa
empezamos a buscar una explicación de la muerte de Alcázar. Todos
coincidimos que su fallecimiento pudo tener relación con sus dos
accidentes automovilísticos.
Pero eso es especular y uno no sabe realmente
qué ocurrió. Solo los médicos en el hospital de Las Vegas sabrán
la verdadera causa de la muerte de Alcázar, y estoy seguro de que
la información la ofrecerán lo antes posible.
Lo cierto es que Alcázar, siempre usando
lentes sobre la cabeza y el mechón de cabello sobre su frente, nos
dio, aunque por poco tiempo, la satisfacción de un título mundial
y una carrera profesional adornada con 25 victorias y una sola derrota.
Algún día, si Dios me permite hacerlo, viajaré
a Las Vegas a ver una pelea de título mundial, y definitivamente
me acordaré de la promesa de Alcázar, una promesa que jamás olvidaré.
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