¿Somos nosotros los responsables?
Hoy en día un presidente se desgasta con una rapidez brutal si no mantiene su visión y objetivos con tenacidad e integridad
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Elliot Richardson ocupó puestos de importancia durante 45 años a lo largo de cuatro administraciones estadounidenses (Eisenhower, Nixon, Ford y Carter). Se le conoce como de la facción liberal del Partido Republicano. En el 2000 produjo un libro titulado Reflexiones de un radical moderado. En él, Richardson analiza el poder de la Presidencia. Acepta, por supuesto, que el presidente tiene más poder que cualquier otro funcionario, pero también tiene que dedicar la mayor parte de su día, todos los días, para tratar de obtener apoyo con el fin de mantener y acrecentar su poder de hacer y lograr, de lo contrario la desconfianza de la ciudadanía lo reduce a la casi impotencia. Contrario, por ejemplo, al trabajo de un ejecutivo empresarial cuya tarea primaria es la de tomar decisiones, el presidente debe primero lograr apoyo de la ciudadanía para entonces poder tomar decisiones eficaces. En esa tarea ya la demagogia no funciona como antes. Debe ser accesible y comunicarse con todos los grupos de interés, cultivar a los medios con transparencia y comunicación constantes, y ser consciente de su imagen 24 horas al día. Debe ser idealista, pero a la vez pragmático.
En la democracia los conflictos son diarios y siempre hay un grupo oponiéndose a lo que otro grupo demanda. El desafío presidencial es visualizar en profundidad las demandas e intereses, y presentar nuevas opciones que permitan un razonable “sí” a ambos grupos en conflicto. El liderazgo presidencial descansa, no tanto sobre su autoridad como sobre su capacidad de lograr apoyo de la ciudadanía, y esto requiere de una visión y objetivos claros y medibles comunicados con eficacia al pueblo. Una vez alguien expresó “si no sabes hacia dónde vas, puedes terminar en otro lugar”.
Hoy en día un presidente se desgasta con una rapidez brutal si no mantiene su visión y objetivos con tenacidad e integridad. La honestidad e integridad son vitales para mantener la confianza de la ciudadanía, piedra angular del apoyo a su visión y objetivos.
En adición, la vasta experiencia de Richardson lo hace reflexionar sobre la necesidad de crear una oficina ejecutiva de la Presidencia (Office of Federal Management) como brazo ejecutor del presidente. Los ministros –dice Richardson– son realmente secretarios encargados de gastar y en esa función son enemigos naturales del presidente, sin capacidad alguna para juzgar imparcialmente las prioridades del gasto público que en esencia constituye el programa de gobierno.
El Gabinete es por eso incapaz de ser un cuerpo deliberativo e inclusivo en el cual el presidente pueda confiar la discusión de problemas de Estado vitales. Indica que de todas las reuniones de Gabinete en que participó, que fueron muchas, solo recuerda una decisión colectiva de importancia.
Para este tipo de dilemas el presidente necesita de un grupo de leales independientes con una perspectiva integral, y el concurso de funcionarios cuya misión trascienda fronteras departamentales tales como su oficina ejecutiva, el Ministerio de Economía, la Oficina de Seguridad Nacional y la Contraloría.
Adicional, Richardson recomienda evaluaciones periódicas de la ejecución de los funcionarios (el gobiernómetro sobre el cual tanto hemos escrito antes).
Termina Richardson diciendo que no hay liderazgo eficaz sin ciudadanía eficaz y competente. Indica que la ciudadanía es, en el sentido real, el más alto puesto público en una democracia. Como ciudadanos tenemos que cuidarnos de la desilusión, resentimiento, frustración y, sobre todo, del cinismo. Tenemos la obligación ética de no permitir la destrucción de la confianza que depositamos con nuestros votos en las urnas, participando activamente a través de partidos o la sociedad civil (entidades privadas dedicadas a la agenda pública sin aspirar al poder público) en la búsqueda de soluciones a los dilemas de la institucionalidad y la gobernabilidad.
¡O somos ciudadanos competentes, o somos los responsables de lo que tenemos!
Así es la democracia.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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