Panamá, 24 de junio de 2002
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Agarrando el rábano por las hojas

El anteproyecto en cuestión “pone el dedo en la llaga” en cuanto a la enseñanza del inglés en las escuelas del país

Pedro I. Cohen

Hemos asistido a dos foros sobre el tema del uso del inglés como segundo idioma comercial: uno en la Cámara de Comercio y otro en la Comisión de Educación, Cultura y Deportes de la Asamblea Legislativa. Nos hemos limitado a escuchar las opiniones en pro y en contra del citado anteproyecto y hemos llegado a las siguientes conclusiones: 1) el inglés es indispensable para que nuestros jóvenes reciban los beneficios que se derivan para nuestro país de la tecnología moderna, de su posición como centro bancario, comercial y de servicios con conexiones con todos los países del mundo, y para que puedan competir ventajosamente en el mercado de trabajo; 2) es urgente la necesidad de promover cambios substanciales en la enseñanza del inglés en todos los niveles de la educación, para lograr que nuestros estudiantes lo dominen en sus formas oral y escrita, y 3) no es conveniente ni necesaria la contratación de profesores de inglés de todas partes del mundo para enseñar en Panamá.

1. Si nuestros estudiantes no hablan el inglés correctamente, las oportunidades de un empleo bien remunerado disminuyen. Y esto lo sabemos todos los panameños desde cuando oímos hablar por primera vez de la antigua Zona del Canal. Hoy, en Panamá, no hay un solo padre de familia que se oponga a que sus hijos sean bilingües, para que puedan conseguir un buen empleo, aspirar a una beca internacional, ir a Estados Unidos, Europa o a Oriente en viaje de negocios o de turismo, o, sencillamente, sentarse frente a una computadora.

2. El anteproyecto en cuestión “pone el dedo en la llaga” en cuanto a la enseñanza del inglés en las escuelas del país. Nuestros estudiantes reciben clases de inglés, a veces desde la primaria, pero son incapaces de sostener una simple conversación con sus interlocutores. En verdad, los maestros y profesores de inglés asisten periódicamente a seminarios de capacitación ofrecidos por el Ministerio de Educación, pero si les preguntamos su opinión sobre estos, se muestran insatisfechos porque, según ellos, están mal organizados y dirigidos por profesionales incompetentes. Por otro lado, la mayoría de los maestros y profesores son reacios al cambio; piensan que no tienen nada nuevo que aprender y se jubilan enseñando en la misma forma como fueron enseñados. Si no mejoramos radicalmente la enseñanza del inglés en nuestras escuelas y logramos que nuestros estudiantes hablen y escriban el inglés correctamente, nuestra educación seguirá de mal en peor.

3. Cuando se sugiere que debemos contratar profesores de inglés en el extranjero, estamos suponiendo que Panamá carece de profesionales idóneos, lo cual es falso, y que un extranjero, por el sólo hecho de hablar inglés puede enseñarlo, lo cual no es profesional ni verdadero. Las instituciones educativas superiores panameñas han recibido con frecuencia la participación de profesionales invitados o de intercambio que no han añadido un ápice a lo que ya sabemos en cuanto a metodología. Hemos asistido a teleconferencias ofrecidas por especialistas extranjeros, quienes se han limitado a hacerle propaganda a los libros que representan, pero no nos han enseñado nada nuevo sobre la metodología de la enseñanza del inglés. Al respecto, desde el mes de diciembre de 1999 –y en asociación con una universidad privada local–, hemos presentado propuestas al Ministerio de Educación de un taller interactivo para la capacitación de profesores; y hace seis meses un plan para la certificación de instructores de inglés en cinco meses, seguros de que nos ayudaría a resolver los problemas que aquí señalamos: 1) capacitar rápida y efectivamente a profesores y estudiantes a un nivel de idoneidad profesional; 2) lograr que los estudiantes hablen el inglés desde la primera clase y lo hablen cada vez mejor; 3) erradicar totalmente los fracasos escolares en inglés de la escuela panameña. Sin embargo, hasta la fecha no hemos logrado que se nos dé la orden de proceder.

En los foros sobre el tema que nos preocupa, hemos escuchado discusiones irrelevantes acerca de la amenaza a la nacionalidad e insultos a quienes están de acuerdo con la aprobación de este anteproyecto de ley. Es decir, se ha “agarrado el rábano por las hojas”, sin darse cuenta de que el anteproyecto lo que ha hecho es lanzar un reto para que mejoremos la enseñanza del inglés y la hagamos más efectiva en todos los niveles educativos lo más pronto posible y, por otro lado, legalizar una situación que se da en Panamá desde los inicios de la República: comunicarnos libremente en inglés en el comercio, la industria, los bancos, o las relaciones interpersonales, sin que por ello se nos considere malos panameños, traidores a la patria, pro Estados Unidos y demás necedades.

El autor es consultor para la enseñanza del inglés como segundo idioma

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