Panamá, 21 de junio de 2002
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La intertextualidad en Rogelio Sinán

La intercalación de fragmentos sacados de la literatura universal dentro del flujo narrativo de la obra reflejan el profundo conocimiento literario de Sinán

Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com

De izquierda a derecha, Emma Gómez de Blanco, jefa del departamento de letras del Instituto Nacional de Cultura (INAC), el escritor Enrique Jaramillo Levi, encargado de la oficina de difusión cultural de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), Isabel Barragán de Turner, catedrática de la Universidad de Panamá, y el ensayista y crítico literario Mario García Hudson, quienes participaron en la mesa redonda ”La ‘isla mágica’ frente a las nuevas generaciones de lectores”.

La capacidad de Rogelio Sinán para fusionar en su discurso narrativo elementos extraídos de la cultura universal, con otros que son exclusivamente autóctonos, fue resaltada el lunes pasado durante una mesa redonda llevada a cabo en la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP).

Este fue uno de los puntos analizados por la profesora y ensayista Emma Gómez de Blanco, jefa del departamento de letras del Instituto Nacional de Cultura, durante una ponencia titulada “Función de la intertextualidad o transtextualidad en la concepción irónica y paródica del universo narrativo de la Isla Mágica”.

La profesora subrayó la intertextualidad, o la presencia de textos de otros autores dentro de la Isla Mágica. Sinán se apoyaba en esta técnica para la confección de sus ironías y parodias, logrando resultados “lúdicos, irónicos y satíricos”.

En opinión de la escritora, la intercalación de pasajes sacados de otras obras dentro del flujo narrativo de la Isla Mágica refleja el profundo conocimiento que tenía Sinán de la historia y la cultura universal, así como de la idiosincrasia del panameño. “La polifonía y el manejo del tiempo contribuyen a que este sistema intertextual de referencias a otras obras evolucione sin obstruir el flujo normal de la trama”, manifestó.

Es así que si se realiza un análisis profundo de la novela, se encontrará, tomando como punto de partida su estructura formal, paralelismos con el Decamerón, de Giovanni Boccaccio. Al igual que la obra del escritor italiano, la Isla Mágica está dividida en 10 decálogos, los que a su vez integran otras múltiples narraciones, en las que predominan los temas de gran intensidad erótica, que a pesar de su autonomía, forman parte de un todo perfectamente orquestado.

Asimismo, en algunos aspectos, Sinán también se nutre de la tradición literaria española, específicamente de la novela picaresca, presentándonos la crítica social de un pueblo (en este caso la isla de Taboga) que no resuelve sus necesidades ni supera las limitaciones inherentes a su naturaleza, denunciando así situaciones de amoralidad, racismo, e indiferencia social.

Para Gómez de Blanco, en el personaje de Felipe se evidencia la influencia del Don Juan, protagonista de la novela El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina. “Felipe es la personificación superlativa e intensamente amoral del Don Juan”, manifestó la escritora.

A través de Felipe, Sinán logra realizar así una parodia del personaje clásico de Molina, trasladándolo hasta nuestras tórridas latitudes, y hasta cierto punto, ridiculizándolo con su zoofilia incesante, y su “sexo exuberante”, el cual seduce, engaña y atemoriza en ocasiones.

En cuanto al uso del lenguaje, Sinán sigue los pasos de Fernando de Rojas, autor de la Celestina, introduciendo vocablos de uso común para imprimirle realismo a las situaciones presentadas en su obra. “Sinán mezcla los niveles de lenguaje, saltando de un vocablo procaz a uno culto, conjugando fragmentos de la literatura universal, con otros sacados del folclor nacional. Todo esto nos permite encontrar a un autor que hace del juego de palabras la materia de su estilo y su forma de cuestionar la realidad”, explicó.

En lo que se refiere a la paratextualidad, la cual se da cuando en los títulos, subtítulos, epígrafes o parágrafos de una obra se utilizan fragmentos extraídos de otra, en la Isla Mágica Sinán emplea textos bíblicos para titular varios de sus decálogos, dándoles así una connotación burlesca y hasta profanadora.

De acuerdo con De Blanco, la intención de Sinán era criticar a una “iglesia que vende indulgencias, que predica el voto de castidad, pero cuyos sacerdotes” no pueden desligarse por completo de sus necesidades sexuales.


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