La intertextualidad en Rogelio
Sinán
La intercalación de fragmentos
sacados de la literatura universal dentro del flujo narrativo de
la obra reflejan el profundo conocimiento literario de Sinán
Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com
 |
| De izquierda a derecha, Emma Gómez de Blanco,
jefa del departamento de letras del Instituto Nacional de Cultura
(INAC), el escritor Enrique Jaramillo Levi, encargado de la
oficina de difusión cultural de la Universidad Tecnológica de
Panamá (UTP), Isabel Barragán de Turner, catedrática de la Universidad
de Panamá, y el ensayista y crítico literario Mario García Hudson,
quienes participaron en la mesa redonda ”La ‘isla mágica’ frente
a las nuevas generaciones de lectores”. |
La capacidad de Rogelio Sinán para fusionar
en su discurso narrativo elementos extraídos de la cultura universal,
con otros que son exclusivamente autóctonos, fue resaltada el lunes
pasado durante una mesa redonda llevada a cabo en la Universidad
Tecnológica de Panamá (UTP).
Este fue uno de los puntos analizados por
la profesora y ensayista Emma Gómez de Blanco, jefa del departamento
de letras del Instituto Nacional de Cultura, durante una ponencia
titulada “Función de la intertextualidad o transtextualidad en la
concepción irónica y paródica del universo narrativo de la Isla
Mágica”.
La profesora subrayó la intertextualidad,
o la presencia de textos de otros autores dentro de la Isla Mágica.
Sinán se apoyaba en esta técnica para la confección de sus ironías
y parodias, logrando resultados “lúdicos, irónicos y satíricos”.
En opinión de la escritora, la intercalación
de pasajes sacados de otras obras dentro del flujo narrativo de
la Isla Mágica refleja el profundo conocimiento que tenía Sinán
de la historia y la cultura universal, así como de la idiosincrasia
del panameño. “La polifonía y el manejo del tiempo contribuyen a
que este sistema intertextual de referencias a otras obras evolucione
sin obstruir el flujo normal de la trama”, manifestó.
Es así que si se realiza un análisis profundo
de la novela, se encontrará, tomando como punto de partida su estructura
formal, paralelismos con el Decamerón, de Giovanni Boccaccio. Al
igual que la obra del escritor italiano, la Isla Mágica está dividida
en 10 decálogos, los que a su vez integran otras múltiples narraciones,
en las que predominan los temas de gran intensidad erótica, que
a pesar de su autonomía, forman parte de un todo perfectamente orquestado.
Asimismo, en algunos aspectos, Sinán también
se nutre de la tradición literaria española, específicamente de
la novela picaresca, presentándonos la crítica social de un pueblo
(en este caso la isla de Taboga) que no resuelve sus necesidades
ni supera las limitaciones inherentes a su naturaleza, denunciando
así situaciones de amoralidad, racismo, e indiferencia social.
Para Gómez de Blanco, en el personaje de
Felipe se evidencia la influencia del Don Juan, protagonista de
la novela El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina. “Felipe es
la personificación superlativa e intensamente amoral del Don Juan”,
manifestó la escritora.
A través de Felipe, Sinán logra realizar
así una parodia del personaje clásico de Molina, trasladándolo hasta
nuestras tórridas latitudes, y hasta cierto punto, ridiculizándolo
con su zoofilia incesante, y su “sexo exuberante”, el cual seduce,
engaña y atemoriza en ocasiones.
En cuanto al uso del lenguaje, Sinán sigue
los pasos de Fernando de Rojas, autor de la Celestina, introduciendo
vocablos de uso común para imprimirle realismo a las situaciones
presentadas en su obra. “Sinán mezcla los niveles de lenguaje, saltando
de un vocablo procaz a uno culto, conjugando fragmentos de la literatura
universal, con otros sacados del folclor nacional. Todo esto nos
permite encontrar a un autor que hace del juego de palabras la materia
de su estilo y su forma de cuestionar la realidad”, explicó.
En lo que se refiere a la paratextualidad,
la cual se da cuando en los títulos, subtítulos, epígrafes o parágrafos
de una obra se utilizan fragmentos extraídos de otra, en la Isla
Mágica Sinán emplea textos bíblicos para titular varios de sus decálogos,
dándoles así una connotación burlesca y hasta profanadora.
De acuerdo con De Blanco, la intención de
Sinán era criticar a una “iglesia que vende indulgencias, que predica
el voto de castidad, pero cuyos sacerdotes” no pueden desligarse
por completo de sus necesidades sexuales.
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