En las escuelas: sexo, religión e inglés
Hay que aprender inglés. Y del reto no podrá eximirse nadie, pues el mundo camina en esa dirección
Mario Pezzotti
El pasado lunes 27 de mayo leí un interesante
artículo del doctor Xavier Sáez-Llorens en esta misma sección titulado
“Inglés, religión y sexo en las escuelas”, el cual me pareció harto
interesante. Como manifesté anteriormente, y ahora sumándome a lo
que sostiene el apreciado columnista, es imprescindible el aprendizaje
del idioma inglés. Debemos todos los panameños ser conscientes de
que aprender inglés es provechoso para nuestra economía de servicios,
para nuestra realidad geográfica, comercial y para el manejo internacional
del Canal de Panamá.
Nadie más soberano y nacionalista que los países
europeos, y en días pasados, disfrutando en televisión el Festival
de Eurovisión 2002, me sorprendió ver que, de los 24 países concursantes,
19 de ellos cantaron sus temas en inglés. Y los comentaristas directos
que tenía el concurso –que eran estonios–, se dirigían a toda Europa
y a los que lo veíamos a través de la Televisión Española Internacional,
en el más pulcro inglés. ¿Podrían creerme que España cantó una canción
bilingüe, en inglés y castellano? Y el país ganador –Letonia– ganó
cantando un hermoso tema en inglés. No sentí que perdían su identidad...
Volviendo a lo nuestro, estoy de acuerdo con el doctor, hay que
aprender inglés. Y del reto no podrá eximirse nadie, pues el mundo
camina en esa dirección. Sin embargo, debemos cuidar nuestra tradición
cultural: por encima de un lenguaje comercial, el castellano es
la lengua oficial de los panameños.
La religión católica es la que profesamos la
mayoría de los panameños por ello, sin llegar a ser oficial, tiene
una especial mención en nuestra Constitución, y es Jesús de Nazareth
un elemento contundente para “explicar” la aplicación de muchas
de nuestras leyes, cuando las mismas, a falta de mayores detalles,
rezan al final “... y que no riña con las buenas costumbres ni la
moral cristiana”. No conozco el porcentaje de cristianos ni de católicos
en el mundo, pero en Panamá es mayoritario, por ello veo normal
que se sienten las bases de la fe que profesa la mayoría de los
panameños.
Es lo democrático. Los colegios privados con
orientación religiosa, tienen como una de sus razones de ser precisamente
la transmisión de la doctrina respectiva a sus estudiantes, y la
ley de la oferta y la demanda juega un papel importante en ello.
Si hay gran demanda de colegios católicos, por ejemplo, lo lógico
es pensar que quienes se especializan en este tipo de enseñanza
–algunas órdenes religiosas–, funden centros de estudio con esa
orientación, y ofrezcan lo que la gente pide. Es muy simple y no
hay nada que se pueda decir al respecto. Y qué bueno que es así,
pues estoy seguro que cualquier religión sería susceptible de deformarse
si dejasen su enseñanza y la interpretación de sus principios básicos
exclusivamente a cada padre de familia... Algo que como católico
me complace, es darme cuenta de que cada vez surgen más colegios
de orientación católica que no son regentados por órdenes religiosas,
pues ello quiere decir que la iniciativa ha cruzado los muros del
claustro... No en vano Su Santidad Juan Pablo II, al inaugurar el
nuevo milenio en su homilía de Año Nuevo, dijo “...este siglo, será
el siglo de la Iglesia católica...”.
Y por último, el tema del sexo. Recuerdo cuando
hice mis pinitos en educación sexual en el colegio San Agustín,
por allá por 1978-79. Nos llevaron al auditórium a tomar un par
de seminarios sobre la fecundación del óvulo, proyectando gráficas
científicas que más parecían de una clase de biología que de educar
a los jóvenes a conocer su sexualidad. Por supuesto, el seminario
lo dictaba un cura y no aceptaron preguntas porque estábamos cortos
de tiempo... ¡Cosas de la patria boba...! Evoco estos recuerdos
y sonrío, al pensar en la ingenuidad de mis años mozos de estudiante
y por qué no, en mis ansias de saber más sobre el tema.
Sí, creo que debiéramos satisfacer la curiosidad
de nuestros hijos con enseñanzas más profundas sobre la sexualidad.
Me uno a la opinión del doctor, cuando afirma que “...debemos reforzar
las bondades de la abstinencia como método infalible en la prevención
de embarazos no deseados y de enfermedades de transmisión sexual”.
Transmitámosle, pues, a nuestra juventud que la sexualidad es un
don, un regalo precioso que Dios puso en nuestros cuerpos para que
demostremos amor, sentimiento que no pueden mostrar los animales
entre sí al procrear. Y como todos los dones que Dios nos ha dado,
se debe hacer uso racional del mismo a fin de que sirva para lo
que fue creado –para la perfecta demostración de amor–, y no para
satisfacer un simple instinto. A la juventud hay que enseñarle que
la sexualidad debe manejarse con responsabilidad y madurez. Que
no está allí para el abuso, la promiscuidad ni la aberración, sino
para el momento y la persona indicada. Es una tarea ardua con tanta
pornografía, hedonismo y violencia en nuestra sociedad, pero en
fin, eso es parte precisamente de la labor que tenemos los padres
de familia. Para ello, ¡cuán valiosos son como apoyo los centros
escolares de orientación religiosa...!
El autor es abogado
Además en opinión
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I. Roberto Eisenmann, Jr.
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por otra: Geraldine Emiliani S.
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sexo, religión e inglés: Mario Pezzotti
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