Panamá, 21 de junio de 2002
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En las escuelas: sexo, religión e inglés

Hay que aprender inglés. Y del reto no podrá eximirse nadie, pues el mundo camina en esa dirección

Mario Pezzotti

El pasado lunes 27 de mayo leí un interesante artículo del doctor Xavier Sáez-Llorens en esta misma sección titulado “Inglés, religión y sexo en las escuelas”, el cual me pareció harto interesante. Como manifesté anteriormente, y ahora sumándome a lo que sostiene el apreciado columnista, es imprescindible el aprendizaje del idioma inglés. Debemos todos los panameños ser conscientes de que aprender inglés es provechoso para nuestra economía de servicios, para nuestra realidad geográfica, comercial y para el manejo internacional del Canal de Panamá.

Nadie más soberano y nacionalista que los países europeos, y en días pasados, disfrutando en televisión el Festival de Eurovisión 2002, me sorprendió ver que, de los 24 países concursantes, 19 de ellos cantaron sus temas en inglés. Y los comentaristas directos que tenía el concurso –que eran estonios–, se dirigían a toda Europa y a los que lo veíamos a través de la Televisión Española Internacional, en el más pulcro inglés. ¿Podrían creerme que España cantó una canción bilingüe, en inglés y castellano? Y el país ganador –Letonia– ganó cantando un hermoso tema en inglés. No sentí que perdían su identidad... Volviendo a lo nuestro, estoy de acuerdo con el doctor, hay que aprender inglés. Y del reto no podrá eximirse nadie, pues el mundo camina en esa dirección. Sin embargo, debemos cuidar nuestra tradición cultural: por encima de un lenguaje comercial, el castellano es la lengua oficial de los panameños.

La religión católica es la que profesamos la mayoría de los panameños por ello, sin llegar a ser oficial, tiene una especial mención en nuestra Constitución, y es Jesús de Nazareth un elemento contundente para “explicar” la aplicación de muchas de nuestras leyes, cuando las mismas, a falta de mayores detalles, rezan al final “... y que no riña con las buenas costumbres ni la moral cristiana”. No conozco el porcentaje de cristianos ni de católicos en el mundo, pero en Panamá es mayoritario, por ello veo normal que se sienten las bases de la fe que profesa la mayoría de los panameños.

Es lo democrático. Los colegios privados con orientación religiosa, tienen como una de sus razones de ser precisamente la transmisión de la doctrina respectiva a sus estudiantes, y la ley de la oferta y la demanda juega un papel importante en ello. Si hay gran demanda de colegios católicos, por ejemplo, lo lógico es pensar que quienes se especializan en este tipo de enseñanza –algunas órdenes religiosas–, funden centros de estudio con esa orientación, y ofrezcan lo que la gente pide. Es muy simple y no hay nada que se pueda decir al respecto. Y qué bueno que es así, pues estoy seguro que cualquier religión sería susceptible de deformarse si dejasen su enseñanza y la interpretación de sus principios básicos exclusivamente a cada padre de familia... Algo que como católico me complace, es darme cuenta de que cada vez surgen más colegios de orientación católica que no son regentados por órdenes religiosas, pues ello quiere decir que la iniciativa ha cruzado los muros del claustro... No en vano Su Santidad Juan Pablo II, al inaugurar el nuevo milenio en su homilía de Año Nuevo, dijo “...este siglo, será el siglo de la Iglesia católica...”.

Y por último, el tema del sexo. Recuerdo cuando hice mis pinitos en educación sexual en el colegio San Agustín, por allá por 1978-79. Nos llevaron al auditórium a tomar un par de seminarios sobre la fecundación del óvulo, proyectando gráficas científicas que más parecían de una clase de biología que de educar a los jóvenes a conocer su sexualidad. Por supuesto, el seminario lo dictaba un cura y no aceptaron preguntas porque estábamos cortos de tiempo... ¡Cosas de la patria boba...! Evoco estos recuerdos y sonrío, al pensar en la ingenuidad de mis años mozos de estudiante y por qué no, en mis ansias de saber más sobre el tema.

Sí, creo que debiéramos satisfacer la curiosidad de nuestros hijos con enseñanzas más profundas sobre la sexualidad. Me uno a la opinión del doctor, cuando afirma que “...debemos reforzar las bondades de la abstinencia como método infalible en la prevención de embarazos no deseados y de enfermedades de transmisión sexual”. Transmitámosle, pues, a nuestra juventud que la sexualidad es un don, un regalo precioso que Dios puso en nuestros cuerpos para que demostremos amor, sentimiento que no pueden mostrar los animales entre sí al procrear. Y como todos los dones que Dios nos ha dado, se debe hacer uso racional del mismo a fin de que sirva para lo que fue creado –para la perfecta demostración de amor–, y no para satisfacer un simple instinto. A la juventud hay que enseñarle que la sexualidad debe manejarse con responsabilidad y madurez. Que no está allí para el abuso, la promiscuidad ni la aberración, sino para el momento y la persona indicada. Es una tarea ardua con tanta pornografía, hedonismo y violencia en nuestra sociedad, pero en fin, eso es parte precisamente de la labor que tenemos los padres de familia. Para ello, ¡cuán valiosos son como apoyo los centros escolares de orientación religiosa...!

El autor es abogado


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