Audacia y liderazgo
Que se delegue la rutina a los vicepresidentes y a los ministros, para que la presidenta se dedique al cuadro grande, a pensar en cuáles cosas audaces e inesperadas pueden sacudir y despertar al país de su letargo
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Los panameños experimentamos hoy sentimientos encontrados. Por un lado, siento que ya la gente se aburrió de la quejadera perenne y ha vuelto a trabajar… pero por otro hay un letargo que es como una nube negra que arropa a todo el país y no nos deja romper el ciclo negativo.
Hacen falta varios golpes de audacia política y liderazgo en la agenda pública, que rompan el letargo y permitan rayos de luz a través de la nube negra. Este efecto solo es posible lograrlo en la cúpula del poder público por parte de la presidenta de la República.
Se requiere de actos audaces que sacudan y despierten el ser nacional. Cosas que nadie se espera y que permitan un retorno al optimismo.
¡Fuera la ocupada rutina presidencial! Que se delegue la rutina a los vicepresidentes y a los ministros para que la presidenta se dedique al cuadro grande, a pensar en cuáles cosas audaces e inesperadas pueden sacudir y despertar al país de su letargo: entre algunas, por ejemplo, definir una agenda de Estado con temas como la expansión del Canal, el consenso de educación, el consenso sobre la CSS, un plan de seguridad ciudadana, una nueva Constitución, un nuevo plan económico para la Nación, y la citación a los presidentes de los partidos políticos para provocar un compromiso de todos en el sentido de que, gane quien gane las elecciones próximas, se comprometan a cumplir con las decisiones consensuadas en estas “citas de Estado”, a las que además asistan como actores y testigos todos los demás firmantes de la Visión Nacional 2020.
Liderar así, con la fuerza de la Presidencia, un reinvento de nuestra institucionalidad, vigorizando de esta forma dramática y audaz la democracia participativa.
Liderar personalmente tres o cuatro golpes dramáticos inesperados a la corrupción, al nepotismo y a la maleantería, que demuestren su compromiso con la integridad del servidor público. Pasar de la defensiva injustificada, a la ofensiva anhelada por la sociedad.
En la reforma tributaria, además de la equidad necesaria, dar un golpe inesperado de reducción a las tarifas de impuestos para incentivar la economía y lograr el crecimiento de las finanzas públicas por vía del crecimiento económico, y la reducción de la rebeldía y evasión tributaria.
Traer a Panamá, como asesor de Estado, al Nobel de economía Joseph Stiglitz –quien trabajó en la presidencia de Clinton y en el Banco Mundial, pero quien es a la vez crítico de los fracasos de las IFI y está en busca de modelos eficaces de crecimiento y equidad– para que nos ayude a construir de consenso un modelo económico creativo y moderno, haciendo caso omiso a los dogmas conocidos y ya comprobadamente fracasados.
La presidenta llegó a su puesto por audacia política. La vena está allí. Ella tiene que sacudirse y volver a su raíz, despertando al país de su letargo, liderándolo. Tiene poco tiempo para hacerlo antes de que se desate del todo la campaña política y, como consecuencia natural, se vaya deteriorando su autoridad presidencial. ¡Mañana es tarde, señora presidenta!
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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