Panamá, 21 de junio de 2002
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Otro ángulo del paro

Los despidos, los acuerdos mutuos aumentan, mientras algunas empresas quiebran y otras se tambalean

Juan Luis Batista
jlbatista@prensa.com

Para nadie es un secreto que en los últimos años la demanda de los servicios privados de salud se ha ido al piso. Prueba de ello es lo que le pasó al San Judas Tadeo y al Hospital América. Paralelamente, esa demanda ha tenido que ser suplida por los servicios de salud que brinda la Caja de Seguro Social. Por eso no es ninguna novedad que esta institución haya tenido que ampliar sus servicios en tiempos de crisis.

Y es que la economía no crece al ritmo que se requiere. Más aún, las condiciones de pobreza y desempleo –por más que en el Gobierno la planilla crezca cada vez más– apuntan al deterioro. Sears, Fotokina, El Universal y las empresas productoras de banano en Chiriquí son solo algunos ejemplos de que a todos nos toca.

Los despidos, los acuerdos mutuos aumentan, mientras algunas empresas quiebran y otras se tambalean. Los proyectos de reactivación, en tanto, caminan a paso de tortuga.

Las deudas tienen a medio Panamá atado por los dos pies. Justo en este contexto, los médicos especialistas de la capital decidieron convocar a un paro para exigir lo que todo el mundo reconoce como muy justo: el pago de las horas extraordinarias. Nunca se les había pagado, ciertamente, pero ahora más que nunca ellos necesitan de ese dinero.

De la propuesta inicial de 200 dólares, los médicos aceptaron 80 dólares por esas horas. No obstante, lograron otros beneficios que no son de carácter pecuniario. Posteriormente, los galenos desconocieron este acuerdo, pero ya el Ministerio de Salud lo da por hecho.

Los que quedaron en el aire –y con ánimos de continuar el paro– son los residentes e internos, que se unieron al paro de sus jefes-colegas con el propósito de mejorar sus condiciones laborales y salariales.

En realidad, estos médicos, que el Ministerio de Salud cataloga como “médicos en formación”, llevan un gran peso laboral en los hospitales. Trabajan tan duro como cualquier aprendiz de mecánico. Para rematar, en este paro salieron transados.

El paro fue injusto para todos los pacientes que tenían citas. Pero, pese a la expectativa de que algunos centros privados podrían aumentar la demanda en estos días, no fue así. Al menos eso pudimos comprobar al conversar con algunos administradores de centros médicos de precios relativamente módicos.

Una lección interesante de este paro fue la actitud de los ciudadanos, particularmente de los grupos organizados. Más de siete organizaciones de trabajadores –incluyendo a CONATO– se manifestaron en contra del paro. Lo más curioso del asunto es que esgrimieron razones financieras. Una de ellas es que la CSS, en medio de sus limitaciones económicas, no podía hacer frente a las demandas salariales de los médicos.

Hubo una comprensión clara de que los recursos son de todos, y que al final todos pagamos. Esa misma claridad deben mostrar los dirigentes sindicales, el Gobierno y los legisladores cuando se trata de recursos del Estado.

Por eso aprobamos con facilidad aumentos, gastos de representación, leyes para condonar deudas a algún grupito o, incluso, resoluciones para que algunas empresas no paguen lo que le deben al Estado.

Esa responsabilidad en el manejo de nuestro dinero –demostrada por diversas organizaciones durante estos días de paro– deberíamos asumirla como una ganancia.

El autor es periodista

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