Otro ángulo del paro
Los despidos, los acuerdos
mutuos aumentan, mientras algunas empresas quiebran y otras se tambalean
Juan Luis Batista
jlbatista@prensa.com
Para nadie es un secreto que en los últimos
años la demanda de los servicios privados de salud se ha ido al
piso. Prueba de ello es lo que le pasó al San Judas Tadeo y al Hospital
América. Paralelamente, esa demanda ha tenido que ser suplida por
los servicios de salud que brinda la Caja de Seguro Social. Por
eso no es ninguna novedad que esta institución haya tenido que ampliar
sus servicios en tiempos de crisis.
Y es que la economía no crece al ritmo que
se requiere. Más aún, las condiciones de pobreza y desempleo –por
más que en el Gobierno la planilla crezca cada vez más– apuntan
al deterioro. Sears, Fotokina, El Universal y las empresas productoras
de banano en Chiriquí son solo algunos ejemplos de que a todos nos
toca.
Los despidos, los acuerdos mutuos aumentan,
mientras algunas empresas quiebran y otras se tambalean. Los proyectos
de reactivación, en tanto, caminan a paso de tortuga.
Las deudas tienen a medio Panamá atado por
los dos pies. Justo en este contexto, los médicos especialistas
de la capital decidieron convocar a un paro para exigir lo que todo
el mundo reconoce como muy justo: el pago de las horas extraordinarias.
Nunca se les había pagado, ciertamente, pero ahora más que nunca
ellos necesitan de ese dinero.
De la propuesta inicial de 200 dólares, los
médicos aceptaron 80 dólares por esas horas. No obstante, lograron
otros beneficios que no son de carácter pecuniario. Posteriormente,
los galenos desconocieron este acuerdo, pero ya el Ministerio de
Salud lo da por hecho.
Los que quedaron en el aire –y con ánimos
de continuar el paro– son los residentes e internos, que se unieron
al paro de sus jefes-colegas con el propósito de mejorar sus condiciones
laborales y salariales.
En realidad, estos médicos, que el Ministerio
de Salud cataloga como “médicos en formación”, llevan un gran peso
laboral en los hospitales. Trabajan tan duro como cualquier aprendiz
de mecánico. Para rematar, en este paro salieron transados.
El paro fue injusto para todos los pacientes
que tenían citas. Pero, pese a la expectativa de que algunos centros
privados podrían aumentar la demanda en estos días, no fue así.
Al menos eso pudimos comprobar al conversar con algunos administradores
de centros médicos de precios relativamente módicos.
Una lección interesante de este paro fue
la actitud de los ciudadanos, particularmente de los grupos organizados.
Más de siete organizaciones de trabajadores –incluyendo a CONATO–
se manifestaron en contra del paro. Lo más curioso del asunto es
que esgrimieron razones financieras. Una de ellas es que la CSS,
en medio de sus limitaciones económicas, no podía hacer frente a
las demandas salariales de los médicos.
Hubo una comprensión clara de que los recursos
son de todos, y que al final todos pagamos. Esa misma claridad deben
mostrar los dirigentes sindicales, el Gobierno y los legisladores
cuando se trata de recursos del Estado.
Por eso aprobamos con facilidad aumentos,
gastos de representación, leyes para condonar deudas a algún grupito
o, incluso, resoluciones para que algunas empresas no paguen lo
que le deben al Estado.
Esa responsabilidad en el manejo de nuestro
dinero –demostrada por diversas organizaciones durante estos días
de paro– deberíamos asumirla como una ganancia.
El autor es periodista
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