Salud
La madre de todas las glándulas
La hipófisis controla
gran parte de los procesos biológicos; pero no es infalible
Eva Aguilar
eaguilar@prensa.com
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Aunque es tan pequeña como un guisante y solo
pesa medio gramo, a la glándula pituitaria se la conoce por nombres
que dejan entrever un gran poder: “glándula maestra”, “glándula
regidora”, “glándula principal”... todos ellos sobradamente justificados.
No en vano es la encargada de lanzar al torrente sanguíneo las órdenes
que regirán una buena parte de las funciones biológicas más esenciales.
La glándula pituitaria o hipófisis, forma
parte, junto con la tiroides, la paratiroides, el páncreas, las
glándulas suprarrenales, los testículos y los ovarios, del sistema
endocrino, cuya función es secretar hormonas que viajan a través
de la sangre hasta los lugares donde servirán de mensajeras y mediadoras
en la coordinación de las actividades del organismo.
Los apodos de “regidora” y “maestra” se los
ha ganado porque dentro del sistema endocrino, la pituitaria coordina
la función de otras glándulas y es autosuficiente en cuanto al control
de las hormonas que ella misma secreta: un proceso de retroalimentación
le permite saber cuándo debe disminuir o aumentar su producción.
Pero si bien da la impresión de ser muy absoluta,
la glándula pituitaria tiene jefe. Localizada en la base del cerebro
-dentro de una estructura ósea que la protege, conocida como la
“silla turca”-, está conectada con el hipotálamo por medio de fibras
nerviosas. El hipotálamo es una sección del cerebro que se encuentra
sobre la hipófisis y que a su vez le envía órdenes por medio de
hormonas y pulsaciones.
Mensajeras
La palabra hormona proviene de un vocablo
griego que significa “excitar” o “mover”. Para llevar las órdenes
que recibe del cerebro a otras glándulas y órganos del cuerpo, la
hipófisis se sirve de hormonas, que no son más que esos mensajeros
químicos que viajan en la sangre y que encuentran su receptor correspondiente
en las células que forman el tejido del órgano al cual van dirigidas.
En este punto, la hormona altera de alguna forma el funcionamiento
de la célula (ya sea porque acelera o disminuye la velocidad a la
que esta trabaja), y a ese paso es capaz de controlar el funcionamiento
de órganos enteros y coordinar procesos de adaptación, desarrollo,
crecimiento y reproducción.
Son siete las principales hormonas producidas
por la glándula pituitaria.
La hormona del crecimiento es la más abundante
en el torrente sanguíneo. Como bien lo dice su nombre, interviene
en el crecimiento de huesos y músculos, además de que regula el
metabolismo celular. Si su presencia en la sangre es tan abundante,
es porque controla también la entrada de azúcar a los músculos y
el almacenamiento de grasa.
Luego está la prolactina, que es la encargada
de activar las glándulas mamarias para iniciar y mantener la producción
de leche después del parto. La adenocorticotrópica, por su parte,
estimula a las glándulas suprarrenales (localizadas sobre los riñones)
a producir otras hormonas con funciones tan diversas como regular
el equilibrio de la sal y del agua y permitir que el cuerpo se adapte
al estrés.
La hipófisis también secreta la hormona estimulante
de la tiroides, glándula que actúa sobre el metabolismo y el balance
del calcio,
En las funciones reproductivas intervienen
la hormona luteinizante y la foliculoestimulante. Ellas actúan sobre
los ovarios y testículos, y controlan la maduración del óvulo y
los ciclos menstruales, la producción de semen y esperma, así como
los rasgos sexuales femeninos y masculinos.
La hormona antidiurética (vasopresina) aumenta
la absorción de agua en la sangre y es la encargada de limitar la
producción excesiva de orina. Finalmente, la oxitocina contrae los
músculos del útero y de los conductos de las glándulas mamarias.
Fallos en el sistema
Con tantas funciones bajo su dominio, el
cuerpo sufre considerablemente cuando la pituitaria tiene algún
trastorno. Un tumor en la hipófisis o en el hipotálamo, el suministro
insuficiente de sangre a la glándula, traumatismos en la cabeza
o alguna enfermedad inmunológica, entre otras razones, puede producir
una secreción inadecuada de las hormonas hipofisiarias.
Si bien la deficiencia de la hormona del
crecimiento no provoca casi ningún síntoma en los adultos, reduce
la velocidad de crecimiento en los niños y en algunos casos produce
enanismo.
Por otra parte, una baja producción de las
hormonas luteinizante y foliculoestimulantes produce la interrupción
de la menstruación, infertilidad y resequedad vaginal en las mujeres,
mientras que en los hombres provoca impotencia, atrofia de los testículos
e infertilidad.
El tratamiento para estas y otras insuficiencias
hormonales suele consistir en la administración de las hormonas
que se activan en las otras glándulas a raíz de las órdenes que
reciben de la pituitaria, y no en la sustitución de las hormonas
hipofisiarias en sí. Por ejemplo, a una mujer con deficiencia de
las hormonas luteinizante y foliculoestimulante, se le administran
estrógenos y progesterona. Una forma de suplir los fallos de la
poderosa pituitaria cuando algo en su ordenado sistema de trabajo
empieza a fallar.
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