Panamá, 16 de junio de 2002
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Salud

La madre de todas las glándulas

La hipófisis controla gran parte de los procesos biológicos; pero no es infalible

Eva Aguilar
eaguilar@prensa.com

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Aunque es tan pequeña como un guisante y solo pesa medio gramo, a la glándula pituitaria se la conoce por nombres que dejan entrever un gran poder: “glándula maestra”, “glándula regidora”, “glándula principal”... todos ellos sobradamente justificados. No en vano es la encargada de lanzar al torrente sanguíneo las órdenes que regirán una buena parte de las funciones biológicas más esenciales.

La glándula pituitaria o hipófisis, forma parte, junto con la tiroides, la paratiroides, el páncreas, las glándulas suprarrenales, los testículos y los ovarios, del sistema endocrino, cuya función es secretar hormonas que viajan a través de la sangre hasta los lugares donde servirán de mensajeras y mediadoras en la coordinación de las actividades del organismo.

Los apodos de “regidora” y “maestra” se los ha ganado porque dentro del sistema endocrino, la pituitaria coordina la función de otras glándulas y es autosuficiente en cuanto al control de las hormonas que ella misma secreta: un proceso de retroalimentación le permite saber cuándo debe disminuir o aumentar su producción.

Pero si bien da la impresión de ser muy absoluta, la glándula pituitaria tiene jefe. Localizada en la base del cerebro -dentro de una estructura ósea que la protege, conocida como la “silla turca”-, está conectada con el hipotálamo por medio de fibras nerviosas. El hipotálamo es una sección del cerebro que se encuentra sobre la hipófisis y que a su vez le envía órdenes por medio de hormonas y pulsaciones.

Mensajeras

La palabra hormona proviene de un vocablo griego que significa “excitar” o “mover”. Para llevar las órdenes que recibe del cerebro a otras glándulas y órganos del cuerpo, la hipófisis se sirve de hormonas, que no son más que esos mensajeros químicos que viajan en la sangre y que encuentran su receptor correspondiente en las células que forman el tejido del órgano al cual van dirigidas. En este punto, la hormona altera de alguna forma el funcionamiento de la célula (ya sea porque acelera o disminuye la velocidad a la que esta trabaja), y a ese paso es capaz de controlar el funcionamiento de órganos enteros y coordinar procesos de adaptación, desarrollo, crecimiento y reproducción.

Son siete las principales hormonas producidas por la glándula pituitaria.

La hormona del crecimiento es la más abundante en el torrente sanguíneo. Como bien lo dice su nombre, interviene en el crecimiento de huesos y músculos, además de que regula el metabolismo celular. Si su presencia en la sangre es tan abundante, es porque controla también la entrada de azúcar a los músculos y el almacenamiento de grasa.

Luego está la prolactina, que es la encargada de activar las glándulas mamarias para iniciar y mantener la producción de leche después del parto. La adenocorticotrópica, por su parte, estimula a las glándulas suprarrenales (localizadas sobre los riñones) a producir otras hormonas con funciones tan diversas como regular el equilibrio de la sal y del agua y permitir que el cuerpo se adapte al estrés.

La hipófisis también secreta la hormona estimulante de la tiroides, glándula que actúa sobre el metabolismo y el balance del calcio,

En las funciones reproductivas intervienen la hormona luteinizante y la foliculoestimulante. Ellas actúan sobre los ovarios y testículos, y controlan la maduración del óvulo y los ciclos menstruales, la producción de semen y esperma, así como los rasgos sexuales femeninos y masculinos.

La hormona antidiurética (vasopresina) aumenta la absorción de agua en la sangre y es la encargada de limitar la producción excesiva de orina. Finalmente, la oxitocina contrae los músculos del útero y de los conductos de las glándulas mamarias.

Fallos en el sistema

Con tantas funciones bajo su dominio, el cuerpo sufre considerablemente cuando la pituitaria tiene algún trastorno. Un tumor en la hipófisis o en el hipotálamo, el suministro insuficiente de sangre a la glándula, traumatismos en la cabeza o alguna enfermedad inmunológica, entre otras razones, puede producir una secreción inadecuada de las hormonas hipofisiarias.

Si bien la deficiencia de la hormona del crecimiento no provoca casi ningún síntoma en los adultos, reduce la velocidad de crecimiento en los niños y en algunos casos produce enanismo.

Por otra parte, una baja producción de las hormonas luteinizante y foliculoestimulantes produce la interrupción de la menstruación, infertilidad y resequedad vaginal en las mujeres, mientras que en los hombres provoca impotencia, atrofia de los testículos e infertilidad.

El tratamiento para estas y otras insuficiencias hormonales suele consistir en la administración de las hormonas que se activan en las otras glándulas a raíz de las órdenes que reciben de la pituitaria, y no en la sustitución de las hormonas hipofisiarias en sí. Por ejemplo, a una mujer con deficiencia de las hormonas luteinizante y foliculoestimulante, se le administran estrógenos y progesterona. Una forma de suplir los fallos de la poderosa pituitaria cuando algo en su ordenado sistema de trabajo empieza a fallar.


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