Panamá, 16 de junio de 2002
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Se nos acaba la paciencia sobre Isla San José

A mi criterio, Panamá ha sido demasiado complaciente con Estados Unidos al tratar de negociar una solución al reclamo ambiental

Betty Brannan Jaén
larprensadc@aol.com

Hace dos meses hubo un momento efímero en que parecía que Estados Unidos y Panamá llegarían pronto a un acuerdo sobre el saneamiento de Isla San José. Pero del lado panameño, ese optimismo ha sido reemplazado por frustración.

Aunque los norteamericanos piden “paciencia”, la paciencia panameña se nos está agotando.

En abril reporté que había una propuesta norteamericana sobre la mesa con respecto a la limpieza ambiental de armas químicas en Isla San José, pero que los funcionarios de Panamá y Estados Unidos rehusaban divulgar su contenido. Del lado panameño, el embajador Guillermo Ford se limitó a decir que Panamá estaba “estudiando” la propuesta; mientras que del lado estadounidense, un portavoz oficial afirmó que “estamos acercándonos” a un acuerdo.

“Estamos tratando de hacer lo correcto”, dijo el vocero, repitiendo la frase alentadora que el secretario Colin Powell había usado en una entrevista conmigo.

Sin embargo, cuando el ministro de Relaciones Exteriores, José Miguel Alemán, estuvo en Washington en mayo, mostró frustración sobre el tema de San José y dejó entrever que la propuesta norteamericana era insatisfactoria. El canciller no quiso divulgar en qué consiste la propuesta, pero el diario San Francisco Chronicle reportó la semana pasada que Estados Unidos meramente propone remover las bombas químicas que ya han sido encontradas en San José, no un saneamiento completo de toda la contaminación tóxica que pueda haber allí, incluyendo bombas que no se han descubierto aún.

La organización “Fellowship of Reconciliation” (FOR) calcula que puede haber unas tres mil bombas sin detonar de gas mostaza y fósgeno en la isla, de las que solo se han encontrado unas cuantas hasta el momento. Peor aún, Panamá no sabe lo que pueda haber en San José porque Estados Unidos se ha negado a entregar esa información.

A mi criterio, Panamá ha sido demasiado complaciente con Estados Unidos al tratar de negociar una solución al reclamo ambiental. El gobierno de Pérez Balladares desatendió el problema y se lo traspasó al gobierno de Moscoso cuando ya solo quedaban tres meses para que la retirada estadounidense del istmo fuera un fait accompli. Pero el gobierno actual tampoco lo ha manejado bien. Un alto funcionario del gobierno de Moscoso me dijo hace dos años que sería un grave error “restregarle la nariz a los gringos en la porquería, como uno hace cuando un perrito se ha ensuciado en la alfombra”. La estrategia mireyista, dijo, era persuadir por las buenas a Washington de que cumpliera con sus obligaciones. Respondí desde el principio que esta táctica me parecía errada y ahora, dos años más tarde, veo que esa estrategia no ha producido resultado alguno. Hemos pagado millones para que el bufete de Arnold and Porter nos asesore sobre el problema y lo único que han hecho (que yo pueda ver) es solicitar un arbitraje sobre los polígonos que Estados Unidos no aceptará jamás.

“No me parece astuto que Panamá se siente a esperar que Estados Unidos haga algo sobre los polígonos”, dijo John Lindsay-Poland de FOR al San Francisco Chronicle. Por otro lado, Lindsay-Poland opinó en declaraciones a La Prensa que el Gobierno actual sí fue astuto en contratar expertos norteamericanos para comprobar la contaminación en los polígonos y en llevar el problema de San José a la OPAQ [Organización para la Prohibición de Armas Químicas, una agencia de las Naciones Unidas].

Pero el reglamento de la OPAQ requiere que se responda a una denuncia dentro de seis meses, señaló Lindsay-Poland, y ya han pasado más de seis desde que Panamá presentó el asunto en septiembre del 2001. Estados Unidos no solamente ha incumplido ese plazo, sino que ha utilizado el intervalo para lograr la destitución del director de la OPAQ. Aunque el Departamento de Estado insiste en que ese embrollo no tiene nada que ver con Panamá, la destitución tendrá dos resultados que nos afectan: 1) los cambios de personal en la OPAQ harán que nadie preste mucha atención al caso panameño, y 2) el nuevo director de la agencia tendrá muy presente que disgustar a Estados Unidos es un error que le costará el cargo.

Sobre el reclamo ambientalista contra Washington, me parece hora de ensayar estrategias mucho más agresivas, como buscar apoyo multinacional, generar respaldo de alto perfil entre las organizaciones ambientalistas, explorar vías multilaterales de resolución, contemplar litigios, buscar publicidad para la causa panameña, y utilizar la opinión popular en ambos países como arma de presión.

El momento de ser pacientes ya pasó.

Las autora es corresponsal de La Prensa


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