Besos, sombreros y contratos
Hoy la reputación de Panamá en el extranjero no tiene nada que envidiarle a la de México
Guillermo Sánchez Borbón
Los políticos panameños no tienen el menor sentido
del ridículo. Por si no les bastara con demandar a los caricaturistas
–y de paso convertirse en el hazmerreír del resto del mundo-, ahora...
Unas palabras antes de entrar en materia. En otro tiempo llamaban a los políticos gringos baby kissers, porque cuanto nene se les ponía a tiro, lo besaban. El pueblo aplaudía a rabiar, conmovido por los buenos sentimientos que traslucía este rito repetido hasta la náusea. Recuerdo una caricatura de The New Yorker: en el fondo se ve a un viejo inmenso, acostado en una cama también inmensa. En el primer plano, ya en la puerta, le pregunta el médico a la esposa del paciente: “¿El senador estuvo haciendo campaña? Porque lo que tiene es sarampión”.
Los tiranos también adoran a los niños. En El
gran dictador de Chaplin, Henkel toma en sus brazos a un nene de
pocos meses, que le deja en la mano izquierda un tangible y oloroso
testimonio de gratitud. Recuerdo haber visto, en una revista española
de ante guerra civil, una caricatura que le hizo mucha gracia a
mis padres. Muestra unos caníbales, todos con el cabello enrollado
alrededor de una tibia. En el segundo plano aparece uno de ellos
chupando un diminuto hueso; en el primer plano una mujer le dice
a otra: “¡A mí marido le encantan los niños!”. W.C. Fields, tenía
violentas broncas con su coprotagonista, Baby LeRoy, que, por si
fuera poco, le robaba escenas al gran cómico. Éste, harto del nene,
amenazó al director: “O LeRoy o yo”. El director le preguntó a Fields:
“¿Qué pasa, no le gustan los niños?” y el cómico contestó: “Sólo
si están bien cocinados”.
José Miguel Alemán, aspirante a la candidatura presidencial por el Partido Arnulfista, no besa niños, pero... En una reciente reunión sobre las etnias, tocado por el sombrero de un jefe tribal africano habló a los circunstantes... el pie de foto no explica si en watussi o en español de ir a la esquina. Lo que no puede negarse es que el sombrero le sentaba a las mil maravillas, como si hubiera venido con él al mundo, o como si se lo hubiera ganado en sangrientas batallas contra una tribu rival. En su lugar, yo no me lo quitaría ni para saludar a las señoras.
****Mireya prometió en su campaña electoral que
acabaría con la corrupción. Yo no la tomé en serio, porque conozco
bien nuestra fauna política y porque sé que nadie puede acabar completamente
con la corrupción, tan antigua como nuestra lastimosa especie. Me
hubiera conformado con que luchara contra ella. Pero eso jamás le
pasó por el magín.
Hoy la reputación de Panamá en el extranjero no tiene nada que envidiarle a la de México. Aquí nada se hace ni se mueve sin que medie una mordida. La burocracia estatal sólo sale de su catatonia cuando a los seres kafkianos que la integran se les ha engrasado previamente la mano.
La grita subió en tantos decibelios, que un día la presidenta resolvió aplacar a la opinión pública aterrada, nombrando una comisión que le recomendara medidas para paliar la virulenta epidemia. Pero en cuanto recibió el informe, ella misma lo refutó: el nepotismo no tiene nada de malo; al contrario, es bueno si no para la salud de la patria, al menos para la salud y bienestar de su familia. Y no ha puesto en práctica ni una sola de las medidas que propuso la comisión.
Igual ocurrió con la ley sobre la transparencia. Primero dijo que era preciso reglamentarla, añagaza para tornarla ineficaz. Y, al igual que su predecesor, no explica nada al país. Esto es así, porque así lo quiero yo, y sanseacabó. Y todo el que pida aclaraciones o la critique, busca desestabilizar a su gobierno. Pero no debemos sucumbir a este chantaje moral.
Por lo visto, ella no se dio cuenta de la monstruosidad que se pretende hacer con Panamá Ports. Nadie le explicó el peligrosísimo precedente que estaba sentando. El Manzanillo y los otros puertos exigirían, con todo derecho, el mismo trato que le dan a su competidor.Y cuanta empresa en el futuro firme un contrato con la Nación, antes de dos años puede demandar la exención absoluta o parcial de la suma que se haya comprometido a pagarle al Estado.Y después se quejan de que bajen las recaudaciones, mejor dicho: las recaudaciones fiscales, no las que van a parar a cuentas cifradas o de las otras, que crecen exponencialmente.
Y lo peor es que gracias a la torpeza de los líderes del PRD, a lo mejor ya cuenta con mayoría en la Asamblea Legislativa, como hoy la tiene en la Corte Suprema, gracias a la venalidad de algunos magistrados y a la tontería de otros. Y entonces que Dios se apiade de todos nosotros y de nuestro pobre Panamá.
Además en opinión
• Besos, sombreros
y contratos: Guillermo Sánchez Borbón •
Dinero público personalizado: Jorge Eduardo
Ritter •
No debe admitirse paro de médicos: Daniel Arias
• Se nos acaba la
paciencia sobre Isla San José: Betty Brannan Jaén
• Reglas para el
buen padre: Mariblanca Staff Wilson
|