Creer o no
Se desprende entonces
de tales informes lo que nunca ha sido un secreto: Gallego fue secuestrado
por unidades de la Guardia Nacional
Manuel
Domínguez mdominguez@prensa.com
Después de 31 años de la desaparición del
sacerdote colombiano Héctor Gallego, la desclasificación de numerosos
documentos elaborados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA)
de Estados Unidos ha brindado nuevos ángulos con los cuales aproximarse
a este suceso. Han aportado, también, más dudas y confusión.
En primer lugar, y tal vez el punto más obvio,
es meditar sobre las acciones de la CIA justo después de que Gallego
desapareciera del pintoresco poblado de Santa Fe, en Veraguas, el
9 de junio de 1971.
Hablo de una activa recolección de información
proveniente de diversas fuentes, tanto militares y civiles, como
del clero.
Los investigadores de la CIA se esforzaban
por establecer dos hechos sobre la desaparición de Gallego: quién
lo secuestró y dónde habría sido enterrado, en caso de que hubiera
sido asesinado inmediatamente después del plagio.
Se desprende entonces de tales informes lo
que nunca ha sido un secreto: Gallego fue secuestrado por unidades
de la Guardia Nacional.
De hecho, la Comisión de la Verdad, como
se recuerda, concluyó que “hay suficientes elementos de convicción
para concluir que Gallego fue detenido por la Guardia Nacional y
que fue desaparecido mientras se encontraba bajo custodia de ese
cuerpo armado”.
El segundo hecho continúa siendo un misterio:
¿dónde fue enterrado Gallego? Al igual que representantes de la
Iglesia, la CIA recopiló numerosa información sobre posibles sitios
en los que el sacerdote colombiano habría sido sepultado.
Hace poco conversaba con el sacerdote Fernando
Guardia sobre este caso. Guardia, quien no deja de reclamar justicia
para Gallego, recordaba igualmente que la Iglesia también recibió
decenas de informaciones sobre el presunto paradero del cuerpo del
sacerdote.
Se habló de Las Tablas, de Aguadulce, de
Río Hato, de la ciudad de Panamá. Ello lleva a pensar –como me sugirió
hace poco un ex integrante de la Comisión de la Verdad– que además
del secuestro y asesinato las personas implicadas en tales crímenes
ejecutaron una campaña de desinformación –suministrando información
falsa– con el fin de desorientar a quienes estuvieran interesados
en saber la verdad sobre Gallego.
Una verdad que tres décadas después espera
por ser revelada. Como me confesó, a propósito de la divulgación
de los documentos de la CIA, Edilma Gallego, hermana del sacerdote:
“ya no puedo creer en nadie”.
El autor es periodista
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Creer o no: Manuel Domínguez
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