Leyes mordaza y otras consideraciones
Es cierto que se debe proteger en justa proporción la honra de las personas, pero ello se podría lograr mediante la imposición de multas, y en casos de extrema gravedad
Jacobo Sasso Maduro
Sorprende que al sucederse dos gobiernos democráticos después del régimen de los cuarteles, y la dictadura civil del Dr. Pérez Balladares, no se hubieran descartado las leyes mordaza.
Las administraciones del Dr. Guillermo Endara y de la Sra. Mireya Moscoso demostraron preocupación por los que poco tienen, mas no les produjo escozor las leyes en desmedro de la libertad de expresión, que tanto desprestigio le reportaron al país en el mundo libre.
Es notorio que ni al Ejecutivo ni al Legislativo, dominados por el binomio PRD/PP, les resulta incómodo vivir en una democracia que cojea en cuanto a la libertad de expresión se refiere.
Al darse a conocer en el exterior los casos en que periodistas y caricaturistas panameños han enfrentado la pena de cárcel por causa del ejercicio de sus profesiones, al verse encausados por el “delito penal” de calumnia e injuria, hemos perdido gran parte de nuestra imagen de país que se respeta.
Tras de ser catalogados por muchos años como “República bananera”, que concelebraba con los zonians el 3 de noviembre y el 4 de julio en desfiles festivos en Panamá y en la Zona del Canal, que daban el espaldarazo al concepto de un “enclave colonial” en nuestro suelo, nos salvó nuestra lucha generacional por lograr la soberanía total de frontera a frontera, liderada por figuras tales como Octavio Fábrega, Harmodio Arias, Roberto Chiari y otros, que dieron la batalla por la soberanía sin más armas que el derecho, la dignidad y el decoro, al exigir la derogatoria de un Tratado del Canal concebido a perpetuidad, y que por injusto fue impuesto.
Contrasta la altura de mira y sensibilidad de nuestros gobernantes del ayer, con la clase política de épocas más recientes, que entregada a la lucha partidista no le ha repugnado la convivencia cómplice con las leyes mordaza, ajenas a la democracia que pregonan a diario.
Es cierto que se debe proteger en justa proporción la honra de las personas, pero ello se podría lograr mediante la imposición de multas, y en casos de extrema gravedad con la suspensión temporal del carné que identifica al periodista, sin caer en los extremos de amordazar y encarcelar, siempre que se trate de falsedad evidente o comprobada.
El autor es comerciante retirado
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