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Una fe de erratas
El artículo Equiparación,
la gran estafa pertenece a Gilberto Alemán Zubieta.
Por un error, cuyo origen se investiga, el mismo artículo
se repitió con la autoría de Saúl E. Villarreal
E.
HERASTO REYES
hreyes@prensa.com
El
día 3 de junio del 2002 se publicó el artículo
Equiparación, la gran estafa bajo la firma y
autoría de Gilberto Alemán Zubieta, en la página
11A. Posteriormente llegó, entre las cartas enviadas por
el correo electrónico, el mismo artículo, pero firmado
por Saúl E. Villarreal E. y se publicó en la página
del Defensor del lector el día 10 de junio.
Alemán Zubieta envió el 12 de junio al gerente Juan
Luis Correa la siguiente nota:
El pasado 28 de mayo le entregué a la periodista Edith
Castillo un artículo titulado 'Equiparación, la gran
estafa'; el mismo fue publicado el lunes 3 de junio en la sección
de negocios, por lo cual aprovecho la oportunidad para agradecerle
la publicación.
Lamentablemente mi artículo apareció el lunes 10
de junio en la página 11A firmado por el señor Saúl
E. Villarreal supuesto gerente de proyectos del grupo Kawasaki.
Te puedo confirmar que el señor Villarreal, al cual no conozco,
no es el autor del artículo y mucho menos gerente de Kawasaki.
Lo que más me sorprende, de esta situación, es que
el encargado de la sección, no verifique los datos del señor
Villarreal y vuelva a publicar, palabra por palabra, un artículo
recientemente publicado por su periódico.
Le agradezco que haga el favor de publicar la fe de erratas necesaria,
y tomar los correctivos para que esta situación no se repita.
Gilberto Alemán Zubieta.
Para indagar el origen del error (para no llamarlo plagio) se rastreará
en el archivo electrónico la trayectoria del escrito citado.
De partida sí hubo una falla al no caer en cuenta que el
escrito ya había sido publicado con el nombre de su verdadero
autor.
Por lo demás, pido a Alemán Zubieta las disculpas
por nuestro error y los inconvenientes que le haya podido causar.
Cartas y comentarios
La eliminación de Talingo
11 de junio del 2002
Sobre la eliminación de Talingo y la edición dominical
de La Prensa, comparto los siguientes comentarios con los lectores:
Cuando un diario duplica el precio de su edición dominical
porque va a mejorarla, tiene la responsabilidad de cumplir lo prometido
al lector que paga ese precio. Este no ha sido el caso de la edición
dominical de La Prensa, pues dos o tres páginas con mini-reseñas
de libros, actividades repetitivas, mini-cuentos y reportajes viajeros
no representan, a mi juicio, una edición mejorada, ni justifican
el precio. Otros diarios justifican los altos precios (2 ó
3 balboas) de sus ediciones dominicales ofreciendo secciones completas
dedicadas a viajes y turismo, cocina y restaurantes, arte y cultura,
arquitectura y decoración, así como suplementos de
periodismo investigativo, reseñas literarias y otros temas.
En el caso de La Prensa, con tan solo haber mantenido la publicación
(aunque sea bisemanal) de Talingo se hubiera justificado el aumento.
No sé si los accionistas del diario lo agradezcan, pero yo
si les doy las gracias a quienes tomaron la decisión de acabar
con el mejor suplemento cultural que ha tenido el país. Así
ya no tengo que comprar el periódico el domingo.
Joaquín Horna Dolande
Más sobre Talingo
9 de junio del 2002
Como panameño amante de la cultura, seguidor de sus rastros,
no podría decir jamás que me alegra la desaparición
de Talingo. Eso sería vil y contradictorio. Pero tampoco
puedo decir que me entristece. Y ese es el problema: ya ustedes
no estaban en Panamá hace tiempo. Vivían de un elitismo
grosero y superficial, apto para apantallar a los incautos.
Ya una vez les escribí, a propósito del premio Claus
2002 (que lo he buscado en el directorio telefónico al lado
de Claus, Santa) y les dije que merecían ese
galardón lejano y frío, por todo lo que hacían
cada día para decirnos cuántas obras se exponían
en las galerías berlinesas o qué documentales habían
creado unos muchachos de Zagreb o de París, y cosas así.
Y aún tenían valor de escupir sobre los esfuerzos
locales. Varias veces lo hicieron en sus editoriales o en sus artículos.
De vez en cuando colocaban algo nacional, para el gasto,
embarrado todo de ese elitismo al que me referí arriba.
¿Cómo dolernos ahora porque se (los) fueron? ¿No
les dice algo la confesión de Adrienne Samos, de que se enteró
de eso por los diarios?
Ya sabemos que los mercantilistas del patio no pagan por la cultura.
¿Hicieron ustedes alguna campaña para cambiar esa
mentalidad? Ojalá que sí, aunque creo que solo los
abanicaron con artículos sobre lo impecable del arte europeo,
sin amenazarlos con muestras de lo que aquí se hace. En eso
no se metían ustedes, si no era para agregar otro clavo.
En un rincón de mi hogar aún atesoro muchos de los
primeros Talingos, los que hablaban de allá y de acá,
los que tenían tiempo para leer a los nuestros y a los otros.
Pero los pasquincitos en que devinieron luego solo servían
para el fondo de la jaula de una cacatúa de catorce años
que envejece a mi lado, sin sorprenderse de nada. ¿Para qué
más servían? Yo podía ver mejores cosas en
cualquier suplemento cultural extranjero.
Ojalá puedan resurgir pronto. Como sea: como un sitio en
Internet, en papel, aunque sea como estaban. Pero ojalá resurjan
con otra línea editorial. Que parezcan que están aquí
y no en Jauja o en la Conchinchina. Ojalá, de veras, porque
estamos escasos de voces, y aunque ya ustedes no lo eran, al menos
en el exterior había gente que así lo pensaba, y hasta
los premiaba.
Joaquín Agrazales
Refutan señalamientos de Stephen Jones
10 de junio del 2002
No acepto los señalamientos de Stephen Jones, representante
legal del consorcio San Lorenzo, aparecidos en la sección
Defensor del Lector del día 10 de junio.
Sobre estas tierras sí existe controversia y, por eso, estoy
en desacuerdo con los planteamientos con que destaca la vulnerabilidad
del mismo. Por ello, defiendo la opinión de la columna Hoy
por Hoy, a la cual él hace referencia.
Reitero que las tierras donde se pretende desarrollar dicho proyecto
tiene dueño y son objeto de demandas y de requerimientos
formales al gobierno central para que sean devueltas a la familia
Emiliani o que se pague su justa compensación. Refiérase
al artículo El Estado no garantiza el derecho de propiedad,
sección Opinión, La Prensa del día 27 de mayo,
donde explico los motivos de mi disconformidad. No logro entender
al gerente de la Zona Libre de Colón y a Jones en su afán
de continuar con el propósito de forzar, promover y mercadear
tierras en disputas.
Por todos es conocido que el proyecto es objeto de impugnaciones,
demandas civiles, acusaciones y denuncias que están en proceso
de decisión por los tribunales, y mientras eso ocurre el
interés parece desafiar la jurisdicción de los tribunales.
La familia Emiliani entiende de la urgente necesidad de impulsar
el desarrollo económico y crear fuentes de empleo. Pero es
inaceptable que se haga sobre tierras en disputa.
Utilizar el proyecto como punta de lanza para resaltar la necesidad
de plazas de trabajo y demás de la provincia es inaudito;
sobre todo, cuando el mismo es objeto de antagonismos. Lo que necesita
la provincia de Colón es empresas serias que se apeguen a
la Constitución Política, y entonces los empleos serán
garantizados de forma permanente y diáfana.
Por último, quiero puntualizar que los inversionistas y
funcionarios públicos están sometidos a la constitución
y a la ley.
Geraldine Emiliani
Solidaridad con Vic
3 de junio del 2002
El expresidente Ernesto Pérez Balladares, el mismo del problema
de las visas con Estados Unidos, presentó una demanda por
supuesto delito contra el honor, en contra del caricaturista de
La Prensa Víctor Ramos (Vic). El caricaturista debe comparecer
ante la Fiscalía Octava a rendir una declaración jurada
el viernes 7 de junio del año en curso, ante el fiscal Alcides
Pimentel Martínez. Vic es el segundo profesional de la sátira
política que resulta demandado por su trabajo publicado en
el diario La Prensa. El otro caricaturista, Julio Briceño
(Rac), enfrenta una demanda interpuesta por el ex vicepresidente
Ricardo Arias Calderón quien, bajo las mismas leyes de calumnia
e injuria, reclama el pago de un millón de dólares.
Este nuevo atentado contra la libertad se da, precisamente, cuando
en la Asamblea Legislativa de Panamá, se ventilan dos nuevos
proyectos de ley para regular y establecer estrictos controles sobre
los profesionales y los medios de comunicación. Panamá
es uno de los países latinoamericanos con el mayor número
de periodistas demandados (entre 60 y 70 hasta el día de
hoy).
Javier Sierra (Coordinador del Comité Mundial para la Libertad
de Expresión, con sede en Washington).
Los dueños de los medios y la libertad
de expresión
10 de junio del 2002
Señor defensor del lector:
En la edición del lunes 10 de junio, planteas tu opinión
sobre libertad de expresión, guardando ignoro si por
falta de espacio u olvido involuntario sobre el juicio que
uno de los pilares de este debate (los dueños o accionistas
de medios) aplican, ya en titulares, textos, comentarios e imágenes,
o simplemente, en la calculada censura que no tiene, tras bastidores,
a hombres y mujeres con charretera.
Hoy tus comentarios no dejan de ser interesantes, pero superficiales.
Me extraña, al considerarte un crítico de las estructuras
dominantes, que te limites a evaluar a un estudiante por lo que
estudió de las leyes gramaticales. Miles de padres de los
estudiantes, o ellos o ellas, están desempleados, por lo
que estudiar bien constituye un esfuerzo que merece un aplauso más
que detenerse en evaluaciones coyunturales. No condenen la oscuridad,
enciendan una luz.
Pero no te refieres a otros derechos, como el de la asociación
(Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales,
artículo 8). Te pregunto si, en algún momento por
corruptas que te puedan parecer estas agrupaciones has considerado
que tus compañeros(as) del diario libre de Panamá
deben constituir una colectividad laboral de este tipo. ¿Se
les ha dado la libertad para concretar una iniciativa de esa naturaleza?
Sobre esto de la libertad de expresión hay mucha tela que
cortar. Precisamente, me trae a colación cuando envié
a La Prensa un artículo a propósito de la polémica
caricatura a Arias Calderón con reflexiones acerca
de lo subjetivo que es la caricatura. Lo medular de aquella opinión,
era que el dibujo humorístico no se escapaba a la manipulación.
Aquella producción de RAC coincidía con la elección
de una nueva directiva en el diario en que te desempeñas.
Yo no tenía ni tengo ninguna asociación
política con el ex-vicepresidente el país. El artículo,
respetuoso, no fue publicado. Lo llevé a El Panamá
América, diario en el cual salió impreso (esto no
significa que cambié mi opinión sobre la política
informativa de los medios).
Claudio Herrera (periodista).
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