Panamá, 14 de junio de 2002
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Panamá fue verde

El afán de construir moles de cemento hizo que promotores y arquitectos se olvidaran de los espacios abiertos, haciendo la ciudad más hostil y calurosa

José Quintero De León
jquinter@prensa.com

Los cables aéreos y las construcciones son enemigos de los árboles de la ciudad de Panamá.

Panamá debe honrar su nombre y volver a ser “Panamá la verde”, tal como la describió, por su exuberante vegetación, un famoso escritor español que nos visitó a fines del siglo XIX.

En lengua indígena Panamá significa abundancia de árboles, de mariposas y peces, entre otras cosas.

No obstante, décadas atrás dominó la tendencia arquitectónica y urbanística de eliminar los espacios abiertos y las áreas verdes. La supresión redujo el frescor del follaje e hizo más caluroso su microclima.

Diez mil guayacanes

Los barrios residenciales como Bella Vista, Bethania, las áreas revertidas, San Francisco y el área suburbana son los más afortunados al contar con un mayor follaje, dado que los sectores populares reflejan una desolación vegetal.

Ante este “peladero” urbano, el Municipio capitalino, a través de su Dirección de Ornato, dice ser consciente de esa deficiencia y el alcalde Juan Carlos Navarro ha prometido plantar este año 10 mil guayacanes en los 19 corregimientos del distrito capital.

Esto se hará en las avenidas menos arborizadas durante junio, mes del ambiente y los recursos naturales.

Los primeros 50 plantones del vistoso árbol ya se dieron en la Avenida Albrook, mientras que en espacios abiertos, como en la base del puente vehicular de Avenida 3 de Noviembre, se plantaron bouganvillas (veraneras), de las cuales se sembrarán 10 mil en todo el distrito.

Especies nativas

Sin embargo, la reforestación y jardinización de la urbe no puede ser improvisada, mucho menos ostentosa ante los magros recursos municipales. Carlos González, director de Ornato Municipal, informó que su despacho planifica con los técnicos qué especies sembrar, dónde y cuándo hacerlo. Una de ellas es el guayacán por ser de nuestro ambiente, de madera resistente y de hermosa floración. Otras especies elegibles son la palma real, el ordil, roble rosado, flamboyán, corotú y el árbol nacional, el panamá.

Con excepción de la palma real, el guayacán, corotú, roble rosado y flamboyán pueden sembrarse en espacios abiertos como parques y paseos por lo frondoso de sus copas, que brindan sombra al peatón y albergue a las aves.

Si bien las palmas reales son excelentes para avenidas costeras, arrojan poca sombra.

En las isletas se deben plantar árboles de raíces cortas y poco profundas para evitar que levanten las losas del pavimento como ha ocurrido con los caobos de avenida del Perú y vía España o con los laureles de la India en otras calles.

Un ejemplo es la avenida Balboa, en cuyas isletas se han sembrado numerosos guayacanes de flor amarilla sobre un manto de grama, ornando sus cordones de cemento con plantas de jardinería como la bandera española, camarones, orquídeas nacionales, begonias, violetas africanas y otras especies ornamentales.

Agregó que la jardinización se intensificará en los “peladeros” urbanos a fines de junio, cuando entre de lleno la estación lluviosa.

Sembrar lo nacional

González advierte que para arborizar nuestras calles y avenidas hay que tomar en cuenta el duro clima capitalino, el humo y el hollín que expelen los carros. Por tanto, la especie a sembrar debe ser resistente a los cambios climáticos, a la contaminación y a las plagas, pero de fácil conservación. Las más recomendables, explicó, son las especies nativas.

Ya no es posible, dijo, sembrar caobos y laureles de la India a lo largo de las avenidas por ser árboles muy altos que afectan los tendidos eléctricos o con raíces tan largas y profundas que rompen tuberías subterráneas y aceras.

Edificaciones, un peligro

Según Ornato Municipal, las construcciones siguen siendo el enemigo público número uno de las áreas verdes y el follaje que se merece una ciudad. La mayoría de los constructores no toman en cuenta estos espacios que deben incluirse, por ley, en los proyectos.

Para colmo de males, la ley vigente solo contempla que el constructor deje un 10% del predio a utilizar para área verde, lo cual se irrespeta cuando se incluyen las aceras en ese porcentaje.

Empero, no debe olvidarse que la oficina que otorga el permiso de construcción es Ingeniería Municipal, previo visto bueno del Ministerio de Vivienda.

Ambiente hostil

Según las arquitectas paisajistas Frania Araúz, Olga Díaz y Graciela Hernández, las áreas verdes representan una muestra del adelanto de una ciudad, de su cultura, y contribuyen a refrescar el paisaje tan áspero que refleja el cemento; a bajar las tensiones de sus habitantes derivadas de un ambiente hostil.

Otro aspecto que afecta la arborización urbana es el alumbrado aéreo. Según el funcionario, los cables de alta tensión deben ser soterrados para permitir que en las aceras e isletas haya más interacción entre peatones y foresta.

¿Qué se puede hacer?

En otras ciudades como Bogotá se ha tomado conciencia de la necesidad de reforestar la ciudad, atender los árboles enfermos y reemplazar los muertos. Se implementó el Programa de Arborización Urbana promovido por la Alcaldía Mayor, pero que lo lidera el Jardín Botánico de la ciudad, José Celestino Mutis. Algo similar como que nuestro Jardín Botánico Summit jefaturara ese programa.

Esta arborización se realiza de forma planeada y participativa, con criterios científicos, técnicos, arquitectónicos y paisajísticos para contribuir a la creación de espacios de convivencia y aportar a la armonía del ciudadano con su ambiente urbano.

La iniciativa es importante por cuanto los árboles captan el bióxido de carbono y producen oxígeno; también atrapan los contaminantes atmosféricos, embellecen el paisaje urbano, regulan el clima, atenúan el ruido y son refugio de aves y otros animales silvestres.

Urge una estrategia

Cuando el alcalde bogotano, Antanas Mockus, promovió la arborización de la capital se planteó previamente una estrategia consistente en educar a la población y modificar hábitos y actitudes en relación con su entorno y la conservación de sus recursos naturales.

Para lograr este primer paso se tomó en cuenta el gran poder de la comunicación social para influir en vastos sectores de la población y despejar las inquietudes que surgieran sobre el tema. En tercer lugar, promover la participación comunitaria organizada para mejorar la calidad de vida de los barrios populares y suburbanos a través de actividades de arborización.

¿Y la empresa privada?

El sector privado no puede ser ajeno al programa. Como lo hizo el alcalde Mockus, se promueve la adopción de jardines sembrados en isletas, separadores de vías principales y parques bajo la campaña de “Adopte un árbol para que Bogotá se vista de verde”. Es así como los ciudadanos se comprometen a proteger el crecimiento de árboles, arbustos y plantas de jardín.


Tribuna abierta
Mutilando los árboles de la ciudad

Las drásticas podas de árboles en la ciudad se deben a la mala elección de las especies

Lourdes Rubatino
laciudad@prensa.com

Somos conscientes de que en la ciudad, con las limitaciones de espacios impuestas, las estrechas aceras o en algunas ocasiones inexistentes y la mala planificación de las carreteras ¨´´(en lo que se refiere a la anchura de las calles que con el aumento del transporte se tiene que recurrir a robarle espacios a las aceras), no siempre podemos dejar crecer libremente los árboles.

No hay nada más bello como un árbol con su porte y desarrollo natural.

Los árboles tienen formas integrales -—muchas veces debido a la influencia de factores ambientales-— fáciles de relacionar con una determinada forma geométrica. Si observamos un Flamboyán Poinciana regia podremos apreciar la majestuosidad de sus copas esféricas, para qué mutilarlo y darle una forma que no le corresponde, solo por el hecho de que al plantarlo no se tomaron las medidas adecuadas.

Hoy nos adherimos a la Declaración del derecho del árbol de la ciudad y, sobre todo, a la no-mutilación de nuestros árboles. Si hacemos un recorrido por la ciudad podemos observar la gran cantidad de árboles mutilados por podas drásticas, a consecuencia de la mala elección de las especies.

Mañana aparecerá otro árbol plantado en un triste agujero que en el mejor de los casos si acaso medirá unos cuantos metros para garantizarle su muerte prematura, o si llega a sobrevivir será mutilado porque sobrepasó las líneas del tendido eléctrico o sus ramas se extendieron hacia las calles.

Sería deseable seleccionar una especie cuyo porte natural, con la mínima intervención humana, no entrara en conflicto con las edificaciones colindantes. Por qué se quiere plantar árboles que den sombra, y de hecho se plantan en aceras de menos de dos metros de anchura, lo que lleva consigo la necesidad de podas anuales drásticas y la intervención continua ante las quejas, no sin razón, de los vecinos, cuyas viviendas quedan a la altura de las copas de los árboles, y de los comerciantes, que ven cómo sus escaparates y letreros anunciantes, por los que deben pagar impuestos, quedan totalmente o en parte anulados por el tramaje de dichos árboles.

La poda de los árboles urbanos es uno de los factores de mayor controversia por su mantenimiento, por lo que se cometen grandes errores, en numerosas ocasiones irreparables.

Como ya dijéramos en un anterior apartado, al seleccionar las especies adecuadas para la plantación, máxime cuando esta se realiza en vías públicas, tenemos que tener en cuenta su desarrollo posterior, de forma que tuviéramos que intervenir en su copa lo menos posible. Si eso no se ha tenido en cuenta, en principio y salvo en casos justificados, como ahora veremos, no serán necesarias las podas, al menos anualmente.

Hay que tener en cuenta que cuando podamos excesivamente un árbol año tras año, el gasto energético que le supone reconstruir su ramaje lo va debilitando, y si a esto le unimos la mala calidad de los suelos, la contaminación, etc., estamos hipotecando la vida del árbol, es decir, lo estamos matando poco a poco. Así de claro.

Hay ocasiones en que hay que recurrir a la poda, como cuando hay armas que ofrecen peligro para las personas o bienes, cuando hay que rejuvenecer un árbol viejo, etc. En otras ocasiones, como somos conscientes de que las dimensiones de una multitud de vías urbanas no ofrecen el ancho suficiente para el total desarrollo de algunas especies, cada tres a cuatro años hay que realizar podas que rebajen y uniformen un poco las copas de los árboles plantados, pero dista mucho de un desmoche o de un terciado, tipos de poda que se realizan, sin remedio año tras año, en muchas de las alineaciones de nuestras ciudades por no haberse seleccionado las especies adecuadas.

Plantar árboles es respetar su biología. Debemos hacer una reflexión antes de decidir la especie adecuada sobre qué porte adquirirá el árbol con el paso de los años o nos veremos obligados a efectuar podas continuas.

Se debe contratar personal idóneo para que realice el estudio de cada plantación de la ciudad y sus vías de acceso, en lo que a las alineaciones de arbolado se refiere, ya que se deben considerar las dimensiones de la vía, orientación, estudio del suelo y el marco de plantación, que es el área donde es posible situar las plantas tomando en cuenta la amplitud de la vía, la altura de las edificaciones, el tendido eléctrico y las instalaciones soterradas. Así podemos evitar en el futuro la mutilación de nuestros árboles.

La autora es ingeniera forestal y profesora de la Facultad de Ciencias Agropecuarias




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