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Panamá fue verde
El afán de construir moles
de cemento hizo que promotores y arquitectos se olvidaran de los
espacios abiertos, haciendo la ciudad más hostil y calurosa
José Quintero De León
jquinter@prensa.com
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Los cables aéreos y las construcciones
son enemigos de los árboles de la ciudad de Panamá.
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Panamá debe honrar su nombre y volver a ser Panamá
la verde, tal como la describió, por su exuberante
vegetación, un famoso escritor español que nos visitó
a fines del siglo XIX.
En lengua indígena Panamá significa abundancia de
árboles, de mariposas y peces, entre otras cosas.
No obstante, décadas atrás dominó la tendencia
arquitectónica y urbanística de eliminar los espacios
abiertos y las áreas verdes. La supresión redujo el
frescor del follaje e hizo más caluroso su microclima.
Diez mil guayacanes
Los barrios residenciales como Bella Vista, Bethania, las áreas
revertidas, San Francisco y el área suburbana son los más
afortunados al contar con un mayor follaje, dado que los sectores
populares reflejan una desolación vegetal.
Ante este peladero urbano, el Municipio capitalino,
a través de su Dirección de Ornato, dice ser consciente
de esa deficiencia y el alcalde Juan Carlos Navarro ha prometido
plantar este año 10 mil guayacanes en los 19 corregimientos
del distrito capital.
Esto se hará en las avenidas menos arborizadas durante junio,
mes del ambiente y los recursos naturales.
Los primeros 50 plantones del vistoso árbol ya se dieron
en la Avenida Albrook, mientras que en espacios abiertos, como en
la base del puente vehicular de Avenida 3 de Noviembre, se plantaron
bouganvillas (veraneras), de las cuales se sembrarán 10 mil
en todo el distrito.
Especies nativas
Sin embargo, la reforestación y jardinización de
la urbe no puede ser improvisada, mucho menos ostentosa ante los
magros recursos municipales. Carlos González, director de
Ornato Municipal, informó que su despacho planifica con los
técnicos qué especies sembrar, dónde y cuándo
hacerlo. Una de ellas es el guayacán por ser de nuestro ambiente,
de madera resistente y de hermosa floración. Otras especies
elegibles son la palma real, el ordil, roble rosado, flamboyán,
corotú y el árbol nacional, el panamá.
Con excepción de la palma real, el guayacán, corotú,
roble rosado y flamboyán pueden sembrarse en espacios abiertos
como parques y paseos por lo frondoso de sus copas, que brindan
sombra al peatón y albergue a las aves.
Si bien las palmas reales son excelentes para avenidas costeras,
arrojan poca sombra.
En las isletas se deben plantar árboles de raíces
cortas y poco profundas para evitar que levanten las losas del pavimento
como ha ocurrido con los caobos de avenida del Perú y vía
España o con los laureles de la India en otras calles.
Un ejemplo es la avenida Balboa, en cuyas isletas se han sembrado
numerosos guayacanes de flor amarilla sobre un manto de grama, ornando
sus cordones de cemento con plantas de jardinería como la
bandera española, camarones, orquídeas nacionales,
begonias, violetas africanas y otras especies ornamentales.
Agregó que la jardinización se intensificará
en los peladeros urbanos a fines de junio, cuando entre
de lleno la estación lluviosa.
Sembrar lo nacional
González advierte que para arborizar nuestras calles y avenidas
hay que tomar en cuenta el duro clima capitalino, el humo y el hollín
que expelen los carros. Por tanto, la especie a sembrar debe ser
resistente a los cambios climáticos, a la contaminación
y a las plagas, pero de fácil conservación. Las más
recomendables, explicó, son las especies nativas.
Ya no es posible, dijo, sembrar caobos y laureles de la India a
lo largo de las avenidas por ser árboles muy altos que afectan
los tendidos eléctricos o con raíces tan largas y
profundas que rompen tuberías subterráneas y aceras.
Edificaciones, un peligro
Según Ornato Municipal, las construcciones siguen siendo
el enemigo público número uno de las áreas
verdes y el follaje que se merece una ciudad. La mayoría
de los constructores no toman en cuenta estos espacios que deben
incluirse, por ley, en los proyectos.
Para colmo de males, la ley vigente solo contempla que el constructor
deje un 10% del predio a utilizar para área verde, lo cual
se irrespeta cuando se incluyen las aceras en ese porcentaje.
Empero, no debe olvidarse que la oficina que otorga el permiso
de construcción es Ingeniería Municipal, previo visto
bueno del Ministerio de Vivienda.
Ambiente hostil
Según las arquitectas paisajistas Frania Araúz, Olga
Díaz y Graciela Hernández, las áreas verdes
representan una muestra del adelanto de una ciudad, de su cultura,
y contribuyen a refrescar el paisaje tan áspero que refleja
el cemento; a bajar las tensiones de sus habitantes derivadas de
un ambiente hostil.
Otro aspecto que afecta la arborización urbana es el alumbrado
aéreo. Según el funcionario, los cables de alta tensión
deben ser soterrados para permitir que en las aceras e isletas haya
más interacción entre peatones y foresta.
¿Qué se puede hacer?
En otras ciudades como Bogotá se ha tomado conciencia de
la necesidad de reforestar la ciudad, atender los árboles
enfermos y reemplazar los muertos. Se implementó el Programa
de Arborización Urbana promovido por la Alcaldía Mayor,
pero que lo lidera el Jardín Botánico de la ciudad,
José Celestino Mutis. Algo similar como que nuestro Jardín
Botánico Summit jefaturara ese programa.
Esta arborización se realiza de forma planeada y participativa,
con criterios científicos, técnicos, arquitectónicos
y paisajísticos para contribuir a la creación de espacios
de convivencia y aportar a la armonía del ciudadano con su
ambiente urbano.
La iniciativa es importante por cuanto los árboles captan
el bióxido de carbono y producen oxígeno; también
atrapan los contaminantes atmosféricos, embellecen el paisaje
urbano, regulan el clima, atenúan el ruido y son refugio
de aves y otros animales silvestres.
Urge una estrategia
Cuando el alcalde bogotano, Antanas Mockus, promovió la
arborización de la capital se planteó previamente
una estrategia consistente en educar a la población y modificar
hábitos y actitudes en relación con su entorno y la
conservación de sus recursos naturales.
Para lograr este primer paso se tomó en cuenta el gran poder
de la comunicación social para influir en vastos sectores
de la población y despejar las inquietudes que surgieran
sobre el tema. En tercer lugar, promover la participación
comunitaria organizada para mejorar la calidad de vida de los barrios
populares y suburbanos a través de actividades de arborización.
¿Y la empresa privada?
El sector privado no puede ser ajeno al programa. Como lo hizo
el alcalde Mockus, se promueve la adopción de jardines sembrados
en isletas, separadores de vías principales y parques bajo
la campaña de Adopte un árbol para que Bogotá
se vista de verde. Es así como los ciudadanos se comprometen
a proteger el crecimiento de árboles, arbustos y plantas
de jardín.
Tribuna abierta
Mutilando los árboles de la ciudad
Las drásticas podas de árboles en
la ciudad se deben a la mala elección de las especies
Lourdes Rubatino
laciudad@prensa.com
Somos conscientes de que en la ciudad, con las limitaciones de
espacios impuestas, las estrechas aceras o en algunas ocasiones
inexistentes y la mala planificación de las carreteras ¨´´(en
lo que se refiere a la anchura de las calles que con el aumento
del transporte se tiene que recurrir a robarle espacios a las aceras),
no siempre podemos dejar crecer libremente los árboles.
No hay nada más bello como un árbol con su porte
y desarrollo natural.
Los árboles tienen formas integrales -muchas veces
debido a la influencia de factores ambientales- fáciles
de relacionar con una determinada forma geométrica. Si observamos
un Flamboyán Poinciana regia podremos apreciar la majestuosidad
de sus copas esféricas, para qué mutilarlo y darle
una forma que no le corresponde, solo por el hecho de que al plantarlo
no se tomaron las medidas adecuadas.
Hoy nos adherimos a la Declaración del derecho del árbol
de la ciudad y, sobre todo, a la no-mutilación de nuestros
árboles. Si hacemos un recorrido por la ciudad podemos observar
la gran cantidad de árboles mutilados por podas drásticas,
a consecuencia de la mala elección de las especies.
Mañana aparecerá otro árbol plantado en un
triste agujero que en el mejor de los casos si acaso medirá
unos cuantos metros para garantizarle su muerte prematura, o si
llega a sobrevivir será mutilado porque sobrepasó
las líneas del tendido eléctrico o sus ramas se extendieron
hacia las calles.
Sería deseable seleccionar una especie cuyo porte natural,
con la mínima intervención humana, no entrara en conflicto
con las edificaciones colindantes. Por qué se quiere plantar
árboles que den sombra, y de hecho se plantan en aceras de
menos de dos metros de anchura, lo que lleva consigo la necesidad
de podas anuales drásticas y la intervención continua
ante las quejas, no sin razón, de los vecinos, cuyas viviendas
quedan a la altura de las copas de los árboles, y de los
comerciantes, que ven cómo sus escaparates y letreros anunciantes,
por los que deben pagar impuestos, quedan totalmente o en parte
anulados por el tramaje de dichos árboles.
La poda de los árboles urbanos es uno de los factores de
mayor controversia por su mantenimiento, por lo que se cometen grandes
errores, en numerosas ocasiones irreparables.
Como ya dijéramos en un anterior apartado, al seleccionar
las especies adecuadas para la plantación, máxime
cuando esta se realiza en vías públicas, tenemos que
tener en cuenta su desarrollo posterior, de forma que tuviéramos
que intervenir en su copa lo menos posible. Si eso no se ha tenido
en cuenta, en principio y salvo en casos justificados, como ahora
veremos, no serán necesarias las podas, al menos anualmente.
Hay que tener en cuenta que cuando podamos excesivamente un árbol
año tras año, el gasto energético que le supone
reconstruir su ramaje lo va debilitando, y si a esto le unimos la
mala calidad de los suelos, la contaminación, etc., estamos
hipotecando la vida del árbol, es decir, lo estamos matando
poco a poco. Así de claro.
Hay ocasiones en que hay que recurrir a la poda, como cuando hay
armas que ofrecen peligro para las personas o bienes, cuando hay
que rejuvenecer un árbol viejo, etc. En otras ocasiones,
como somos conscientes de que las dimensiones de una multitud de
vías urbanas no ofrecen el ancho suficiente para el total
desarrollo de algunas especies, cada tres a cuatro años hay
que realizar podas que rebajen y uniformen un poco las copas de
los árboles plantados, pero dista mucho de un desmoche o
de un terciado, tipos de poda que se realizan, sin remedio año
tras año, en muchas de las alineaciones de nuestras ciudades
por no haberse seleccionado las especies adecuadas.
Plantar árboles es respetar su biología. Debemos
hacer una reflexión antes de decidir la especie adecuada
sobre qué porte adquirirá el árbol con el paso
de los años o nos veremos obligados a efectuar podas continuas.
Se debe contratar personal idóneo para que realice el estudio
de cada plantación de la ciudad y sus vías de acceso,
en lo que a las alineaciones de arbolado se refiere, ya que se deben
considerar las dimensiones de la vía, orientación,
estudio del suelo y el marco de plantación, que es el área
donde es posible situar las plantas tomando en cuenta la amplitud
de la vía, la altura de las edificaciones, el tendido eléctrico
y las instalaciones soterradas. Así podemos evitar en el
futuro la mutilación de nuestros árboles.
La autora es ingeniera forestal y profesora
de la Facultad de Ciencias Agropecuarias
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